...Entonces como decía, a él lo sacaron como testigo de esos actos y sin saber en que momento podía entrar en el lote, con lo cual se incrementaba la zozobra. Ese era el objetivo principal, mantener la incertidumbre, la zozobra de sí estuviese incluido o no en la lista de los afortunados. Pero claro estos personajes eran antifascistas con ello están a salvo de malas interpretaciones, vamos que no eran asesinos, sino defensores de la libertad. De esos, demócratas progresistas, en su mayoría analfabetos, que no es que se dedicaran a matar ricos por envidias, sino a sus propios congéneres que no eran conmilitones de sus propias ideas. Al final, sin saber como ni porque, salió ileso de esos paseos, pero imagino muy herido en su personalidad. Pero he ahí que acaba la ignominiosa guerra, vencen los fascistas a los comunistas, tan radicales unos como otros. Desde ahora no se puede establecer el paralelismo por antagónico, que hubiera resultado de triunfar los radicales rojos, pero a la vista de lo sucedido en países que quedaron bajo la órbita de la hoz y el martillo, no creo hubiera salido ganando el pueblo español. Hubieran habido venganzas similares, sino mayores, de hecho solo se hablan de exterminios fascistas y nunca demasiado de aniquilaciones comunitas, pero estadísticas contrastadas demuestran de mayores proporciones de destrucción aunque, eso sí, mas ocultas, mas reservadas, menos difundidas, en Siberia no hubo mucha oportunidad de observar los desmanes y los gulags, éstos fueron privativos. Pues resulta que le incluyen como voluntario a la División Azul, compañía que tenía como objetivo colaborar con el régimen fascista de Hitler, pero se libró en el último momento porque hubo exceso de voluntarios de verdad. Entonces al poco tiempo se produce un reajuste de tropas y como premio a las tribulaciones sufridas en la llamada zona roja, los llamados nacionales le excluyen de su cargo profesional en la Guardia Civil, eso sí, con derechos, pero unos derechos tan modestos que no alcanzaban para sacar a la familia adelante. En esa situación de paro, encuentra que dada su condición de exmilitar consigue un trabajo temporal, sin saber lo que este iba a durar y era el de agente de una agencia estatal de control del extendido estraperlo (la venta de mercancías no controladas en un mercado negro e incontrolado), esta agencia se llamaba Fiscalía de Tasas. Esta persecución de mafias de tráfico de mercancías básicas a alto precio y que se destinaban a proporcionarlas a personas que basándose en precios de escándalo se hacían con esos productos. El resto del humilde pueblo, solo subsistía, a duras penas, mediante una rígida cartilla de racionamiento de artículos básicos, como aceite, legumbres, harina, incluso el tabaco. A base de unos cupones otorgados en orden al número de personas que formaban la familia, podías retirar a primero de mes la escasa ración de esos productos, previo pago, por supuesto. Este cuerpo oficioso de la Fiscalía de Tasas, propició corrupción en bastantes de sus componentes ya que muchos admitieron importantes sobornos y medraron a costa de ello, pero como siempre hay representantes de la integridad, mi padre fue uno de ellos y pasó mas penas que glorias. Compañeros de este ejercicio amasaron hasta cierta fortuna. Él siempre sintió orgullo de la satisfacción del deber cumplido, incluso compañeros corruptos, eludían su compañía porque así no se encontraban libres para ejercer sus tejemanejes. Para el desarrollo de este trabajo lo destinaron a Barcelona, ciudad cosmopolita y, en aquel momento, mas propicia para estas actividades, dado su tráfico importante marítimo. De ahí mi infancia catalana y mi catalinismo en el pensamiento. Describiré a conciencia referencias vividas en esta maravillosa ciudad desde mis infantiles ojos y oída de relatos familiares al respecto. (En la foto asociada se muestra 'cupones de cartilla de racionamiento')
Bien pues por motivos familiares nos trasladamos a Barcelona, Mi padre, retirado prematuramente de la Guardia Civil, por exceso de cupo. Explicaré algo de esto último para que se haga comprensible. Él, al vivir al inicio de la Guerra Civil en Madrid, le tocó estar en la llamada zona roja y encima en un cuerpo militar. Su ideario, según creo era el de apolítico. Así que, como tantos españoles, no era ni rojo ni azul, pero el destino y la situación le tiñeron de rojo. Curiosamente, por su aspecto físico, un granadino atípico, bueno, realmente, salió de Granada a los 6 años y ya no volvió, de ahí que su acento fuera castellano puro, donde siempre residió, su estatura, rayana al 1,85, su pelo ondulado rubio, algo oscurecido, ojos azules y buena planta en general, le daba por lo visto o mejor dicho oído, un aspecto centroeuropeo y en mas de una ocasión le confundieron o situaron en las brigadas internacionales, equipos mercenarios o ideológicos que actuaron en ambos bandos de los contendientes. Mi padre, estuvo en vanguardia o frente de guerra en varias ocasiones y zonas donde se libraron duras batallas, en Somosierra al norte de la sierra madrileña y en la Cuesta de la Reina, altozanos, próximos a Aranjuez, focos de encarnizadas y crueles contiendas. Se comentó en términos familiares que un caciquillo de la propia familia y por envidias que se generan en estos cruentos ambientes, le denunció por algo para tratar de quitarlo de en medio, se llegó a airear que le gustaba mi madre y podía ser un motivo para mojar en ese río revuelto. Estos, prácticamente, analfabetos comisarios políticos tenían mucho peso específico, se paseaban con altanería con la pistola al cinto haciendo patente su poder, manejaban la vida a su ambiente. Pues a mi padre, sin cargo acusatorio, le internaron apresado en los bajos del actual Cuartel General de la Marina, próximo a la famosa plaza de Cibeles. Ahí y durante un período superior a 1 año, en condiciones infrahumanas, como solía suceder en estas malhadadas confrontaciones. Fue sacado de paseo en un par de ocasiones. Sacar de paseo, en el argot guerrero de aquel momento significaba que en la madrugada, hacinados en camiones sacaban a presos para fusilamientos con el alba, sin juicio, ni acusación conocida...
Como dije, la comadrona, Felisa Celorrio, era mujer corpulenta, de aspecto hombruno. Grandona, obesa, teñida de rubio platino, voz grave y fumadora de puros. Ella fue la que colaboró a extraerme de las entrañas maternas. Fui el tercer hijo del matrimonio que formaron José y Teófila, pero en aquel momento ya era el segundo. La primogénita, Pilar mi hermana 9 años mayor que yo, falleció, prematuramente, en la década de los 90, consecuencia de un cáncer de útero, metástasis de uno anterior de mama. Cuatro años le extirparon un pecho y cuando parecía que todo funcionaba bien, la extensión irreversible se produjo. El segundo, fue un varón, José Luis, que hubiera sido 4 años mayor que yo, pero éste falleció con dos años, a consecuencia de unas hemorragias internas que se le provocaron a raíz de un corte de digestión cuando una niña de 9 años vecina, jugando le asustó amenazándole con un cuchillo diciendo que era una bruja que le iba a matar, el niño tuvo mala reacción y las reacciones endocrinas posteriores dieron al traste con su vida y en unos 15 días falleció. Por eso pienso que 4 años mas tarde fui el sustituto para enmendar en parte aquel desconsuelo del hijo perdido. Nunca se puede saber si yo nací como consecuencia de ello, pero hay posibilidades de que fuera así. Mi nombre, Adolfo, no tenía antecedentes familiares, tan dados en el seguimiento de la raíz paterna, pero me fue impuesto, quizás por la moda de la época en una corriente algo germanófila que hubo en España a raíz, del líder fascista alemán. Ya digo de origen germánico, dicen significa lobo noble. No soy creyente de horóscopos pero nacía bajo el signo de la constelación de Géminis, dicen la de la doble personalidad, aunque yo opino que dos caras tenemos todos, quizás esté mas marcada en este signo. Algo de lobo si tengo, un tanto solitario, lo de la nobleza no seré yo quien me la impute, pero he procurado hacerla símbolo de mi estandarte personal.
Ese pisito de 38m2 estaba distribuido en un tipo salón-comedor, en aquella época, no sé porque, se estilaba el comedor, mesa, 6 sillas aparadores cuando, realmente, luego no se usaban y se comía en un rinconcito pequeño alrededor de una mesa camilla, redonda con faldones largos y un brasero en su interior que servía en épocas frías para mantener un calorcillo reanimante a las piernas, se salía de ese comedor a un pasillo que distribuía el resto de las piececitas, una cocinita con basares, para la cacharrería elemental de la cocina, un fogón con placas de hierro, desmontables en espiral, una carbonera baja donde se guardaba una mínima reserva de carbón para alimentar ese fogón, una pila de una especie de piedrecitas de diversos colores, que servía para todo, lo mismo se fregaban los cacharros que hacías el principal aseo de manos, cara y cuello. Continuaba un diminuto espacio alargado donde existía una taza de vater, y luego dos habitaciones, una mas pequeña y la denominada de matrimonio que tampoco era muy grande. Todos los sitios tenían una ventana que daban a dos patios estrechos diferentes. La oscuridad era grande ya que al ser un primer piso no llegaba bien la luz solar. Solo la habitación de matrimonio, mientras dio a un solar que salía a la calle Ferrocarril tenía algo de luz, esta se extinguió con los años cuando construyeron casa y garaje. Debajo, en los locales comerciales, una desvencijada carpintería, en un espacio ínfimo, al otro lado un taller de calderería, este negocio era como un tormento para la vecindad de las dos casas, del 32 y 34, puesto que los talleres estaban en patios de vecindad y el ruido durante todo el día atormentaba. En el número 34, vivía mi tía, hermana de mi madre, era una casa que tenía como corredores interiores y esos daban a un patio donde estaban los talleres descritos. Mi tía, de nombre Esperanza, vivía con su marido y su hija Caridad. Estos familiares, prácticamente, han sido los únicos con los que siempre ha habido relación y quizás por la proximidad. Mi madre y su hermana eran inseparables, compartían su vida de amas de casa, sus paseos, en fin de todo. En la continuación de la calle había una fundición, se llamaba Iglesias, casi derruida por los bombardeos de la guerra y solo un guarda trataba de que nadie se internara entre las ruinas porque había peligrosidad, desde los techos con hojalatas colgando y proyectiles sin explotar. La cara izquierda de la calle era ocupada en toda su longitud por el lateral de la fachada de un cuartel de la Guardia Civil, zona donde había la única acera de la calle. Al final, el llamado rincón, tenía una puerta por la que se entraba a un picadero de caballos y la calle no tenía salida, ya que un vetusto horno de panadería cerraba el paso a la calle transversal, llamada Embajadores. De esta manera, la calle con tierra y sin tráfico, nos servía a los chiquillos para nuestros juegos, clásicos. De ello hablaré mas tarde, cuando llegue el momento oportuno. Mis padres residían en la letra F del primer piso de la escalera interior que mencioné. El alquiler de esos 38m2 habitables era de 50 pesetas en el año 35, precio demasiado caro, según las cuentas de la época, cuando fueron a residir. Mi padre sargento de la Guardia Civil, destinado en el mencionado cuartel de enfrente le convino esa residencia por cercanía. Con anterioridad, al casarse, habían vivido en la calle Ávila en el barrio de Cuatro Caminos, pero dado el destino, buscaron la proximidad, aquello era el norte y esto está en el sur. Ahora describiré datos alrededor del nacimiento.
Establecido el preámbulo necesario para el nacimiento, a modo de prólogo, de mi bitácora, pretendo iniciar la singladura. No soy experto en términos náuticos, pero siempre me gustaron, pero ya digo al no dominarlos es posible confunda, en alguna ocasión, su utilización, por ello me agradaría que si alguien detectara una alteración en la expresión, colaborara a su corrección. Quizás soy un engreído en exceso al pensar que alguien, cual gaviota extraviada, siga mi navegación de cabotaje. El mar adentro, título tan de moda actual por tema cinematográfico (The sea inside) oscarizado, me fascina, pero daría aquafobia, mejor expresado y más técnico hidrofobia (me estoy aficionando a la invención de palabras, como suele hacer Francisco Umbral, éste en plan profesional y el gobierno socialista intentando deslumbrar), pues decía que me sentiría agobiado al verme solo, rodeado del vaivén de un bravo oleaje o inmensidad acuosa, por ello, necesito, el cabotaje, un tierra a la vista cual Rodrigo de Triana al descubrir la ignota América, aquella Guanahaní, denominado en términos cristianos San Salvador, para sentirme mas seguro, aunque ni siquiera alcanzaría la costa ante mi ignorancia natatoria en caso de riesgo. Bueno suelto amarras y salgo de mi personal puerto. Mediada la década de los 40, no precisaré mucho las fechas, éstas me acomplejan y con ello inicio mis rarezas, peculiaridades y especialidades, pues nací un 19 de junio, en Madrid. Habían acabado, recientemente, dos guerras infernales, todas son infernales. La II Mundial y con anterioridad la Civil española. En la primera de las mencionadas no intervinimos directamente, pero sufrimos sus secuelas, nos vimos aislados. Hasta un plan americano, el Marshall que trazaron para la reconstrucción de Europa nos dejó de lado y eso que habíamos combatido o derrotado al comunismo, algo tan denostado por los americanos. En una película, las llamadas españoladas, pero de gran mérito por los pocos medios, se trato de este asunto, Bienvenido Mr. Marshall? Era su título. Realizada en plan humorístico pero de auténtica veracidad. La segunda, la Civil, una mas de las concelebradas en España, desgraciadamente, sobre todo desde el final de la Guerra de la Independencia, en ese agitado siglo XIX, donde surgieron, casi siempre, desavenencias bipartidistas, los de un lado y los del otro y con pocas ganas de llegar a acuerdos, mejor dicho tratando de evitarlos. Siempre que digo esto lo digo en el tono de los dirigentes políticos, al fin y al cabo, los interesados en enfrentar a los pueblos, máxime, cuando estos eran analfabetos, aunque el pueblo, en masa, siempre somos manipulables. Como dije nací en Madrid, en casa claro, entonces era lo habitual, solo que, casualmente, tuve una protección o ventaja especial. La comadrona o partera que asistió a mi madre, Dª Felisa Celorrio, parece que la estoy viendo, vivía en el piso inferior al nuestro, con lo cual la solicitud de los servicios pudo ser inmediata, sin desplazamientos y esperas. Dicen que fue sobre las 5 y cuarto de la tarde y, aunque no crea en ello, por tanto nací bajo la influencia de Géminis. La calle se llamaba y se llama Ciudad Real, de hecho mi madre sigue viendo allí. Actualmente es el número 30, entonces fue el 32, una casa con dos escaleras, y 4 pisos de altura, 6 puertas en cada planta, mas los piso de los bajos suman un total de 55 vecinos. El distrito en aquel momento se llamaba Retiro-Mediodía, hoy en día es Arganzuela. La calle empezaba en el paseo de las Delicias, principal del barrio, con boca de metro Delicias de la línea 3 y en su primer tramo, mas habitada, llegaba hasta un cruce transversal con Batalla del Salado, y luego ya continuaba con el tramo nuestro. Esta parte sin asfaltar ni luz eléctrica durante muchos años. Al inicio de la calle, en la acera derecha había un tostadero de café, se llamaba Cafés Casado, después estaban los números 32 y 34 como casa de vecinos y posterior los restos de una fundición de hierros semiderruída por los bombardeos de la guerra. En la casa que nací, vivía en un primer piso interior, letra F de 38 m2 habitables.
Ahora en el avanzado devenir de mi vida voy a intentarlo de nuevo. No pretendo que mi nao OFLODA y su capitán Adolfo, despierten en nadie un especial interés, pero alrededor de esta ruta del OFLODA, sin destino especial, sin puertos previstos para escala, pretende dejar alguna constancia de los momentos y circunstancias que le rodearon y los ojos inocentes, primarios, en su inicio, menos después, pero críticos, según el punto de vista, como yo los vi y comprendí. Haré de cronista de lugares y costumbrismos y situaciones que flanquearon el modesto entorno de mi vida, similar a la de tantos y tantos coetáneos. Situaciones vividas desde una posición sencilla y procurando evitar evocar situaciones políticas partidistas que siempre ladean a la nave a babor o estribor, dependiendo del lado subjetivo. Los historiadores profesionales lo tienen siempre más difícil, porque no puede evitar adoptar inclinarse a un bando u otro, a los aficionados, como yo, nos puede pasar lo mismo, pero al tener menos experiencia nos dejamos influir menos por el decurso de ciertos acontecimientos y mirarlo con una posición ecléctica que, aunque, siempre difícil, sea de una total imparcialidad, pero puede evitar el tratamiento riguroso de los rencores en ciertas pormenorizaciones. Lógicamente, siempre se verá algo el plumero, como vulgarmente se dice, siempre se adopta alguna postura, eso no quiere decir que sea la más correcta. Opiniones tiene que haber para todo y discrepancias bien entendidas son, hasta, razonables, sino estaría todo clonificado como en Un mundo feliz de Aldous Houxley. No obstante, siempre hay personas, de cierta influencia, mediáticas, a las que les interesa y compensa implicarse en hacer de su vida un abanderamiento de postulados partidistas con lo que fomentan polémicas innecesarias y avivan los rencores como plantación y semilla de enfrentamientos. Al referirme a estos últimos comentarios, y es tema que evitaré al máximo, quería significar las indelebles huellas que acontecimientos como la cruenta guerra civil del año 36 dejaron cicatrices que, parece mentira, después de 70 años, sigan suscitando y fomentando la división entre los moradores de una nación con mas de 500 años de unión, rica en variedades y costumbres, distinguida por las características de sus moradores que en grandes momentos compartieron éxitos y calamidades que parecen, por algunos, son, premeditadamente, olvidadas y pretenden un segregacionismo en momentos donde, a la vez, se quiere fomentar un espíritu de europeismo. Ese fatídico enfrentamiento entre radicalismos de orientación fascista y comunista fue, pírricamente, ganado, si así se le puede llamar, por los primeros. Impusieron sus criterios radicales, pero no hubiera mejorado mucho con el triunfo de los segundos, habrían cometido felonías similares, en este caso bajo el apadrinamiento de la orla soviética, no menos despreciable que la fascista. Ambas, polos opuestos, se atraen, como regla física. Además, la mayoría de los ciudadanos que vivieron esos momentos eran apolíticos y muchos analfabetos, esto último fomentó su manipulación, y ellos no pretendieron ser rojos ni azules, les tocó el color según el sitio de residencia y, claro, solo oían y aceptaban las proclamas de cada bando. Pero como digo y ya lo dejo, si mal lo hicieron los sublevados, mal lo hubieran hecho los soliviantadores que, en nombre de una denostada democracia, iniciaron torpes desmanes, lejos de las deseadas libertades y si hubieran sido los vencedores, ahí tenemos el ejemplo de cómo los países dominados por la URSS, han recobrado una necesaria democracia, el menos malo de los sistemas, siempre que deje ejercerse con libertad, cosa que no siempre ocurre, en España tenemos ejemplos evidentes, y eso países liberados han tenido que partir de unos escombros y restos dejados por los cabecillas que exprimieron a sus trabajadores y camaradas en beneficio de sus terribles mafias y que les han proporcionada vidas opulentas y capitalismos ultras que tanto proclamaron como explotadores y aborrecibles, pero en sus jardines, ellos plantaron esas maléficas semillas y que tan buenos frutos les proporcionaron a unos cuantos en detrimento de sus explotados compañeros camaradas. Todos en nuestras familias antepasadas tuvimos víctimas en los dos bandos. ¿Por qué alguien se empeña en diferenciar que unos muertos fueron peor o mejor muertos que otros? ¿Por qué solo buscamos restos y osamentas de las sufridas víctimas de un bando? ¿Por qué aprovechamos esas tragedias, para llevarlas a las urnas? ¿Por qué fomentamos el odio radical?. Dicho todo esto, que sería interminable, procuraré virar mi nave para que no escolle en las aristas rocosas de políticas destructivas, aunque a veces serán inevitables rasguños que habrá que calafatear en buen puerto. Eso sí, deseo que nadie me ubique de antemano en babor o estribor, en un sotavento o barlovento, sin analizar previamente la carta de ruta. A veces iré al pairo, pero trataré de que el velamen se oriente por los vientos de la razón. Los buenos vientos, los favorables vientos.
Cuando empecé a oír hablar del asunto éste, de los blogs, palabra que según dicen, la verdad es que yo la he buscado en diccionarios dentro de internet y no he conseguido una traducción, que traducido a nuestro admirable y rico idioma significa bitácora. Según el Diccionario de la Real Academia, por bitácora proviene del francés bitacle, por tanto galicismo, y se le llama a un armario fijo próximo al timón de la nave, en el que se pone la aguja de marear. Dentro de este término vienen dos derivaciones aguja de bitácora, que sería la aguja de marear o brújula orientadora del rumbo o derrota a seguir y luego la otra secuela es la que más, creo se adapta al sentido que se le quiere dar al citado blog y es cuaderno de bitácora, donde textualmente dice libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación. Al escuchar esta palabra bitácora, rememoré que siendo niño y viendo esas fascinantes, para mí, películas de aventuras, donde esas nueces amuebladas con testaferros tremendos de hierro escupían grandes bolas, para derribar a la nuez, enemiga. Esas batallas navales que se libraban en los mares, los abordajes de piratas, desarrapados, e incompletos, a los que no le faltaba un ojo, les faltaba una mano o una pierna, parches en la cara, pañuelos a la cabeza, garfios en el muñón, patas de palo, etc. Estos personajes atiborrados de ron, eran el martirio de naves oficiales que venían repletas de tesoros esquilmados de los países dominados, y se encargaban de recaudar, ya con el trabajo hecho, los oros y las platas que venían camino de Europa, luego con estos botines, se escondían en el rosario de islas caribeñas, hasta salir a la próxima batida. Los mismos gobiernos europeos que mantenían disputas en nuestro continente, los utilizaban como mercenarios oficializados para llevar el terror y distraer navíos de guerra en estos pormenores. Esas naos, pertrechadas de bocas de fuego, con tremendos retrocesos al encender sus mechas y disparar descomunales bolas de hierro, bodegas, sentinas, palos de mayores, menores, de mesana, botavaras e interminables nombres descriptivos que recibían cada uno de los rincones del conjunto de maderas claveteadas y embreadas que flotaban. En el rincón más noble, de estas carabelas, fragatas, corbetas, galeones, etc. se hallaba el despacho del capitán del artilugio flotante, en el mismo desplegadas las cartas de navegación y en un escritorio, siempre a disposición, ese cuaderno, el cuaderno de bitácora, en donde reflejaba todo acontecimiento relacionado con la derrota a seguir por la nao, bien rumbos, climatologías, órdenes, acontecimientos del personal, era la caja negra actual pero en ese caso manuscrita donde se recogían todos los avatares de los viajes. En mi niñez, esa palabra, bitácora, quise interpretar lo que, realmente, luego descubrí que significaba, mi incipiente capacidad de deducción y curiosidad, observó que era la descripción cronológica de los acontecimientos ocurridos a bordo. En tal cuaderno el capitán con mas o menos destreza literaria plasmaba el cotidiano desarrollo de cualquier acontecimiento. Muchos de estos cuadernos luego sirvieron para instruir a escritores en el desarrollo de novelas, guiones de película, plasmaciones de historias reales o fantaseadas. Legendarios barcos pasaron a la historia por sus aventuras del uno al otro confín de la tierra. Bueno con este preámbulo de la descripción de bitácora ¿a quién no le gustaría intentar llevarla propiamente sobre el devenir de su vida? Yo lo intenté en varias ocasiones, mi diario personal, pero nunca fui constante, además considerando la rutina de mi vida, pero se debería observar, no el aspecto personal, sino los acontecimientos que se han desarrollado alrededor de esa rutina, de ahí si se pueden observar crónicas bajo el punto de visto del descriptor. No soy constante, pero lo intentaré.