Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XI)

Delante de este palacio de la música, recientemente reconstruido, tras ser pasto de las llamas hace pocos años, estaban las Atarazanas, nombre que se daba a los grandes talleres de construcción y reparación de naves. Claro estaba ya próximo el puerto. Ya se respiraba el salitre ambiental desprendido por el Mare Nostrum, el cantado de manera excepcional por el genial cantautor Joan Manel Serrat. Bueno antes de adentrarme en el puerto, quiero hacer referencia a la parte izquierda de las Ramblas. Después de Puertaferrisa iba a desembocar Cardenal Casañas, donde había una típica fuente con caños para saciar la sed de esa agua gorda, pero apetecible al verla correr y además económica, claro. Confluía con esta la calle de la Boquería, en donde estaba ubicado el colegio al que años después fui. Algo mas abajo otro icono de la ciudad, la plaza Real, porticada, con palmeras, exposiciones y compra venta de sellos los domingos, mi padre, filatélico aficionado acudía a comprar alguna chollito, en los pórticos, diversas cervecerías con mesas exteriores, ponían vasos en tapetes redondos de corcho, se adquirían unas bolsas pequeñas, multicolores, llamativas con unas cuantas patatas fritas, era nuestro lujo dominical, con ello representaba que todavía teníamos algún privilegio. Yo tuve la fortuna de verme premiado y sorprendido con alguna de esas bolsitas y de vez en cuando un vasito de horchata fresca...
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