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Diario personal

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXVII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXVII) ... continuando hacia abajo, topábamos con Ateca (famosa por la fabricación de chocolates), Terrer, Alhama de Aragón (de aquí tendré capítulo especial, mas adelante), la vega frutera del Jalón, especialmente, sus melocotones, los aragoneses cerrados los llaman ‘malacatones’, Ariza, Monreal de Ariza, para entrar en la numantina provincia de Soria, al paso por Arcos de Jalón (observar detalles en www.arcosdejalon.com), después el emblemático poblado de Medinaceli, romano y árabe, representativo arco romano (no dejes de observar www.medinaceli.com, merece la pena). Esta población ya está a 150 kms de Madrid, son los ¾ del viaje, pero todo un mundo por delante todavía hasta la etapa final. Ya accedemos a la provincia de Guadalajara, primer pueblo Alcolea del Pinar, zona muy fría en épocas invernales, Sigüenza, histórica con su ‘Doncel’, continuamos por Atienza, Torija, todas ellas con piedras romanas, sino más antiguas, en algunos casas y ya la capital de la provincia Guadalajara, bañada por el río Henares, con puente árabe del siglo XII, se llega a Azuqueca y ya se traspasa a la provincia de Madrid, topándose con el primer pueblo de esta línea, Meco. Siguiendo el curso llegamos a la ‘Complutum’, fundada por los romanos en el siglo I de nuestra era. A mediados del siglo VIII es dominada por los musulmanes, que construyen un castillo, llamado Qal´at abd al-Salam (castillo de al Salam), del que deriva el actual nombre de Alcalá de Henares. La patria chica de nuestro D. Miguel de Cervantes, Alcalá de Henares, ‘huele a historia’, todo historia, famosa Universidad fundada en el siglo XVI por el Cardenal Cisneros. En esta estación un producto muy típico siempre era ofrecido, las almendras garrapiñadas, almendras tostadas con azúcar, hoy en día ese tipismo totalmente erradicado, ahora los trenes de cercanías y los talgos de alta velocidad no permiten que se vea ya ningún tradicionalismo, siguiendo el curso del río Henares, se pasaba por San Fernando, Torrejón y pronto se avistaba la férrea construcción de la estación de Atocha. Explicaré mas adelante el cambio actual. Entonces la estación abarrotada de receptores de viajeros. Besos, abrazos, risas, lágrimas, nerviosismo, final del trayecto...

Imagen: Universidad de Alcalá

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXVI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXVI) ...Tomando como orientación el viaje de ida de Barcelona a Madrid, lógicamente, atravesabas localidades barcelonesas, tarraconenses, me suenan nombres como Flix, Marsá-Falset, etc. Había alternativa de ir por la provincia de Lérida, pero no era la habitual. Luego ya se adentraba por Aragón, arideces en la provincia de Zaragoza, con el deshago que suponía llegar a esta capital, mediada la ruta y su caudaloso río Ebro. Gentes de la zona todo carácter, nombres de pueblos como Épila, Caspe, etc todos ellos con connotaciones históricas, unos por batallas, otros por firmas y compromisos de acuerdos históricos, de guerra o paz, como el famoso ‘Compromiso de Caspe’, porque el que se evitó una guerra en los reinos de Aragón, al morir el rey Martín el Humano en 1412 sin descendencia y se reunieron 9 compromisarios en esta localidad, 3 por Aragón, 3 por Cataluña y 3 por Valencia, acordando nombrar rey al infante Fernando de Antequera que provenía de la familia castellana de los Trastámara. La batalla de Épila en donde Pedro IV el Ceremonioso venció a la Unión Aragonesa aboliendo sus privilegios. En fin toquemos por donde toquemos encontraremos historia. Así que ya vemos el templo de Nª Sª del Pilar, el puente de piedra sobre el Ebro, estamos en la ‘Cesaraugusta’ romana, la Zaragoza posterior. Aquí parada amplia, unos 30 minutos, hubiera casi dado tiempo a ir a ofrendar flores a la ‘Pilarica’. Asomado en la ventanilla, oías con atención y curiosidad el acento fuerte de los maños, a veces, con vocablos ininteligibles por ser expresiones propias de la tierra y no usadas, normalmente, fuera de ahí, como en tantos sitios de esta variopinta España. Parecía sentirse hasta entonar y bailar jotas típicas de la región y de alegres y ágiles pasos. ¿Dónde váis, pues?, pregunta frecuente que te hacían desde los andenes con su entonación característica. Cruzar Zaragoza, representaba el privilegio de pasar por el río más caudaloso de España, nacido por allá en tierras cántabras y desembocando en delta impresionante por tierras tarraconenses, con amplia y productiva ribera. Al seguir bajando por los rudimentarios y traqueteados raíles y desgastadas y carcomidas traviesas que soportaban el paralelismo necesario para el avance de las ruedas del tren, llegabas entonces a Calatayud, localidad en la que mi madre con unos diez años residió, por destino de su padre, mi abuelo. Es ciudad monumental, curiosamente atravesada por dos ríos que discurren paralelamente, como una mínima separación por la ciudad, el Jiloca y el Jalón, el primero afluente del segundo y este a su vez del Ebro. Tiene una historia curiosa, que parte de un mito que durante muchos años fue de mal encaje para ellos. Hasta había coplas dedicadas al efecto. Es la historia de la Dolores. Había un dicho “si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, y comprendía algo como una hembra amiga de hacer favores” y claro esta historia les ponía malitos, porque desde los trenes, mucha gente que conocía algo del tema tenían el mal gusto de hacer la preguntita de la Dolores y había encabronamientos y enfados. Hoy he en día, reciente, he sabido que hasta han abierto un mesón de cierto nivel, llamado de ‘La Dolores’, en una antigua casona señorial remozada, así que del mal, ha pasado a ser explotación...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXV)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXV) ... otra peculiaridad en los viajes, era el asunto de compartir, en general, entre los ocupantes del departamento. Por educación, se saludaba nada mas entrar en el compartimiento, más o menos, pero poco a poco se iniciaban ciertas presentaciones y consultas del destino del viaje y el clásico ofrecimiento del estar a su disposición para lo que necesite o guste. Estas ofertas tenían su riesgo, porque en muchos casos se tomaban como simples cumplidos pero muchas veces había quien las tomaba al pie de la letra con un grado de desfachatez rayana en lo descarado. Pues bien como digo el compartir se refería tanto a los diálogos y conversaciones, como las vituallas reponedoras y necesarias para tan largos recorridos. Mi madre era el prototipo de la previsión. Un amplio maletín comprado al efecto o en su caso un bolsón colmado de diversos alimentos, empanados, rebozados, embutidos, tortillas, frutas, etc lo habitual de llevar hecho, alimentos modestos pero precisos y adecuados. Por el contrario de esta provisión estaba el ‘listo’ o ‘pícaro’, ese que iba con las manos en los bolsillos, como vulgarmente se dice y que aceptaba cualquier ofrecimiento, eso sí no a la primera, y además lo hacía claro ¡por no despreciar!. Como las paradas en las estaciones, que eran muchas, solían ser prolongadas, daba lugar a que desde los andenes o subiendo al mismo tren, te ofertaran productos propios de cada localidad. La venta no era demasiado productiva ya que los bolsillos estaban menesterosos.
La marcha del tren en aquella época, al viajero le podía parecer rápida, pero claro no era así y, con ello, te daba lugar a presencia el paisaje con detenimiento. Era casi como una clase práctica de geografía. Aprendías nombres de pueblos, ríos, etc.
En las estaciones había bullicio, alegría, la gente de los pueblos acudía a ellas como entretenimiento y curiosidad. En cada estación un gran reloj de esfera blanca y números y manillas en negro, remarcaba el retraso cada vez más amplio de ese tren llamado ‘rápido’, pero como el viajero carecía de referencia no podía observar la diferencia. La cantina, lugar lóbrego y, generalmente, sucio, era el centro de reunión de los que esperaban el turno de su tren o gente del pueblo que utilizaba ese bar como distracción. En esas paradas, había gente que bajaba a la cantina y adquiría una botella de gaseosa dulzona y caliente, impropia para calmar la sed.
Desde la ventanilla, asomado, parecías más importante que los que miraban al tren. Tu ibas embarcado en el testaferro y los de la estación eran meros espectadores...

(Imagen: Estación Francia - Barcelona)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIV)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIV) ... en estos viajes, variopintos prototipos, desde el clásico gañán con su cesta de hortalizas o aves o animales de corral, hasta la modesta familia que, casi obligada, hacía algún desplazamiento, para ver a algún familiar próximo o solucionar algún tema en la capital. Éstos no eran viajes de placer, el turismo no existía, pero para no ser placer, daba esa sensación por la expresión de felicidad mostrada en los viajeros que según iba, lentamente el viaje, iban cambiando de coloración. Me explico, las máquinas de vapor, armatostes monstruosos de tamaño, calderas de agua, calentada por los fogoneros, a carbón. Este material iba en vagón situado detrás de la máquina, llamado tender el cual rebosaba de la negra piedra. Ésta en su incandescencia atizada por citados fogoneros, provocaba la vaporización del líquido elemento y este vapor activaba las válvulas que ponían en acción las bielas, avivando e impulsando la rotación de las ruedas, iniciándose el arrastre de los vagones. Bueno pues esta combustión expelía como resto una columna de negro humo que arrastrada por el viento a modo de cola de cometa recorría todo el tren, penetrando por las ventanillas y claro al contener partículas carboníferas se posaban por el rostro de los acalorados viajeros que al pasarse las manos por la cara poco a poco se iban tiznando, caricaturizando y ‘maquillando’ al receptor. Al final del viaje los rostros de los atribulados viajeros estaban ‘decorados’ con ese hollín en asimétricos dibujos. Eso sí, llegabas a casa y tenías, bueno el que lo tenía, la pileta de la cocina para poder, a duras penas asearte, frotándote con un jabón muy extendido por entonces ‘Lagarto’, nada de aromas, simplemente jabón y una vez restablecido y aclarado el semblante, pues todo olvidado...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIII) ... a través de aquella radio de la época, hoy sería bonita como antigüedad, conocí al inconfundible y a su espléndida voz de un maestro de locutores, competente y supremo narrador de retransmisiones, deportivas, taurinas, siempre bien documentadas, ‘vestidas con el atuendo de la cultura’ de D. Matías Prats, de apellido catalán pero cordobés de nacimiento. Voz clara, diáfana, contundente pero reposada, alteración de tonos solo para dar énfasis y emoción a los comentarios que lo merecían. Su espléndida descripción te hacía ‘visualizar’ la situación de los jugadores en el terreno de juego. Luego con los años, fui conociendo mucho mas de la amplia faceta de este maestro del medio. En Barcelona como segundo equipo, estaba el Español que jugaba en el campo de Sarriá. En categorías inferiores, dentro de la ciudad, estaban el España Industrial, que luego se llamó Condal y fue como un filial del Barcelona, el San Andrés, etc. En pueblos periféricos estaban el Sabadell, Manresa, Mataró, etc, los que representaban a los grandes pueblos industriales de los alrededores.
Cataluña era la región abanderada del deporte nacional. Solo en fútbol, el Real Madrid era capaz de superar el historial en ocasiones. Pero en secciones o deportes como baloncesto, balonmano, hockey sobre hierba y patines sobre todo, natación, atletismo, etc, copaban los calendarios. Quizá por el privilegio de contar con muchas instalaciones por el nivel económico dentro de la penuria nacional, era región favorecida en inversiones y otras cosas.
No llegué a dominar catalán, dado que fui al colegio allí poco tiempo y además en las clases, estaba prohibido, error del franquismo, solo en los recreos se chapurreaba algo. Perdí esa oportunidad que me hubiera enriquecido culturalmente.
En esos años de estancia y residencia barcelonesa, mi padre cogía vacaciones el mes de septiembre y lo aprovechaban para venir a Madrid; el piso de la calle Ciudad Real, se mantenía, dado que algún día habría que volver, una vez acabara el cometido que tenía allí. Además el ver a las familias, mis abuelos por ambas partes, paternos y maternos y otros varios familiares, tíos, residían también en Madrid y el mes servía como época de reuniones familiares.
De la estación de Francia en Barcelona, un tren denominado ‘rápido’, cubría los 625 kms hasta la estación de Atocha en Madrid., oficialmente en unas 12 horas, pero lo normal eran retrasos de unas 2 horas, por lo menos. Hasta en una ocasión en viaje de retorno de Madrid a Barcelona, llegamos a tardar 36 horas, debido a incidentes varios, algo sospechosos. Hablaron de corrimiento de tierras, pero bien pudieron ser atentados de los revolucionarios que quedaban por los campos y que tardaron en desaparecer. Por supuesto íbamos en 3ª clase, en departamentos de 10 personas, 5 frente a 5. Curiosos viajes, vistos desde la perspectiva actual...

(Imagen: Locomotora vapor con su columna de humo arrastrando los vagones de viajeros)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXII) ... esta etapa final fue la más normalizada. Aquí mi hermana hizo una buena amistad con una chica de su edad, Juana Plana, vivía con su madre, viuda, en el número 11, la casa de al lado, teníamos balcones a un patio común. Madre e hija llevaban un negocio de confección de fajas y sostenes, además debían de tener propiedades. Con ella todavía, mantengo relaciones en 3 o 4 veces al año nos llamamos para ponernos al corriente de algún aspecto de nuestras vidas. Aquí y con 7 años inicié mi etapa colegial. En las escuelas Guimerá, en la calle de la Boquería a unos 10 o 15 minutos de casa. Mi padre, como comenté, me había instruido suficientemente, incluso sorprendió en el colegio al maestro un tal Sr. Oliveras y al Director, Sr. Camprubí que a esa edad ya supiera dividir. Luego como entretenimientos, recuerdo que mi hermana me llevaba en alguna ocasión al cine. Recuerdo películas como Robín de los Bosques, Apartado de correos 1.001, por citar alguna.
Por la radio, como comenté antes, centro de información de la época, escuchaba el comentario de los partidos de fútbol. Mi padre no era aficionado pero, al ver mi inclinación a ello, me llevó al campo de Las Corts, donde jugaba el Barcelona. Yo ya me había hecho aficionado, por afinidad a jugar partidas al futbolín con jugadores de madera con esa camiseta y porque al vivir en ese entorno se prestaba a ello. Pues el día que me llevó fue un partido amistoso entre el Barcelona y el Sabadell que estaba en 3ª división. Sirvió para hacer la presentación de un famoso jugador nacido en Hungría, aunque apátrida por motivos políticos de la época, se llamaba Ladislao Kubala, luego ha sido el único jugador que ha intervenido en 3 selecciones nacionales, por los motivos expuestos, Hungría, Checoslovaquia y España, aquí con los años se hizo español y hasta llegó a ser seleccionador nacional, fue un partido intrascendente y ganado por el Barça, por 16 a 2 y el debutante Kubala marcó 8 goles, preludio de un delirio deportivo posterior que representó dicho jugador...
Imagen( aparato de radio de válvulas al uso de la época)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXI) ... el tercer y último domicilio fue, retornando a la zona de las Ramblas, en la calle Puertaferrisa, nº 13, de esta ya hablé, cuando viví en Petritxol. Vivíamos en el último piso de una casa de cierta solera y antigüedad, no sé si era el 4º o el 5º, pero el piso, de los dos que había por planta, era el de la mano izquierda. Casa amplia, luminosa, bien adecentada y que chocaba en su interior, de bastante nivel para la época, con lo vetusto del portal. El piso, como digo, era demasiado grande para los 4 de mi familia. De entrada un amplio recibidor o hall. A su izquierda daba entrada a la zona de cocina, donde previamente una amplia habitación dotado con armarios estantería de techo a suelo y puertas corredizas con tela de malla metálica para la protección y ventilación, era una gran despensa. Seguido una amplia cocina, dotada de los elementos normales de la época, pero bien revestida, con encimeras de piedra marmórea blanca y un ventanal superior que daba a un amplio patio. Mi madre creo que se seguía apañando con los hornillos con cisterna de petróleo. Al fondo de esa cocina había una puerta que era de una habitación (posiblemente para servicio), ahí acomodaron al gato, con su caja-cama y comedero. Este gato, tuvimos 2 iguales, rayados, grisáceos con negro y blanco, a los que llamamos ‘Pichi’, no recuerdo porque hubo sustitución, posiblemente, desapareciera uno de los dos en sus correrías por los terrados de las casas colindantes. Estos presuntos vigilantes que tuvimos para intimidar a los ratoncillos que se colaban por los balcones de corredera desde el terrado, eran unos cabrones, estaban tan bien alimentados que la única vez que se le puso frente a frente de un roedor que detectamos en el baño grande, se le introdujo, y se tumbó medio dormido, mientras el ratoncillo campaba a sus anchas, tuvo que ser mi padre, el que cumpliera el papel del gato. Fue digno de una película de dibujos de Tom y Jerry.
Continuando con la descripción de la casa, frontal a la puerta de entrada, del recibidor una puerta acristalada y traslúcida, daba acceso a un gran salón comedor. Los escasos muebles que teníamos, algún a parador, una mesa, unas sillas y una mesa camilla, en otro lado del salón, era todo el mobiliario, flotante en aquel extenso espacio. Ah, complementaba un vetusto aparato de radio de grandes bujías, desde donde salían los entretenimientos de aquellos momentos. Programaciones sencillas, programas, instructivos, novelas, músicas dedicadas, concursos, retransmisiones deportivas y noticias. Precisamente en Barcelona se hallaba la emisora decana de la radio española EAJ15, radio Barcelona. El salón tenía dos balcones, el de la derecha, daba a un pasaje (calles estrechas, llamadas así en Barcelona y muy extendidos por la ciudad). De ese salón salía un pasillo que en su parte izquierda había una puerta que conducía a un amplio cuarto de baño, completo, me refiero a lo que presuponía en aquel momento, lavabo, espejo, taza de servicio, bidet y gran baño. Alicatado en azulejos negros y con un ventanal al patio del que ya he hablado. Tenía aspecto elegante o me lo parecía a mí, claro, acostumbrado a ver otras cosas de inferior nivel. En la parte derecha del pasillo, una gran habitación que fue el dormitorio de mis padres. Y al final de este, se entraba en una espaciosa habitación que podría haber sido destinada a salón o comedor, pero que ellos aplicaron a dormitorio para mi hermana y para mí. Las camas parecían flotar en tan inmenso lugar. Al final de esta habitación estaba la del misterio, única de la casa cerrada con llave y que nunca vi. Debía el propietario de tener ahí alguna pertenencia. A la izquierda de esta habitación, otra, algo más pequeña pero de buenas dimensiones nos sirvió de armario general. Ahí situaron unas cuerdas o barras que sirvieron de perchero, todo ello cubierto por un cortinaje para ocultar lo allí colocado, además como no era necesaria su utilización, el resto sirvió como cuarto trastero.
En fin esta casa parecía todo un palacio...
(Imagen: Calle Puertaferrisa, 13, domicilio)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XX)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XX) ...No recuerdo realmente, cuanto tiempo permanecimos en esa inmunda habitación pero quiero interpretar que mis padres trataron de no prolongar la estancia. El siguiente destino de residencia fue la calle Mallorca nº 408 , en casa ubicada y situada justo enfrente de la maravillosa iglesia ‘gaudiana’, la insólita, inadjetivable, Sagrada Familia. En aquel momento y todavía con mucha obra por delante, tenía 4 torres esbeltas, casi imposibles de definir sino se tiene conocimientos arquitectónicos suficientes para describir tal obra. Eso si, de una esbeltez digna de la mayor elegancia femenina. Al parecer el conjunto consistía o consiste en hacer un entorno cuadrangular con cuatro torres en cada lado que simbolicen a los 12 apóstoles. Al ser una obra por suscripción popular, la obra va a ser de prolongada realización y eso que el catalán, austero de carácter y de bolsillo, donaba y dona con amplitud para la consecución de ejecución tan importante. En la citada calle, vivimos en el primer piso. La vivienda suficiente y amplia, menuda diferencia, y con balcones a la calle que daban a esas torres maravillosas de la Sagrada Familia. Solo una habitación de la casa la ocupaba el casero y apenas aparecía por allí, el resto de la casa era para nosotros. Este barrio, ya mas moderno, calles mas amplias, bien trazadas, la de Valencia, Cerdeña, Sicilia, Provenza, Plaza de la Sagrada Familia, Plaza de Gaudí, en el barrio del Eixample (Ensanche), próximo a la avenida Diagonal, avenida Meridiana, Gran Vía, todas ellas confluían en la plaza de las Glorias Catalanas. En la plaza de la Sagrada Familia hacía yo mis pinitos de montar en vehículos, un recio triciclo de madera asiento y hierro con lógicas 3 ruedas. Es el único vehículo que he tenido en toda mi vida, porque luego no tuve ni bicicleta, ni moto ni coche, nunca he sido aficionado.
Al parecer pasé una etapa de cierto desequilibrio de apetencia y me trataron, en aquellos tiempos de moda, para estos casos, el aceite de hígado de bacalao, otro remedio que hoy asustaría por la implicación con el alcohol, era la yema de huevo batida con vino quinado, pero no consiguieron nada. Un día la portera del inmueble me preparó una rebanada de pan con aceite y azúcar y, sin saber realmente como, fue la panacea para estabilizar mi sistema. De todas maneras, nunca fui de mucho comer, crecía en altura pero muy estilizado, vamos delgadito.
Ignoro si llegué a tomar por esa zona algún contacto colegial, pero sé que en casa mi padre me instruía adecuadamente. Me suena algo la participación en una institución de una función, en la que se representaba alguna historieta y llevaba como fondo unas tonadillas en catalán, de las cuales, todavía recuerdo párrafos de alguna.
(Imagen: calle Mallorca, 408, 2ª de mis residencia en Barcelona)

Los hijos (XI)

Los hijos (XI) ... Bueno pues en estos contras y pros detectados y, lo expreso al revés aposta, dado que siempre ‘canta’ mas lo negativo. Estos adolescentes se ‘putean’ en los centros ‘educativos’ cual mafias organizadas, los ‘chulillos de baja estofa’ lideran a ‘lameculos cobardes’ que parasitan del ‘gran cabroncete’ para intimidar a los que ellos consideren niños pijos o débiles, según esa ‘estirpe’. A ese le incomoda una discreción modélica, un cumplimiento del deber, consideran, a los que lo practican, sumisos al sistema adulto, pero ellos no eluden, no renuncian a las marcas, a la ‘dolce vita’, ahí me las den todas, eso si, sin aportar el más mínimo esfuerzo, eso que lo hagan los demás, ellos son los ‘capo y sus sicarios’. Acosadores de mierda. Los padres de estas ‘criaturitas’ colaboran a que ejerzan este poder, se sienten orgullosos de sus bravatas. El ‘gran cabrón’, progenitor del ‘cabroncete’ se sentirá maltratado si se cruza un valiente e irresponsable (no sabe con quien se la juega) instructor que le plante cara y entonces exigirá entrevista para advertir al docente que ojito sobre ningún tipo de amedrentamiento, ni coacción hacia su ‘encantador retoño’, advirtiendo que no volverá a tolerar discrepancias con el ‘delfín’, su ‘sucesor’.
(Imagen: representa al presionado, lo llamado en términos actuales 'bulling')
Desde que hay mayor soltura en la feminidad, ellas, bien con sus ‘ovarillos’ o como ‘favoritas del capo’, también cumplirán su papel y ejercerán y disfrutarán con humillar a esas ‘litillas’ que cumplen con sus estudios, para darles una lección. Les encantaría presenciar la humillación directa que podría practicar su chulillo por ejemplo.
¡Arrieros somos!, no reclamo excesiva venganza, alguna buena lección sí, pero la justicia también está masacrada y vilipendiada. Tenemos a la diosa con su balanza o romana en franca decadencia. Colaboremos un poco todos.

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XIX)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XIX) ...La otra montaña, la vigía del mar, la de Montjuic, partía por su espalda al mar de la Plaza de España, que a su vez servía de recinto ferial. Allí se celebraba la Feria de Muestras, símbolo y emblema de la representatividad industrial que ejercía Barcelona. Ahí se celebró en 1929, la Exposición Internacional. Unas espectaculares fuentes creo que diseñadas por Buigas. El ingeniero Carles Buigas, creador de ellas fue premiado en 1961, por el Presidente de la Diputación de Barcelona, marqués de Castell Florite con estas palabras “" Fue una Exposición que en el extranjero empezó siendo la Exposición de Industrias Eléctricas y acabó siendo la Exposición de las Fuentes del Ingeniero Buïgas... Aquellas fuentes maravillosas y luminosas del ingeniero Buïgas fueron la sensación del mundo y contribuyeron a enaltecer y valorar esa Exposición, en que España había cifrado tantas esperanzas”, con juegos de chorros de agua y una iluminación coloreada y demás faustos, hacían de ello un marco incomparable con el Palacio Nacional al fondo. Desde ahí se iniciaba un ascenso sinuoso, acompañado de bosques, instalaciones deportivas, piscinas, etc. También un museo dedicado a costumbres artesanales y productos de todo el país, llamado el Pueblo Español. Pabellones de todas las provincias donde se desarrollaban muestras de artesanía, gastronomía, etc.
Ya en la cima, un importante Parque de Atracciones y otra forma de perspectiva para ver Barcelona, la ciudad, su puerto y el mar, ahora de cerca. Con el tiempo ahí situaron los estudios de televisión.
Un castillo, fortaleza militar daba cúpula a la cúspide.
Entre las instalaciones deportivas de esa cima un campo de fútbol que, luego en 1992, sirvió, remozado como escenario de la sede olímpica y hoy en día juega el segundo equipo de la ciudad, el Español. En fin todo actividad, Barcelona era así, cultural, deportiva, laboriosa, ejemplar.
Hablaremos ahora de parques. Especialmente, los de la Ciudadela y, como más selectivo, el Güell, ambos todo símbolo y tradición, como todo lo relacionado con el carácter catalán, tradicionalista. Cada uno en su estilo tenían su idiosincrasia. El parque Güell, es un jardín de ‘piedras’ estructuradas por la fantasía de Antoni Gaudí (merecería capítulo aparte, interesados busca en Google por ‘parque Güell)...
(Imagen: Fuentes en Plaza de España, Palacio Nacional al fondo del ingeniero Buigas)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XVII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XVII) ...Digamos que en la Barcelona, siempre tradicionalista, esta plaza de Cataluña era y es como el centro neurálgico, comercial y popular. De ahí hacia el mar, siempre éste como referencia, como en todas las ciudades que tiene este beneficioso don, calles como la de Pelayo, la próxima plaza de Urquinaona, cerca la Universidad, comercialmente, primero los almacenes Jorba, luego Jorba-Preciados luego, con los años, El Corte Inglés, los principales grandes bancos. Todo ese conjunto daba renombre a la siempre estampa trabajadora, de esta laboriosa ciudad de gran espíritu comercial y popular. De ahí partían las populares Ramblas. El amplio y elegante Paseo de Gracia, con casas importantes, algunas de ella con la firma del eterno Gaudí, la Ronda de Universidad. Próxima la Granja Maldá, cafetería tradicional y de cierto renombre en la época. Parte de estos recuerdos los tengo revividos provienen de que en viaje de novios, años mas tarde, pasamos 6 días en Barcelona y me sirvieron para refrescar recuerdos infantiles.
De la plaza de Cataluña también, desde estación subterránea, partían trenes de cercanías, en aquellos tiempos pioneros de la posterior red nacional creada ya en plenitud hacia finales del siglo XX. Estos hacían recorridos que unían la capital con pueblos importantes muy industriales de los alrededores, Sabadell, Manresa, Tarrasa, Granollers, Badalona, etc.
Hablando de transportes, el metro no era muy extendido, pero tenía una red de tranvías muy importante, su color identificativo era el rojo y circulaban por las principales vías, pero recorrían todo la ciudad. Los había hasta de dos pisos y en el verano, unos especiales que los llamaban jardineras, porque llevaba poco armazón y eran más frescos, ya que claro de aire acondicionado, todavía ni por zonación. El color de los taxi era el amarillo con los borde y techo en tono negro. Hay y había calles muy largas, Aribau, Muntaner, Aragón, la Diagonal, etc, muchas pasaban en numeración del 1.000.
Saliendo del casco antiguo que era desde la citada plaza de Cataluña hacia el puerto, a ambos lados de las Ramblas. La parte nueva de Barcelona, salía en sentido contrario de la misma plaza, con un trazado geométrico perfecto, en todos los cruces de calles las casas estaban achatadas lo que hacía de cada cruce una especie de plazoleta y dando una importante sensación de amplitud...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XVI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XVI) ... Este simbólico, modesto y típico, manadero de agua, la fuente de Canaletas, se convertía los domingos en lugar vespertino y nocturno de reunión para los aficionados futboleros, donde celebraban los éxitos o refunfuñaban por las derrotas del Barça. En esos tiempos, al no existir televisión. En las reuniones siempre había alusiones negativas frente al ‘enemigo centralista’, el R. Madrid, única forma de deshogar esa parte politizada, y además contenida por la circunstancia dictatorial que prohibía otro tipo de manifestaciones, era como una expansión enmascarada por el tema futbolístico, por mas que hoy siga ocurriendo esa pugna, pero creo que ya es de otra forma, aunque, hoy en democracia los políticos se sigan empeñando en crispar las diferencias que, aunque siempre han existido y existirán, ellos se empeñan en fomentar.
Anécdota familiar y afortunada se desarrolló en torno a esos caños de agua fue que paseando camino de casa, yo, el niño quiso ir a beber agua, la madre, protectora siempre, pero en aquellos tiempos mas con aquello del buen ver y presentación, no permitió que con una ropa recién estrenada y confeccionada por ella, fuera a salpicarme y mancillar el apresto del tejido. Argumentó al azar bendito que, estando próximos a casa bebería mejor en un vaso. La llamada providencia realizó el prodigio e instantes después a mi solicitud, estalló un artefacto, por motivos supuestos de protesta que se hacía contra el régimen de vez en cuando, para soliviantar los ánimos y la serenidad aparente del momento.
Buena, pues ya pasada la fuente de Canaletas, se llegaba a una rectangular y muy amplia plaza, la de Cataluña. Fuentes de bonito diseño, jardines, palomas, componían el bucólico cuadro en el interior y corazón de una ciudad industrial por excelencia....

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XV)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XV) ...por hablar algo más relacionado con el mar, en ocasiones, no muchas, íbamos a la playa de la ciudad, la Barceloneta, que venía del barrio del mismo nombre. Barrio modesto. En aquellos momentos no había otra instalación playera que la propia arena del lugar y el vaivén de las olas.
Continuando con los recuerdos de la zona, a la izquierda de la estatua de Colón, salía un amplio paseo, paralelo a los muelles, el del mismo nombre, Colón. Por él se llegaba a la Oficina de Correos, creo que estaba en la plaza de Antonio López, no estoy seguro. Por la otra parte de la citada estatua estaba la majestuosa montaña de Montjuic, en los bajos de su ladera, y próximos al mar, había multitud de chabolas de gitanos que circundaban estos bajos.
Solo me falta por describir de aquellos principios de residencia barcelonesa, en cuanto a callejero recordable se refiere, es salir, esta vez por Puertaferrisa pero a la derecha y continuar Ramblas arriba, ésta primera era la de los Estudios, llamada así por la proliferación de puestos que vendían ejemplares, tanto de segunda como de primera mano. Imagino que en los adentros de esos puestos se podrían conseguir ejemplares prohibidos de la época. Justo en la confluencia descrita de Puertaferrisa con Rambla Estudios, estaban los emblemáticos Almacenes SEPU tan populares en aquella época como años posteriores y en este orden lo fueron Galerías y El Corte Inglés.. En trecho no muy largo y después de sobrepasar la Rambla de los Estudios, se llegaba a una simple fuente, modesto, unos cuantos caños, creo que cuatro, pero todo un símbolo en la vida catalana, la fuente de Canaletas. Servía para saciar sed, con su agua espesa y calcificada pero era la tradición personificada del entorno catalán, representación del ‘seny’. Esta era la simple pero enraizada fuente barcelonesa, la de Canaletas...

(foto de la fuente Canaletas)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XIV)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XIV) ... Era bonito observar como aerodinámicas lanchas y helicópteros iban y venían para transportar a la tripulación, libres de servicio y a visitantes con credencial para ello, en alarde de exhibición. El resto de la unidad en servicio, destructores, fragatas y demás componentes del parcial de la unidad, atracaba en el interior del puerto. Todos ellos eran también muy visitados en su exterior, los marines de vez en cuando arrojaban para regocijo de los niños, los famosos chicles mentolados americanos. Esos días las Ramblas de se animaban. El barrio chino, era muy frecuentado para ‘espabilar’ bolsillos y dejar unos cuantos dólares, por los ‘servicios prestados’. Los tugurios escanciaban todo tipo de alcohol de baja calidad a los ‘sedientos marines’. Una policía naval propia, dotada de impresionantes ‘ejemplares’ , imponían, rápidamente, el posible desorden o desmán que los efluvios del alcohol provocaran a descontrolados beodos que se atrevieran a alterar el orden y, enseguida’ eran reclutados a sus respectivas naves, para cumplir el arresto que les correspondiera a tenor de sus desmanes.
En otro apartado descomunal del muelle, tuve la suerte de contemplar el amarre y estancia en escala de dos transatlánticos de lujo de la época, los mayores, después del Queen Elisabeth I, británico, esto eran americanos, el ‘Constitution’ y el ‘Independence’, lujosas naves americanas que hacía cruceros a través del mundo, con mas de 300 metros de eslora.. Refiriéndome a este asunto, tuve la fortuna de embarcar, en visita portuaria claro, en un lujoso crucero italiano, el ‘Julio César’. Mostraban el barco con un pase especial que ignoro como conseguiría mi padre, pero nos quedamos extasiados de contemplar su lujosa interioridad. Hasta recuerdo que viendo el comedor dispuesto para las comidas, un camarero me dio unos panecillos.
Hacia primeros de los 50, los dos hermanos menores de mi padre, Emilio y Carmelo, ambos de veintitantos años, emprendieron desde ese puerto la aventura de emigrar a la Argentina. Como detalle que recuerdo referente al puerto, desde allí había una línea regular que unía Barcelona con Mallorca. Unos barcos de escaso tonelaje pero, en aquel momento, aparentes, daban ese servicio.
Mis padres, haciendo algo excepcional, hicieron esa singladura para pasar unos días en la isla en plan vacaciones, algo inédito para nuestra modesta situación, pero algo merecían en su vida. A nosotros, a mi hermana Pilar y a mi nos encomendaron a la pareja de la Guardia Civil que hacía el turno del tren, nos mandaron a Madrid, con mis abuelos maternos...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XIII) ... El puerto, inmenso, el más grande de España y uno de los más importantes de Europa, estaba dividido en diversos muelles y dársenas, unos para pasajeros, bien de líneas regulares o de escala, otros para mercancías. Próximo a esas escalinatas que daban acceso a embarcarte en las mencionadas ‘golondrinas’, una réplica de la carabela ‘Santa María’, nao capitana del terceto completado por la Pinta y la Niña que avistó la ignota América para los europeos de entonces. Parece ser y bastante confirmado que con anterioridad pudieron arribar de otros continentes o civilizaciones, pero se considera oficial el descubrimiento llevado a cabo por Cristóbal Colón. Como digo esa réplica naval servía como motivo turístico.
En los muelles de carga y descarga, grandes fuselajes de hierro a modo de mecanizados y articulados dinosaurios que se podían desplazar a través de raíles, realizaban su trabajo de cargar o descargar mercancías de todo tipo de los diferentes cargueros mercantes que atracaban en los muelles, provenientes de diferentes banderas y proveedores de los mas variados productos que eran situados hasta su distribución en grandes naves diáfanas al efecto para su almacenamiento.
Dos grandes armazones metálicos unidos por unos gruesos cables acerados podían hacer atravesar el puerto de parte a parte, mediante cabinas, para desde la altura contemplar la vistosidad de esa configuración artificial de resguardo marino que era el puerto. En aquel tiempo, ignoro porque, no estaban en funcionamiento.
En la zona próxima al rompeolas que conducía al faro, en un bonito paseo protegido por descomunales bloques pétreos, a los que el mar, en momentos embravecidos, era capaz de tratarlos como un cascanueces y producir en ellos repentina y destructiva erosión.
A la derecha del citado paseo hacia el faro, en la zona protegida, una serie de plataformas ancladas, con cordajes colgantes que se introducían en las turbias aguas, servían de criadero de mejillones. Aunque no fuera el sitio más idóneo dada la contaminación del estancamiento de esas aguas interiores. A la izquierda del rompeolas, la visión de altamar. A pesar del amplio calado del puerto, cuando arribaban, a menudo, unidades de la VI Flota Norteamericana que custodiaba el Mediterráneo, los portaviones, recuerdo la tremenda mole y magnitud del Forestal, anclaban en el exterior del puerto, a una media milla marina, ignoro si por motivos de seguridad o por que causa...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XII) ... Saliendo de los soportales de tanto recoleta como animada plaza Real y volviendo a la Rambla, creo que de Santa Mónica (que conste que estoy memorizando en edad inferior a 7 años) y continuando hacia el puerto, me suena otra típica calle, la de Escudillers, donde varias casas de comida de modesto rango ofertaban alternativas económicas de cierto tipismo, pero de modesto nivel. La plaza de Colón, donde tal personaje, culminando la estilizada columnata ennegrecida, metálica, la clásica figura con su dedo índice señalando el camino o derrota a seguir para llegar a aquellas ignotas ‘américas’ que él creyó fuera Catay, nombre antiguo de China. Monumento de 51,30 m de altura. Este monumento es obra de Gaietà Buigas i Monravà que lo construyó en 1886, la estatua tiene 7 metros de altura. Un ascensor comunica la base del monumento con el mirador superior, desde donde se dominan excelentes vistas. Recuerdo la ilusión que me hizo la primera vez que ascendí a dicho mirador. Una atalaya de contemplación, tanto del puerto como otras zonas de Barcelona. Rebasado este monumento, se llegaba a unas escalinatas, desde donde se podía acceder a unos transbordadores de dos pisos que hacía ruta interior por el puerto, desde ahí hasta el faro del rompeolas. Comúnmente llamadas ‘golondrinas'. El faro final de un amplio y granítico rompeolas que hacía de protector de las, a veces, corajudas aguas, al magnífico puerto. Éstas, mis primeras incursiones marinas, dejaron tal huella en mi infantil y liberada mente que me embriagué y aficioné al sabor y espectáculo marino. Desde entonces envidio a toda persona que tiene un mar cercano. No he llegado a saber ciertamente como no me propuse una vida próxima a la mar... Como los auténticos profesionales y los poetas denominan. Femenina tenía que ser, para que fuera preciosa...

(La foto representa a esa 'golondrina' que muestra turísticamente el puerto barcelonés)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XI) Barcelona, en aquellos, momentos, la ciudad mas ‘europea’ de España, en esto siempre tuvo privilegios, ofrecía un amplio aspecto cultural. A las elegantes y aristocráticas sesiones del Liceo, en donde la alta y distinguida sociedad acudía a las representaciones, muchos a exhibir, no tanto por su melomanía, el modesto pueblo, como he comentado, acudía embelesado, era como la revista del corazón de la época, in situ, para presenciar en vivo y en directo lo pomposo del atuendo, sobre todo de las damas, siempre mas llamativas con sus modelos exclusivos de alta costura, en una palabra a observar la elegancia y ensueño que cada uno le hubiera gustado representar, como en los cuentos de hadas. Pero esta humilde gente, que remedio, se conformaba con presenciar la ostentación, ni siquiera se oían críticas altisonantes, mas bien ‘ohesss’ de admiración, esto formaba parte de la distinción de la época, algo que siempre ha habido y habrá, pero en aquella situación de estrechez resaltaba todavía mas.
Delante de este palacio de la música, recientemente reconstruido, tras ser pasto de las llamas hace pocos años, estaban las Atarazanas, nombre que se daba a los grandes talleres de construcción y reparación de naves. Claro estaba ya próximo el puerto. Ya se respiraba el salitre ambiental desprendido por el Mare Nostrum, el cantado de manera excepcional por el genial cantautor Joan Manel Serrat. Bueno antes de adentrarme en el puerto, quiero hacer referencia a la parte izquierda de las Ramblas. Después de Puertaferrisa iba a desembocar Cardenal Casañas, donde había una típica fuente con caños para saciar la sed de esa agua ‘gorda’, pero apetecible al verla correr y además ‘económica’, claro. Confluía con esta la calle de la Boquería, en donde estaba ubicado el colegio al que años después fui. Algo mas abajo otro icono de la ciudad, la plaza Real, porticada, con palmeras, exposiciones y compra venta de sellos los domingos, mi padre, filatélico aficionado acudía a comprar alguna ‘chollito’, en los pórticos, diversas cervecerías con mesas exteriores, ponían vasos en tapetes redondos de corcho, se adquirían unas bolsas pequeñas, multicolores, llamativas con unas cuantas patatas fritas, era nuestro lujo dominical, con ello representaba que todavía teníamos algún privilegio. Yo tuve la fortuna de verme ‘premiado y sorprendido’ con alguna de esas bolsitas y de vez en cuando un vasito de horchata fresca...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (X)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (X) La llamada avinguda del Paral-lel, bueno entonces, simplemente El Paralelo, próxima a la Rambla del Raval, representativas zonas festivas de la época y que actualmente cuentan con diversidad de atracciones. Barcelona siempre cultural en cualquier manifestación artística, por esta avenida del Paralelo, tenía locales como El Molino, donde las más diversas castas de las varietés triunfaban o empezaban a destacar. Los teatros Apolo, Victoria, Arnau, zona por donde el ilustre Gaudí marcó sus pasos, taberna de El Parelelo, próximo a La Pajarera Catalana, en fin un sinfín de recorridos festivos. Demasiado pequeño era yo para tener esos recuerdos, reverdecidos posteriormente con ilustraciones y anecdotarios.
Vuelvo a Puertaferrisa (calle donde pocos años después viviríamos como última de nuestras residencias barcelonesas), tenía como continuación, atravesando las mencionadas ramblas, la calle del Carmen. Por las Ramblas, mas conocidas por sus ‘dedicatorias comerciales’ que por sus nombres reales, como podía ser de San José, de Santa Mónica, a ambos lados de los bulevares centrales, tranvías rudimentarios, bueno en aquel momento, modernistas, las recorrían de arriba abajo. Iniciando bajada por esta Rambla de las Flores, a mano derecha, se llegaba al mercado de la Boquería, templo sacralizado de la venta de los escasos comestibles. Limpios y organizados puestos, atendidos por mujeres ataviadas con delantales blancos inmaculados de puntillas, legumbres precocinadas, garbanzos, lentejas, judías ya cocidas, se vendían para solucionar el problema que representaba su cocción en los fogones caseros, dadas las malas cualidades calcificadoras del agua de Barcelona. No obstante, tan prestigioso mercado, como digo en aquella época sentía la ausencia y nostalgia de productos básicos por la penuria creada por la maldita fratricida contienda. El estraperlo solucionaba ilegalmente el problema para los más pudientes. Poderoso caballero... don dinero. En la misma acera y continuando hacia el puerto, dos teatros antitéticos en su oferta de espectáculo, pero pagodas cada uno en su estilo de ambientes bien diferenciados. El Poliorama, representaba el ideal del ciudadano de a pie, de lo cotidiano, de la vida tradicional, del espíritu de la calle. Cantantes como Pepe Blanco, extaxista riojano y su acompañante, la catalana Carmen Morell, hacían el deleite del pueblo llano. Otras actuaciones de tipo folclórico, atracciones, variedades, componían el cartel de este afamado local. Recuerdo una de las actuaciones de Pepe y Carmen, con su ‘Sombrero, ‘Cocidito madrileño, ‘Jotas de picadillo’, etc a la que acudí con mis padres. Enrojecían las manos de un público ávido de distracción de horrores anteriores. Pues como digo, en supremo esfuerzo económico mis padres mi hermana y yo acudimos a estos ‘conciertos’, entonces llamados, como corresponde, espectáculos populares. Algo mas abajo, a quitarse el sombrero, la mas clase elite barcelonesa, con sus mejores galas acudía al teatro de la Ópera por excelencia en España, el Teatro del Liceo, emulando a La Scala de Milán, sopranos, barítonos, tenores, todos divos del alto nivel ofrecieron galas de alto prestigio y nivel. Era todo un acontecimiento. El modesto público se agolpaba en las puertas para ver llegar a la alta sociedad al templo del clasicismo operístico y desde ahí, con la envidia lógica, observar la diferencia social y económica que marcaba el inicio de estas representaciones...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (IX)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (IX) ... Según cuentan, yo era muy bueno, muy tranquilo, tanto que un día hubo alarma, me buscaron por todos los rincones de la tétrica casa y yo resulta que estaba jugando con algún juguetillo, debajo de una mesa camilla y oculto por sus faldones, ajeno a la inquietud de los mayores.
Otra anécdota sobre aquella estancia es que un día mi madre al ir a mirar como iba la cocción de un guiso puesto en los fogones, pillo ‘in fraganti’ a una de las beodas caseras haciendo una catadura del mismo. Esto colmó el vaso de su paciencia y encontró la solución comprando un hornillo que funcionaba con petróleo, le hizo hueco en la habitación (casa para todo) y, a partir de entonces, cocinó allí, garantizando con ello la sanidad de nuestras modestas comidas.
Quizás lo mejor y único positivo de esa incómoda situación es que al no poder convivir con ninguna comodidad, ni libertad, mis padres en sus ratos libres, aprovechaban para salir a dar paseos por los alrededores de esa Barcelona clásica.
Saliendo a las Ramblas, ya digo próximas, si tomabas dirección sur, llegabas hasta la plaza de Colón, donde una alta estatua del navegante descubridor sobre estilizada columna hacía de antesala y vigía del gran puerto.
Pues iniciando la bajada hacia el puerto, en la zona derecha, se encontraba el selecto mercado de la Boquería, emblema del orden y buen hacer catalán hasta en la exhibición de los pocos productos que podían ofertar. Una limpieza a ultranza, empezando por los blancos delantales bordados de las mujeres que regentaban puestos. Había una calle llamada Conde del Asalto, que por lo que veo ahora en el plano ya no existe con ese nombre, ya se sabe, la nomenclatura del callejero cambia con las circunstancias de cualquier variación. En esa margen derecha otras calles como, Hospital, San Pablo, etc daban acceso a una zona peculiar de los puestos de mar, el ‘barrio chino’ no tanto como emblema de sus moradores asiáticos que, realmente, no los había, sino como sector dedicado a la prostitución, no consentida, pero tolerada y camuflada y además muy clásica en los puertos de mar, donde servía de negocio institucional para ‘alivio’ de marineros confinados varios meses en labores de altamar, tras largas singladuras, sin tocar tierra ni otra cosas. Allí en locales, mal encarados se aliviaban de su contenida y obligada represión y de paso ‘descargaban’ también sus bolsillos. Economía sumergida de tradición ancestral..
Colmados malolientes, en donde se servían comidas de baja calidad, meretrices maltrechas, ajadas, como idas, servían para el desfogue de esto ‘lobos de mar’. Yo era muy pequeño para estas disquisiciones, pero con el tiempo las intuí, repasando recuerdos de aquella etapa. Atravesando estas callejas se llegaba a zona de ‘puterío’ más selecto, el Parelelo, aquí locales de mayor tradición y ya luces de neón, anunciaba espectáculos de mayor calibre. Salas de Fiesta, espectáculos coloridos, vedettes, en una palabra, animación especial en aquella paupérrima España...
(imagen actualizada de la estatua de Colón)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (VIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (VIII) Bien, pues para esa descripción desde mi infancia, apelaré a la memoria personal y los hechos oídos y contados por mi madre. Iniciaré por narrar sobre la primera residencia de las que tuvimos en Barcelona. En aquel momento, después de las circunstancias de postguerra había auténticos problemas para hacerse con el alquiler de un piso, tanto en lo económico y más si había niños por medio. Así que dimos con nuestros huesos y cuatro bártulos, en una desvencijada y centenaria casa de una calle muy estrecha, muy céntrica, eso sí, a la vez muy emblemática, situada en el casco antiguo de Barcelona, próxima y paralela a las Ramblas y que iba desde la de Puertaferrisa, donde residimos en años posteriores y la plaza del Pi. Ésta llamada así porque estaba la basílica de Santa María del Pino. La calle se llamaba y se llama Petritxol, hoy en día, por lo que he visto peatonal. Recuerdo que aquellos tiempos existía una sala muy famosa de arte y pintura, llamada sala Parés (investigaré sí continua) Pues sí, realizada la comprobación y para los curiosos esta sala sigue funcionando tras 125 años de su apertura y facilito las señas para los curiosos (www.salapares.com). En esa maltrecha vivienda, de escaleras de madera carcomida y crujiente por su sequedad y ondulantes en su parte central por su mucho desgaste de pisadas, ocupamos una habitación. Ignoro si sería en el piso tercero, la casa no tendría mas de tres pisos y los acostumbrados terrados en Barcelona, con sus buhardillas. Pues ahí ocupamos una habitación, creo recordar de forma triangular, con un balcón a un patio. En ella una cortina colgando del techo separaba la estancia de cama matrimonial de la zona donde dormíamos mi hermana Pilar y yo. El alquiler incluía derecho a cocina. ¡Dios mío qué cocina!. Unos fogones de hierro negro de la costra acumulada, unas carboneras, vivero de grandes cucarachas negras que se enseñoreaban del lugar. Las caseras del piso, madre e hija, adictas al alcohol, eran prototipo de un despliegue de suciedad que embargaba el ambiente. Cada una de las diversas habitaciones de la casa, estaban ocupadas por hacinadas familias de modesta condición. En especial recuerdo a unos salmantinos de Ciudad Rodrigo. Matrimonio, él de oficio ‘paleta’ que era la expresión vulgarizada en catalán de albañil y creo que 3 hijos, una varón, Memi, también ‘paleta’ y luego dos hijas Goya, ignoro su dedicación, podía ser la de sirvienta, y Tilí, administrativa en la Clínica del afamado oftalmólogo Dr. Barraquer (sigue existiendo regida por hijos o nietos del eminente doctor). Al ser yo el benjamín de la casa, por lo oído era el ‘juguete’ del resto de los convecinos...
(La foto que ilustra es una imagen actual de la calle de Petritxol)