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Diario personal

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII- II)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII- II) (Dado el desvío que he hecho con el tema de la radio hago un nuevo apartado para completar)
... Raúl Matas, otro chileno, especialista en temas musicales, creo ‘Discomanía’ que se emitió en Radio España y Radio Madrid, éste locutor, fallecido reciente a los 83 años. Hizo un programa estrella, donde con voz aterciopelada y misteriosa narraba facetas de la historia. El slogan publicitario enunciado por él con maestría era como sigue: “”Una copita de Veterano (brandy), al calor de la mano y el tiempo sigue su marcha’. Maestro de locutores fue Joaquín Soler Serrano, redactor jefe de EAJ15 Radio España de Barcelona y luego en Radio Madrid, Cadena Ser. Con programas como ‘Avecrem llama a su puerta’. Luego ya pasó a la televisión. Antolín García, Ángel Álvarez, el fundador de uno de los mejores programas musicales que ha habido en la radio ‘Vuelo 605’.
En onda corta, se podían oír, muy a duras penas, radios pirata, totalmente prohibidas por el régimen, Radio Pirenaica que por lo visto emitía desde Andorra y Radio Moscú con programación en español, ambas de cariz comunista y exhortando al ‘personal’ a ejercer la máxima resistencia y oposición a la España de Franco.
Maestro de locutores fue Matías Prats, padre, nacido en Córdoba, pero con una dicción del castellano rayando en la perfección. Fue todo un símbolo en retransmisiones deportivas y taurinos, documentando cada uno de sus comentarios e instruyendo al público con sus observaciones. Pero tocara el género que tocara seguía siendo un maestro.
Curiosa era la publicidad de la época, o bien tenían músicas pegadizas, como el Cola Cao y la famosa letra de “Yo soy aquel negrito del África Tropical...”, diálogos graciosos de Tip y Top, para publicitar varios artículos, rimas y pareados. Gallina Blanca, productos de limpieza, el Netol, abrillantador de metales, que es lo mas parecido a la sonrisa insustancial de nuestro presidente, productos de alimentación, Flan Potax, Flan Chino el Mandarín, Galletas Cuétara, Caldos Maggi, Gabardinas Butragueño, etc.
Bueno pues esta buena compañera fue la radiodifusión, agradecidos a ella.
imagen: anuncio de Netol, limpiador de metales varios del hogar.

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII- I)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII- I) (He debido hacer este I del XLIII, porque sobre la marcha me he desviado a los programas de radio de la época y así no varío toda la numeración de lo que ya tengo escrito)
... Pues continuando con programaciones de la época de renombre, Había una pareja humorística que tenían unos diálogos graciosos, sacando punta a las situaciones cotidianas y eludiendo la política ya que la censura del régimen político no lo hubiera consentido. Eran Tip (Luis Sánchez Polakc, fallecido hace pocos años) y Top, luego Top, desapareció del dúo y Tip formó pareja con Coll (José Luis Coll).
Un sketch, espacio seriado sobre una pareja y un niño ‘Matilde, Perico y Periquín’, matrimonio con travieso niño, donde se contaban las historias y aventuras de ellos y las travesuras del niño. Ponían voz, en orden, Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso (falleció en 1971) y el niño lo ‘bordaba’, Matilde Vilariño. En los crepúsculos de las décadas de los 50 y 60, las familias eran todo oídos en torno a la radio.
De máxima audiencia entre la población femenina, aunque algún varón que luego lo negaba también se apuntaba era ‘El consultorio de Elena Francis’. Iniciada etapa en la década de los 40, la radio experimenta grandes cambios, hasta entonces, era básicamente musical, por eso la variedad se impuso con estos seriales, consultorios, concursos, etc.
Dirigido principalmente a la audiencia femenina, el programa atendía a las consultas de las oyentes, ya fueran de belleza, cocina, salud, jardinería... Pero sin duda fue evolucionando con el tiempo hasta convertirse básicamente en consultorio sentimental. Fue un gran éxito desde sus inicios consiguiendo un gran número de seguidores. Pronto se convierte en uno de los programas más populares, llegando a mantenerse en antena durante 37 años.
Uno de los misterios que rodeaba al consultorio, era la identidad de la Señora Elena Francis, que llega a convertirse en uno de los personajes radiofónicos más queridos, siendo en realidad un ser ficticio.
Los fines de semana un celebérrimo locutor chileno, Bobby Deglané, hizo un programa que se llamó ‘Fin de semana’, pero se consumó en el mas famoso ‘Cabalgata fin de semana’, de carácter festivo y contenido variado, artistas invitados, atracciones, variedades, radiofónicas. Su voz era peculiar y característica. Siempre que iba a interviuvar a una mujer, le consultaba ‘¿señora o señorita?''’, si contestaba ‘señorita’ él respondía ‘porque Vd lo quiere’. Hubo una anécdota que se le achacó que le hizo esta pregunta a una concursante embarazada y fue muy criticado por ello, porque en aquellos tiempos, estando embarazada se debía de estar casada sino no se tocaba este tema, nadie pretendía comprender a una madre soltera, la iglesia hubiera puesto el grito en el cielo.
Este afamado locutor, era el llamado ‘spiker’ (presentado en acontecimientos deportivos) de los combates de lucha libre americana que se celebraban en el Circo Price. En la plaza del Rey de Madrid, cerca de Cibeles. Circo fijo, a modo de teatro, luego desapareció.
Y fue también el fundador el año 1954 de un programa dominical llamado Carrusel Deportivo, todavía existe en la SER bajo ese nombre, donde se daban comentarios y retransmisiones de partidos de las ligas de fútbol de España.
Deberé extender mas este tema de radio al encontrar filón en ello...

imagen: sobre una serie comentada

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII) ...Tras ese aseo hecho a regañadientes, no conocíamos otra comodidad, pero resultaba un deficiente sistema, llegaba el momento de los deberes del colegio, hasta la hora de la cena. En casa, mi madre muy ordenada, aunque no controlaba bien el sistema de cuentas, con su paupérrima pensión y el modesto salario de mi hermana, distribuía, como si de una contable se tratara y hacía varios apartados del dinero para los pagos regulares mensuales, alquiler de piso, luego fueron los gastos de comunidad, electricidad, gastos en comestibles, productos de limpieza para el hogar, carbón o petróleo, dependiendo del momento, para la cocina y hornillo, pues, esas cuentas le salían a la perfección. Si había para algún filetillo de vaca, en casa, se comía tanto a primero de mes, como al final, se llegaba con lo justo, pero con ese orden y compaginando con otros alimentos mas económicos, se cumplían objetivos que no ocurría igual en todos los hogares, estaba muy arraigado el hecho de comprar al fiado. En tiendas de ultramarinos, llamadas con posterioridad mantequerías, donde se adquirían legumbres al peso, harinas, patatas, conservas, etc, era muy frecuente que, el llamado tendero (despachador de la tienda), llevara una libreta, donde anotaba, lo dejado a deber, por buena parte de la clientela. En muchos casos, se cobraba por semanas y entonces se liquidaban esas deudas y vuelta a empezar. Estas tiendas llamadas de ultramarinos, su nombre provenía de cuando España había tenido colonias en América, y claro se vendían productos traídos de ultramar. Ya en este momento, se vendían solo productos nacionales.
Durante la cena oíamos programas de radio, bien noticias, los llamados ‘partes’, por extensión de la cercana pasada guerra civil, donde se decían los ‘partes de guerra’, luego, popularmente, se quedó con ese nombre para cualquier noticia de diverso índole. Continuando con programas a la orden del día, por las mañanas había, en Radio Madrid, hoy en día la cadena del Gobierno socialista, la SER, concursos de cante, principalmente, copla de tonadilleras, personas aficionadas emulaban a las folklóricas. Abanderado de estos programas fue ‘Conozca a sus vecinos’, patrocinado por la marca comercial Cola Cao. Un presentador hacía la interviú personal de la participante, normalmente, eran mujeres, preguntando edad, aficiones y demás cosas, luego cantaba la canción escogida por ella y, generalmente, había una expresión que nunca fallaba “”¿la puedo dedicar?””, el locutor asentía y la persona se la brindaba a marido, novio, hijos, amistades con la coletilla “”se la dedico a... que me estará escuchando””. Acabado este programa que era matinal y duraba alrededor de media hora. Por los patios de vecindad, las mujeres emulaban a las que había actuado y se organizaba un guirigay de cánticos, era como si unas aves canoras contestaran unas a otra con sus trinos mas o menos desafinados. En la tarde, las reinas de la programación, eran las novelas. Un autor conocido de esos dramones fue Guillermo Sautier Casaseca. Locutores de voz adecuada a los papeles, leían sus papeles, llevando adelante la trama de la novela. Muy famosos fueron Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Matilde Vilariño, Juana Ginzo, Yelena Samarina, Fernando Forner en Radio Intercontinental, otra radio era Radio España y como oficial Radio Nacional de España, Otros muchos locutores que ahora siento no poder recordar. Eran desconocidos para el público, solo sus voces hacían idealizar a cada cual, como pudiera ser su aspecto o presencia. Con el tiempo cuando fueron saliendo sus rostros en alguna revista, hubo muchas desencantos, porque aquellas timbradas voces provenían de personas de aspecto corriente sin más pretensiones. La TV luego exigió voz y presencia, pero la radio era oculta en cuanto a los físicos.
Entre novelas que arrasaron podemos citar a ‘Ama Rosa’, ‘Lo que nunca muere’. En temas de género policíaco, ‘Taxi Key’, en Radio Barcelona, ‘El criminal nunca gana’, en Radio Madrid. El western, representado por ‘El Coyote’ y ‘Dos hombres buenos’, en excepcionales guiones del español José Mallorquí.
Hubo para chavales, después de la salida de los colegios una serie llamada ‘Diego Valor’ que arrasó. Se hicieron tebeos con historietas de un hipotético viaje de un equipo de la Tierra a Venus. Diego Valor, capitán de la expedición, Alberto Portolés, una mujer, Beatriz Fontana, llegan a Venus para combatir al tirano Mekong, maléfico dominador de una raza de color verde, grandes orejas y sin cabello, por el contrario están los pacíficos Artiles, casi parecidos a los terrícolas que pretenden no ser dominados por ese temible y opresivo personaje. Hasta se creo, ex profeso, un himno compuesto por el músico Rafael Trabuchelli y músicas de fondo del ruso Prokopiev, (afamado autor de ‘El amor de las tres naranjas’).
Diego Valor fue interpretado primero, por Eduardo Lacueva, siendo sustituido pronto por Joaquín Peláez. El papel de su amada Beatriz Fontana corrió a cargo de Juanita Ginzo, en un principio, seguida por Alicia Altabella y María Romero. Los restantes personajes fueron interpretados por Javier Dastis, Fernando y Daniel Dicenta, Encarnita Plana, María Jesús Cuadra, Rafael Fúster, Julio Montijano y Mario Moreno, entre otros actores del elenco de Radio Madrid.
Rematando comentario sobre esta serie de ficción, atípica en esos 50, estaba Kira, la guapa princesa hija de Ur-Toel, jefe de los pacíficos ‘artiles’ y que se enamora del segundo de la expedición Alberto Portolés.
Fue todo un éxito, tanto el relato radiofónico, como los tebeos.
Continuaré, ya metido en ello con programas de radio...

imagen: aparato radio antiguo

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLII) ... No seguiré un orden determinado de juegos, pero trataré de dejar la mejor explicación de sus desarrollos.
En el juego de fútbol, el más sencillo, dado que no revestía de inversión prácticamente, una pelota de goma o trapo como ya expliqué. Entonces, eso del balón de cuero que, por cierto, los existentes de la época llevaban una badana, cosida en diversos dibujos, muchas veces en pentágonos, en su interior una bolsa de goma esférica, esta se inflaba con una bomba consistente en una barra hueca y otra que entraba y salía, terminando en una punta mas fina, al ejercer esa presión de émbolo, se insuflaba aire, cuando se consideraba lleno, se taponaba y la badana, se cerraba con una correílla a modo de los cordones de un zapato, por ello, con estos pliegues el balón siendo esférico tenía sus deformaciones, en los profesionales, existía una mayor perfección en su acabado. Pues para seleccionar equipos de 4 o 5 jugadores, los recursos humanos no nos daban para más, dos de los considerados líderes, por saber jugar algo mejor, echaban a pies. Se ponían uno frente a otro como en un duelo y poniendo talón sobre puntera, alternativamente, cada uno se llegaban a juntar, el que conseguía introducir el último pie completo era el que elegía primero, entonces, de nuevo, turnando estas opciones se formaban los equipos. Generalmente, los partidos se programaban al que primero llegaba a 10 goles, las paredes de la calle, a veces te servían de compañero, porque tirabas la pelota en diagonal contra la pared y, claro te la devolvía, eludiendo al contrario. Jugábamos varios partidillos y terminábamos agotados, pero estábamos en nuestra salsa.
Salíamos del colegio a las 5 y cuando la luz del día lo permitía, dependiendo de la estación del año, estábamos hasta que casi no veíamos, previo habíamos bajado el modesto bocadillo de mortadela, por entonces algo bastante económico o el trozo de barra con una breve onza de chocolate que había que hacer diabluras estratégicas para llegar a un correcto final, las mas de las veces algo imposible, el chocolate, por lógica, se acababa antes, pero no se despreciaba el resto del ‘mendrugo’. Otras veces el relleno era con aceite y azúcar, o aceite y sal, al gusto de cada uno, y algo más lujoso cuando se untaba una mantequilla aderezada con algo de azúcar. Embutidos en general, ni verlos. Solo alguno que tuviera familiares de algún pueblo y, en ocasiones, en visitas familiares les traían algún chorizo o chacina de propia elaboración, también estaba el ‘foigrás’, como se decía vulgarmente, no había llegado el sonido francés a mis oídos como para pronunciar ‘fuagrás’ o ‘paté’, este, por supuesto era de cerdo, en latitas pequeñas, otras veces queso de bola, blando, amarillento por dentro y una llamativa costra, no comestible, de color rojo intenso, en fin cierta variedad aquilatada a las modestias hogareñas. De cosas así, podría extender algo mas, pero este es un ejemplo suficiente, eran las de diario. Bueno la limitación en el juego también estaba impuesta por los deberes a realizar, pero esto dependía de la responsabilidad de cada chaval, porque en las casas no se ocupaban demasiado, al no estar ellos tampoco en muy buena disponibilidad de cooperación, yo cuando me quedé sin padre, mis dudas me las tenía que solucionar como pudiera, mi madre, no estaba en disposición de poder colaborar y mi hermana trabajaba y ya ciertos conceptos del Bachiller se le escapaban, ella no lo había hecho. Había preparado prácticas para estar en oficina, escribiendo a máquina o tomando notas taquígrafas.
En esos partidos de fútbol, dependiendo de la época del año, siempre terminábamos sucios, en verano polvo y sandalias o alpargatas, en invierno embadurnados de barro y zapatos duros o botas de piel vuelta, se teñían dependiendo del tono del barro. Los más aseados, cepillábamos, con un duro cepillo de cerdas, previo mojado con agua e incluso con saliva. El aseo personal del cuerpo, al no haber duchas, se calentaban en los fogones cazuelas u ollas con agua y se vertían en un barreño de cinc. Un estropajo y un jabón verdoso o amarillento, eran los complementos del acicalamiento. Métodos a la última, como veréis y eso los que teníamos, ‘todos estas cosas’, otros muchos, ni eso...

imagen: bocadillo de actualidad, lo menos parecido a los descritos. Jajaja

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLI) ... como dije y repetiré en mas de una ocasión, el tramo de nuestra calle, era breve y con solo dos casas de vecinos, un tostadero de café iniciaba la calle, según se entraba a mano izquierda, las dos casas de vecinos, una fundición de hierros en ruinas. Enfrente toda la fachada lateral de un cuartel de la Guardia Civil y como la calle no tenía salida, pues remataba el cierre, la trasera o muro de un viejo horno, en su parte frontal. Al existir solo dos casas de vecindad, no teníamos mucha concurrencia de chavales de una edad similar, entorno a los 8 u 12 años, los que éramos nos apañábamos para compaginar diversos juegos colectivos. En general no nos juntábamos con las chicas en esos juegos solo, esporádicamente, compartíamos algunos, pero ya nos fijábamos en ellas, teniendo cada uno su platonismo sobre alguna.
Citaré a algunos o casi mayoría de los que, sobre todo, cuando jugábamos al fútbol, con una pelota pequeña e incluso de trapo recosida por alguna de las madres, nos servía para esta práctica. Las porterías las acotábamos con unas cuantas piedras a modo simulado de los postes. Entre ellos estaba Valentín, ‘el Valen’, era muy normal utilizar el mal uso de ‘el’ o ‘la’ delante del nombre, diminutivo o apodo, ‘el Goyo’, Roberto’, Pablo, Antonio, Fernando, Toñín ‘el sardina’ (que era su apellido), ‘Genín’ (de Eugenio), el Olalla (apellido), el Maxi y claro falto yo, ‘el Fito’, diminutivo de Adolfo y recortado en su parte final, esto era algo que me ponía malo, con los años me llegó a traer sin cuidado, sobre todo cuando algún vecino me identificaba así. En las chicas, estaban Juani, Mari Juana, Mari Tere, María Elena, Caroli, Carmina, Angelita, Tere Taravilla (digamos mi primer y principal platonismo, recuerdo que cuando ya teníamos 14 o 15 años, ella era 2 años mayor, fuimos a dar algún paseo juntos, sin mas, no nos llegamos a tocar ni la mano. Mª Carmen Mozas. No creo que me deje a nadie muy relacionado. Cuando chicos o chicas pasaban de los 15 o 16 años, ya eran parte del primer grupo de los mayores y la mayoría ya trabajaban en algo. Los chicos fumaban, en su mayoría vestían de mono por oficios varios, durante la semana, los domingos se acicalaban y se ponía un traje con camisa y corbata, normalmente, el único que servía para varios años y se iban de bailes. Los de nuestra edad, los niños, era un mundo aparte.
En próximos relatos describiré juegos al uso...
imagn: pandilla de chicos dispuestos a jugar

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XL)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XL) ... Un grupo de niñas y niños de varios colegios del entorno, íbamos en procesión con el mismo destino, allí, en aquella parroquia, recibimos la ‘primera ostia’, sagrada por supuesto, dicho con ironía, pero no con irreverencia. Bueno pues ese día ‘oficialmente feliz’, los niños y las niñas, procesionábamos camino del templo, dando un esplendor candoroso al ambiente callejero.
Aún en las mermadas situaciones de las economías hogareñas, en casa se hacía un esfuerzo excepcional para congregar y reunir a unos familiares y amistades. En mi caso, en un conocido hostal modesto de la zona, llamado Hostal Sancho, en el paseo de la Delicias, frente a la estación ferroviaria del mismo nombre ( hoy en día en desuso y destinada a Museo del Ferrocarril), se ofreció un desayuno, con chocolate a la taza, surtido de bollos y vasos de leche para ‘desatascar’. Con el tiempo esas celebraciones se han ido haciendo ostentosas, llegando a reunirse en almuerzos lujosos.
Cambiando de tercio y tema, el tramo de la calle de Ciudad Real, donde vivíamos (creo ya he descrito algo de ello) estaba sin asfaltar y sin luz eléctrica, en los veranos se provocaba un polvo desértico e insoportable, por el contrario en los inviernos había unos pastosos barrizales, pero como chavales, sin mayores exigencias, acostumbrados a eso, disfrutábamos de un espacio cómodo y si peligros para jugar. La calle además no tenía salida. Como solo había dos casas de vecindad, al final de la calle, le llamábamos ‘el rincón’ dada su cerrazón a otras salidas y allí teníamos mejores oportunidades de aislamiento. Al contar con los consabidos recursos materiales, teníamos que desarrollar la imaginación para encontrar alternativas variadas de entretenimiento. Aparte de la penuria económica, la técnica, poco evolucionada, hacía que compensáramos la escasez con la búsqueda de recursos diversos que nos proporcionaran entretenimiento y que dividíamos en estacionales...
(de ellos iré tratando y desarrollando)
imagen: calle Ciudad Real, el llamado 'rincón' hoy en día.

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXIX)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXIX) (Después de mi estancia en el Hospital, retomaré poco a poco el rumbo de mi nave y continuar la ruta establecida)
... Llegados a Madrid, en ese mes de marzo de mediados los 50, me llevaron a un modestísimo colegio, sin nombre específico, se le llamaba popularmente el de D. Santiago, maestro que en 3 o 4 habitaciones de modesto tamaño montó unas clases. Era en la calle del Ferrocarril, 14, próxima y paralela a la mía, era en el segundo piso, casa ya muy antigua entonces y sigue existiendo, remozada, pero ya claro, el colegio desapareció. Las llamadas aulas, por decir algo, estaban bifurcadas, costumbre de la época, me refiero a que estaba la discriminación de los chicos y las chicas. En cada una de ellas, diversos niveles, dependiendo de las edades que oscilaban entre los 8 y los 12 o 13 años, utilizando un tipo de enciclopedia que abarcaba las diversas materias al uso. Gramática, Geografía, Historia de España y Universal, Historia Sagrada, Aritmética, Geometría, Urbanidad y algo en torno a la Política, con la influencia del régimen. A los chicos, el propio D. Santiago, como dije, director del centro, personaje orondo y apariencia bonachona, aunque no toleraba que nadie se le sublevara y con algún que otro tironcillo de orejas y, en ocasiones, muy aisladas, para desobediencias más extremas, algún palmetazo en la mano. Él se encargaba de instruirnos. De vez en cuando formaba equipos y a estilo concurso proponía retos mediante preguntas variadas.
En el aula contigua, una señorita, a mí en aquellos momentos me parecía muy guapa y que vivía en el cuartel de la Guardia Civil, por tanto hija de algún número del Cuerpo, regentaba la clase de las niñas. En una tercera aula, mas reducida, estaban los que se iniciaban para preparar el ingreso en el Bachillerato, hacia los 9 años y los que ya cursaban 1º, 2º,etc. Un joven, imagino que estudiante de nivel superior, apellidado Luengo, era el encargado de llevar esta clase. El Bachillerato Elemental, constaba de ingreso, cuatro cursos y una reválida que ‘remataba’ una demostración de lo realizado en esos años anteriores y otorgaba el diploma y título en el que se mencionaba el estudio cursado. El examen de ingreso se realizaba en Institutos, llamados de Enseñanza Media. A mí por sector me tocó hacerlo en el llamado ‘San Isidro’, situado en un viejo convento de la calle de Toledo, todavía sigue existiendo, intacto en su fachada y solo con alguna actualización interior, adaptada a los tiempos. Este Instituto estaba al lado de la Colegiata Catedral de Madrid de San Isidro, hasta que hace unos años se otorgó el título catedralicio a la, por fin acabada, Catedral de la Almudena, patrona de Madrid. Bueno ese examen de ingreso, lo superé sin demasiados agobios, con la preparación que llevaba de mi padre, era mas que suficiente.
Ese mismo año, como llegamos a Madrid al inicio de la primavera, llegué a tiempo de que, en el propio colegio, me prepararan para hacer la obligada primera comunión, que se concelebró en la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, en la actual calle de Rafael de Riego, antes Batalla de Brunete. Ahí un 26 de mayo, vestido, uniformado, con un traje gris, de pantalón largo, con solapas de raso, un librito-catecismo y un rosario, todo un lujo para la época. Otros formatos, eran los trajes blancos, llamados marineros, por ser similares a los uniformes de los marinos y otros en tono blanco hueso. Las niñas, vestidos largos, vaporosos, con manos o menos puntillas, blancos, diademas para el pelo e, igualmente, librito con tapas anacaradas y rosario...

imagen: una panorámica de una primera comuníón

Postoperatorio ( y III)

... como decía, la vara ya estaba torcida, difícil es enderezarla, sobre todo cuando la energía y la ilusión disminuyen. Pero al menos sería deseable una relación aparente, más acorde. No sé si esto llegará a ser posible. Entonces consecuencia de ello, la continuación de “”Mi bitácora. La nave de mi vida””, puede ir al pairo. Nadie va a perder mucho.
Entre mis pocas virtudes, escasea la constancia, ya amenacé, no sé a quien, que no era mi fuerte. Trataré de esforzarme, porque capítulos manuscritos tengo bastantes mas de los publicados pero, hay que transcribirlos.
No obstante, nadie sentirá demasiado ver que mi nave quede varada o encallada en cualquier parte de cualquier costa.
Como remate a todo esto, una curiosidad final, en mi estancia en el hospital desde los días 7 al 13 de agosto, he leído un libro, algo habitual en mí, pero hacía tiempo no lo practicaba, había tomado otros derroteros culturales. El libro se llama ‘’Los ojos del tuareg’’ de Alberto Vázquez Figueroa. Curiosamente, sin pretender elegir este tema, trata de la supervivencia ante las dificultades.
Bueno, nada prometo, pero continuaré algún capítulo. ¿A quién le interesa? Jajaja. ¡Qué presuntuoso!

Postperatorio (II)

.. Pero no hace falta ser muy sagaz para notar desapego emocional. Tengo espejo comparativo. Hace 8 años, cuando me operaron del corazón, para colocarme la válvula aórtica artificial, tras angina de pecho, su atención tuvo otros tintes, no me extenderé mas sobre ello, creo que poco le interesa a nadie. Además, un afamado escritor y columnista del diario ABC, Juan Manuel de Prada, emplea mucho una aparente modestia al decir que ‘las 3 o 4 lectoras que le soportan’; yo diría que las mías no son ni 3 ni 4 y por tanto no me tiene que soportar, las mías son invisibles, lo mío es como ‘predicar en desierto’. Es duro decir que, egoístamente, preciso de atención. Soy persona de poca consistencia y cimientos, acostumbrado a encontrarse todo hecho, me crié en régimen de matriarcado y ya es tarde para cambiar.
Si existe alguien que me estime y lea, podrían decir que estarían dispuestas a... pero, ya se sabe, cada uno tiene su vida y no la va a abandonar por mí.
Yo quisiera recuperar la confianza familiar. No es fácil. Esa situación, aún llegando, tampoco sería el ideal, porque los años no pasan en balde y si durante tiempo ya existió cierto desmoronamiento, algo habitual, en las relaciones largas y quien diga lo contrario es hipocresía, porque por ello, de una forma u otra, de pensamiento, palabra u obra, hay doble vida. Algo que nunca se piensa en ello, pero un día se descubre y algo renace, se descubren ilusiones, aunque no sean alcanzables. Pero se viven...
(Queda un cierre o último capítulo)

Postoperatorio (I)

Digamos que, a pesar de un proceso ‘normalizado’ no me encuentro nada radiante. No estoy en un buen momento. Me encuentro algo asustado, mejor dicho no algo, me encuentro agobiado. Quizá mi parte malhumorada y depresiva ha encontrado caldo de cultivo en mi endeble estructura psíquica. No pretendo presumir ser el mas infeliz o desdichado de los mortales pero, tampoco estoy haciendo comparaciones, me siento así y así lo explico.
El resultado provisional de la intervención que me realizaron el día 11 de agosto pasado, la extirpación de un pólipo en el colon, no ha tenido contratiempos palpables, deberé, no obstante, esperar al informe prometido conclusivo.
Sí he sufrido bastante en los preparativos. Yo, miedoso ante los pinchazos, me he visto asediado por las agujas buscando mis maltrechas venas para múltiples analíticas y, para remate, me ha provisto de jeringuillas, para un mínimo de 10 días, 2 diarias y ser, yo mismo, el practicante y el practicado. Mi aversión y mi temor a las agujas y objetos cortantes han sido siempre considerables. Nunca llegué a imaginar que yo sería autoinyectante.
Segunda parte, digamos la emocional, mi mujer, Maribel, ha estado en todo momento, día y noche conmigo. Me lo prometió, cuando me sintió agobiado, a pesar de mis infidelidades, solo virtuales, pero para ella suficientes. Me prometió su colaboración y asistencia y ha cumplido en ello...
(He dividido en 3 capítulos (mis servilletas de bar) esta narración. Ahora no me encuentro con ganas de seguir, las tengo escritas a mano, pero debo pasarlas a ‘nivel de escritura para publicación’.

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXVIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXVIII) ... Siguiendo con mi padre, fue autodidacta, pero muy instruido, la curiosidad grande que sentía por todo le hacía ampliar conocimientos constantemente. Modestia aparte, alguno de esos genes me transmitió, porque yo tuve mas formación académica, pero a mis años actuales, sigo investigando y rebuscando para actualizarme en cualquier novedad para conocer algo, aunque, tópicamente, diré como el ateniense Sócrates “solo sé que no sé nada”, pero sin ánimo de presunción, ni de pretender acercarme a él, solo un modesto epígono que pudiera mencionar ese texto.
Mientras vivió a mi hermana y a mí, como ya indiqué, nos llevó por la senda de aprender mas y mas, pero sin severidad, sin atosigamientos, tratando de hacer digerir los conocimientos, casi a modo de juego, pero incitando a la participación. Dejó una huella indeleble en nuestra formación. Mi hermana, 9 años mayor que yo, en algún momento solicitaba de mi madre, intercediera para liberarse de alguna de las tareas impuestas, pero mi madre no se prestó, consideró lo lógico que todo lo que se le ‘exigía’, era por su bien. Mil veces luego se agradecieron estas tareas, contribuyeron a un mayor conocimiento y aún mejor sentido de la responsabilidad.
A mí, personalmente, me aficionó a la ‘geografía’, llegué a conocer a los 9 años todas las capitales del mundo, no dudaba a que continente pertenecía cada país y con mucha aproximación en los mapas, localizaba de inmediato la situación. Yo tenía memoria, pero era el trabajo constante ‘impuesto’ el que reverdecía y ponía al corriente mi ‘mentecilla’, muy abierta a almacenar información. También hablábamos de historia, se practicaba lectura y escritura, aprendizaje de máquina de escribir, método ciego, en una vetusta máquina portátil de segunda mano que adquirió el año 35, pero que todavía estará almacenada en algún lugar de la casa de mi madre, también me introdujo en la filatelia, algo que él practicaba en plan económico y modesto, guardaba todo tipo de sellos que se encontraba en su camino, en aquellos tiempos la correspondencia por este medio era la utilizada y después adquiría las series de España que se iban tirando por la Fábrica Nacional de Moneda y timbre, a esto unía alguna adquisición de ejemplares, principalmente, ya usado, en el mercadillo dominical de la Plaza Real de Barcelona y, posteriormente, en la Plaza Mayor de Madrid. Los álbumes se los montaba el mismo, delineaba en folios, cuadrados o rectángulos, de pendiendo de las medidas de los sellos. Tenía unas pinzas pequeñas, para no poner las huellas sobre ellos, los nuevos y muchos de los usados, con papel celofán les hacía fundas, para evitar el deterioro de su superficie y dentado, una pequeña lupa a la que le hizo un soporte de madera, para la mejor observancia de detalles mínimo en la estampilla. Clasificaba las hojas por países ordenados por orden alfabético y un catálogo que renovaba de vez en cuando, para una mejor clasificación. En fin una modesta parafernalia para esta afición acompañada de su paciencia y constancia, de ambas mis genes no ha recuperado demasiado. Continuando con las ‘lecciones’ impartidas por tan preciado ‘maestro’, no fallaban las ciencias naturales y por supuesto la aritmética, prácticas diarias me hicieron ser un aventajado chaval en cálculo mental, nunca utilicé dedos para hacer cuentas, todo el mérito atribuible a tan peculiar maestro. Incluso ya en aquellos tiempos, me anticipó unos pequeños conocimientos de vocabulario en francés e inglés, siempre ignoré como él tenía en su ‘almacén’ tanta variedad de contenidos, era como una modesta pero, práctica enciclopedia andante y la podías abrir por cualquier página, siempre encontrabas algo instructivo.
Mi hermana se benefició de esos aprendizajes de manera que sin tener ninguna titulación académica oficial en los trabajos que desempeño como secretaria, primero, con 17 años en una gestoría y después del director general de una importante empresa de ascensores, hoy en día Zardoya-Otis, en aquellos tiempos era la suiza Jacobo Schneider, S.A., donde yo empecé a trabajar con 16 años, algunos meses antes. Pero ese será tema para su momento.
Con mis precisiones, me he saltado algo en el desarrollo de nuestro retorno a Madrid. Así que retrocedo para dar cuenta de ello.
Retornamos mediada la década de los 50, volvimos al piso de alquiler de la calle Ciudad Real, fue en el mes de marzo...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVII) ... Llegado el óbito, cuento como era el sistema en aquel momento, ante estas circunstancias y hechos. Lo llevaron a casa desde el sanatorio en una ambulancia, como si todavía viviera. Entonces no existía ni la idea del Tanatorio, el fallecido o lo hacía en casa o desde el hospital se le llevaba y allí se le velaba, durante el día y luego toda una noche. Familiares, vecinos, amistades, abarrotaban las pequeñas viviendas y ocupando hasta las escaleras, ya que no había lugar para tanta concentración. En la habitación del matrimonio, desmontaron el mobiliario y allí con una plataforma, esquinada por cuatro velones, situaron el cadáver. Se rezaban rosarios, se hablaba bajito, señoras de negro llorando, como las antiguas plañideras bíblicas, elogiando la figura desaparecida. Como dijo mi suegra en años posteriores referido a cuando alguien moría, comentando que ‘era el día de las alabanzas’, en ese momento, todo el mundo había sido bueno, poco a poco, salían a relucir los defectos, pero en ese momento puntual, únicamente se mencionaban las bondades. No sé quien tendría la infeliz idea de, esa tarde del 1 de octubre, con mis 12 años, un niño, antes éramos mas niños, me introdujo en la habitación como para enseñarme a mi padre muerto y despedirme de él. Durante mucho tiempo guardé en mi limpia mente aquella estampa y estuve aterrorizado una temporada. Demostrado está, además leí hace poco una explicación técnica, al poco de fallecer hay algunas células que perduran mas tiempo con vida que otras y, precisamente, las que tienen que ver con el cabello y las uñas, resisten algo más, entonces al encoger la piel algo debido a su función paralizada, hacen que el cabello y uñas como digo, crezcan algo y eso se destaca y, como digo, esa impresión que detecté inmediata, se me quedó grabada y me creó un miedo insoportable.
En aquel nuevo orden mi hermana pasó a dormir con mi madre y claro yo me quedé solo en la habitación, pero al detectar ese terror que me dominaba, hicieron milagros para introducir mi cama, que era de las llamadas guardadas y me sirvió para sentirme algo más protegido. Mi madre idolatraba a su marido. Debió ser persona muy especial porque toda la vecindad y conocidos le tenían respeto y gran estima, acudían a él en solicitud de cualquier asunto en busca de su consejo.
Tenía empaque, señorío, elegancia, respeto por el prójimo, dialogante. A su mujer, mi madre, muy inferior a él en términos culturales, le instruyó con paciencia y amor, en todo tipo de actitudes y comportamientos. Mi madre agradeció mucho esa colaboración y puso tanto empeño en superarse que hasta le solicitaba le pusiera deberes y ejercicios, tal como hacía con nosotros, para aprender.
Él, con cariño y siempre en privado, corregía alguna conducta errónea que ella, en su ignorancia, pudiera manifestar...
(imagen. estampa de funerales)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVI) ...Bueno hoy inicio el tema haciendo un pequeño paréntesis para la actualidad, el motivo es que como estoy escribiendo el artículo un 19 de Junio pues tengo que decir que es mi cumpleaños, además de mi aniversario de boda, fecha que elegimos en su momento, porque como nos pensábamos casar en junio, entonces hicimos coincidir el evento.
Bien, pues aclarado este asunto, retorno a la continuación de mi derrotero.
Aunque sea triste, es la pura realidad. Mi padre fallece, como dije en el anterior capítulo, tras haberle operado para ver la posibilidad ínfima de salvarlo. Crudo pero auténtico un afamado doctor apellidado Tamames, en la clínica de Nª Sª de la Merced, en la calle de Ríos Rosas, le dice a mi madre, así, que solo hay dos opciones, ambas fatales o fallece, que será lo más normal, o tendría que ir a un manicomio, nombre de la época de los centros que albergaban a los ‘locos’, dejándose de eufemismo. Si esa era la cruda y real alternativa, bendita la hora en que falleció. En la operación obligaron a que un representante familiar estuviera presente. Esta severa labor la soportó mi tío Valentín, el marido de la hermana de mi madre. Como privilegio especial, yo, a mis pocos años me fue permitido entrar a verle, se ve que fue una prerrogativa a la ‘despedida prevista’ clínicamente. Justo en esa tarde un 30 de septiembre, pareció que una mejoría alumbraba esperanzas, hasta llegó él a decir que pronto retornaríamos a casa. En esa madrugada, como anunciaron los facultativos, falleció...
(imagen: aunque remozado, Sanatorio donde fue operado mi padre9

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXIV)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXIV) ...en esa formalidad de la tradición de la petición de mano, ignoro esa tradición secular ni cual es su origen pero el hecho es que de alguna manera siempre se ha mantenido y en algunos hogares se mantiene. Es a la vez un ritual emocional y diría que comercial. Pues el ritual es emocional en cuanto al compromiso de la unión que se va a producir, pero también se toman acuerdos de tipo económico en el que se conciertan aportes previos a la ceremonia y los cimientos base de la nueva pareja. Todas las etnias y religiones han dado su formato a este acto. A partir de ahí se establecía el precontrato de compromiso formal. No sé el tiempo que medió entre esa solicitud de boda, pero sé que no fue demasiado. Al fijar la fecha de la boda, mi tío Nazario se sumó al acto para concelebrar su boda el mismo día con su novia Martina que por cierto también era nacida en Alcazarén. Mi tía Esperanza fue la diseñadora y realizadora de los vestidos de las novias. Ellos los maridos, como ambos eran Guardias Civiles, pues tenías solucionado el traje con vestirse con el de gala, por otra parte vistoso. Eran momentos para disfrute pero nada de despilfarros. La ceremonia de ambas bodas se celebró el 23 de Febrero de 1935 en la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en Cuatro Caminos. Ignoro si hicieron algún tipo de celebración, en cualquier caso si se hizo no sería gran cosa, pero me extraña no haberle oído a mi madre contar nada sobre ello. Mis padres en principio vivieron en la calle Ávila, también por aquella zona, pero poco después se trasladaron a la calle Ciudad Real, barrio de Delicias y contigua al cuartel donde mi padre prestaba sus servicios. Ejerció en la Guardia Civil en los cuerpos de Caballería y Brigada de Ferrocarriles. Hoy en día, 70 años después sigue residiendo mi madre, tiene 91 años y una demencia senil avanzada. A grandes rasgos y hasta ahí es el primer comentario sobre rasgos familiares, posteriormente, surgirán anécdotas y comentarios en torno a esa familia...

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXIII) ... anécdota curiosa es que al abuelo, en los destinos propios del ‘cuerpo’, al ser de caballería, él lo tenía que hacer en con su montura. Tuvo una temporal a Jaén y, a pesar de la distancia, así hizo la ruta. Ya hacia el año 28 y de ahí ya no volvió a tener traslados. El cuartel de destino, estaba situado en el barrio de Tetuán de las Victorias, hizo que vivieran en calles próximas a la conocida y principal de la zona, Bravo Murillo (por cierto, aprovechando diré que Bravo Murillo fue un político de mediados del siglo XIX que ocupó varias carteras ministeriales y en 1850, llegó a ser primer ministro, en una de esas ocupaciones fue el propulsor de canalizar el agua a Madrid proveniente del río Lozoya, río serrano de agua cristalina y de gran calidad, hoy en día ya esa agua es mínima parte de la que se utiliza en la ciudad al haber rebasado los límites de población idóneos para ese aporte acuífero), pues como decía, calles como Goiri, Carolinas. Mi tío, el mencionado Nazario, como varón (siempre los privilegios por ello) fue el que cursó algunos estudios en un colegio de frailes maristas. Las chicas, está claro, a trabajar para colaborar al sustento familiar, era mejor aprender un oficio y saber prepararse para ser una buena ama de casa, dote y aporte que la mujer debía llevar para una correcta función matrimonial, era el principal destino femenino. Mi madre entró de aprendiza en un taller de camisería; como toda aprendiza, su misión principal no era, precisamente, aprender el oficio, eran las encargadas de barrer, fregar y hacer los recados de las oficialas. Solo con interés adicional y curiosidad, poco a poco, iban aprendiendo algo. Como la vieron espabilada a la ‘maña’, así le llamaban por tener acento aragonés ya que de Aragón acababa de llegar, la fueron introduciendo en la profesión. Aprendió ha hacer ojales, prender y rematar puños y cuellos y sacando patrones hacía, en casa, camisas para su padre y hermano. Ganaba 1 real (25 céntimos) y cuando vio la oportunidad por el avance de conocimientos solicitó aumento o sino pensaría el seguir, ante ello la maestra, le subió el doble. En ello un joven alto, rubio, guapo le empezó a rondar. Ella, tímida, al principio detestaba que la asediara con las miradas pero, yo creo que en su interior se sentía halagada y Cupido empezaba a hacer de las suyas, y claro la flecha dio en la diana. Él la fue solicitando y, poco a poco, se fue fraguando la relación. Avanzó de cierta forma que un día, de sopetón, le espetó la próxima petición de mano. Lo estricto de la época hizo que mi ‘chiquitilla pero abigarrada’ reaccionara de forma negativa. El abuelo, bonachón y siempre mediador, era de otra ‘pasta moldeable’ (en su carácter, claro), concilió el encuentro y esa petición se llevó a cabo...
(lógicamente, esto proviene de las narraciones escuchadas en el entorno familiar)
(imagen. máquina de coser antigua)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXII) ... Sobre la familia materna, iniciando con los abuelos, Cipriano y Mª Cruz, nacidos ambos en 1885, en Íscar y Alcarzarén, ambos pueblos de Valladolid, él, hombre de campo con una especialidad principal que era de la recogedor de piñas al ser zona muy piñonera, aunque como labriego ejerció de todo lo que se presentaba, trabajador de hoz en la siega, trillador, aventador, todo eso en cuanto al cereal, trigo, cebada, centeno. Luego labores de hortelano, todo tipo de cuidado en la huerta, después la vendimia; mas tarde el arado, la siembra, los burros, mulos y bueyes, sus compañeros de trabajo, hasta llegaban, a veces, a compartir establo para dormir. La abuela, sus labores, que en aquellos tiempos eran duras, durísimas, toda labor manual, con todo el esfuerzo, desde el acarrear agua desde los caños a las casas, a dar de comer a los animales de corrales, ir a por su borraja, limpiar casa, cocinar a fuego de leña, lavar a mano en lavaderos sin agua corriente, frotando y frotando, para que la mísera ropa con la que contaban estuviera limpia y adecuada. Contrastaban las figuras de los abuelos, él alto y fuerte 1,80 y ella no creo que llegara al 1,50. Sus nombres, como corresponde a castellanos viejos (no hace muchos años esa región, que no comunidad, se llamaba Castilla la Vieja, aunque, realmente, Valladolid estaba encuadrado en la región de León, con las provincias de León, Zamora, Salamanca y Palencia), pues como decía, se correspondían con el santo del día, así que el 26 de septiembre, San Cipriano y el 3 de Mayo, día de la Cruz de Mayo, les ‘bautizaron’ oficialmente y ¡ojo! con salirse de esta tradición. La superstición reinante popular, achacaba malos augurios sino se cumplía con ese designio tradicional. Su residencia fue en Alcazarén, nombre árabe con significado del “los dos alcázares (castillos)”, aunque ahí no hay restos de ninguno, los debió de haber. Los abuelos se casaron en 1910 y allí nacieron Nazario (12/06/1912), Teófila (mi madre), (06/02/1914) y Esperanza (28/03/1916), todos, claro, con el santo del día correspondiente. El año 1920, el abuelo con 35 años toma la decisión, buscando una salida mejor para sus hijos, de incorporarse a la Guardia Civil, para lo que tuvo que recordar que sabía leer y escribir, algo que creo tendría ya perdido por falta de práctica y encima con poca base. Pues lo consiguió y, además, con el conocimiento o especialidad extra de al saber montar equinos ingresó en el cuerpo de Caballería. Tuvo, principalmente, destinos aragoneses, Ejea de los Caballeros y Calatayud, localidades de la provincia de Zaragoza, en la última nació una cuarta hija un 30 de noviembre, le pusieron de nombre Andrea, santo del día y por vivir en Aragón se le agregó un María del Pilar, tan normal por aquellos pagos. Falleció con 2 años y mi abuela achacó buena parte de esa desgracia a que se le llamaba por el segundo nombre, también una una quinta niña, pero de ella no conservo referencias, poco o nada le oí a mi madre sobre ella, también fallecida muy prematuramente, cosa normal en la época.
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(Imagen: campesino)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXI) ...La hermana, la única hembra, segunda en orden de vivientes, mi tía Concha, era de la clásica profesión de la época ‘sus labores’, era guapa, muy guapa (comentario de mi madre), pero fotos de la época, que tuve ocasión de ver, lo confirman pero, eso si le faltaba garbo, chispa, en una palabra era sosa. Seguía mi tío Mario, también guardia civil, como dije, por mandato, pero quizá con mejor predisposición, le tocó vivir una época complicada y fue combatir el maquis (para los más jóvenes palabra utilizada para designar a insurrectos que no aceptaron la derrota en la fatídica guerra civil y que desde lugares rurales luchaban contra el régimen, aunque era término general para cualquier movimiento guerrillero no oficial). Ya los más pequeños, Emilio y Carmelo, en la decadencia del abuelo o por otras circunstancias, tuvieron otras salidas, estudiaron Maestría Industrial, algo equivalente a la Formación Profesional actual. Esto les sirvió para acceder a puestos técnicos en Telefónica y Standard (hoy en día Alcatel), pero sus ideales políticos de juventud les llevaron a discrepar con el estado dictatorial y les condujeron a la aventura de una emigración hacia las llamadas ‘américas’ eligiendo como país destino la Argentina, país emergente de Sudamérica que en aquel momento se encontraba en pleno auge, aunque el sistema también era dictatorial, pero el gobernante, el general Juan Domingo Perón y sobre todo el carisma de su encantadora esposa Eva Duarte, persona de la farándula pero populista y seductora, se ganaban a un entusiasta pueblo, dotado de excelentes y vírgenes recursos económicos. A primeros de los 50, se situaron en Buenos Aires en travesía náutica que tuvo punto de arranque en Barcelona, por tanto hasta la partida hicieron parada en nuestra casa. Después una singladura de unos 20 días, les convirtió en sudamericanos. Con ello he hecho una somera descripción de la familia paterna, posteriormente, haré extensión sobre sus vidas. En próximo relato trataré sobre la familia materna... (imagen:Eva Perón)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXX)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXX) ...Llegado el momento de hacer detalle de otros miembros familiares, empezaré por mi abuelo paterno, Emilio Sánchez Moreno, nacido en Madrid en 1877, era el menor de 11 hermanos que provenían de familia de cierta alcurnia o abolengo, no tengo muchas referencias, pero recuerdo haber visto unos álbumes de fotos, donde figuraban personajes con trajes tipo esmoquin y algunas condecoraciones. Mi abuelo al parecer ya nació en momento de decadencia familiar, al ser menor, parece que ya no disfrutó de los mismos privilegios, aún así en las postrimerías del siglo XIX, consiguió el título de Bachillerato Superior, algo casi impropio de la década de los 90 de esa centuria. Luego al parecer, las cosas se complicaron e ignoro el porque no supo o pudo sacar privilegios de esos ‘elevados conocimientos’. Ingresó en la Guardia Civil y llegó a obtener el grado de sargento, cuando muchos de los capitanes que tuvo eran casi analfabetos, pero al parecer, un carácter bastante agrio y algo adicción a la bebida debió de perjudicar bastante el posible brillante porvenir, encima, para mas detalles, a la mas mínima ‘restregaba’ a sus superiores su mayor instrucción y por ello siempre fue denostado. Estando en algún lugar de la provincia de Granada, posiblemente en Colomera, conoció a mi abuela ella, era de allí y se casaron cuando ella tenía 19 años. Mi abuela Jacinta Moreno Rodríguez, nacida en 1886. También parece ser que en su familia el nivel económico era bueno, hasta tenían peluquera particular, según cuentan, alguno de esa familia fue propietario del Balneario de Lanjarón en Granada. El padre, es decir mi bisabuelo, al parecer fue bastante juerguista y dilapidó las rentas en juergas flamencas por cortijos o cármenes granadinos.
Pues se unieron en matrimonio y tuvieron once hijos cosas, por entonces, habituales, lo mismo que a la mayoría de edad solo llegaron 5. Mi padre el segundo, quedó como el mayor de los hermanos, llegando a tener una diferencia de edad de unos 20 años con el último. La fecha de la boda, según cálculos que me salen debió de ser en el año 1905. Mi padre el segundo, quedó como el mayor. Nació, como su madre en Colomera el año 1907, pero luego ya desde los 6 años ya no volvió por allí, luego perdió su patria chica. MI tía Concha, año 1913, nació en otro pueblo próximo, Campotéjar, única superviviente en la actualidad. Siguieron Mario, éste ya nacido en Madrid, igual que Emilio y ya, el último de los supervivientes, Carmelo, nació en Cerezos de Abajo (Segovia). Esto era algo normal en las familias de los guardias civiles, donde se sucedían los traslados. Herencia profesional de mi abuelo, la tuvieron mi padre y mi tío Mario y ambos fueron guardias civiles. Yo, por mi madre, supe que a mi padre no le gustaba esa labor, carecía de vocación para ello, pero en aquellos tiempos el padre solía imponer su ley y marcar las pautas.
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(imagen; busto Guardia Civil de gala de épocas anteriores)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIX)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIX) (tras incorporación vacacional, continuo con mis modestas descripciones, es como si mi barco hubiera estado en un caladero revisando y poniendo a punto su casco...)
... a pesar del lujo de aquella casa, en los bajos había una carbonería (el carbón imagino sería del de mayor combustibilidad, una tienda de muebles de calidad y boato, una zapatería, una camisería, mejor no mencionar los precios, en conjunto la única que desentonaba un poco era la carbonería, pero cosa curiosa, aún así el carbonero nunca estaba sucio, aparecían los cargadores y descargadores que eran los que ejecutaban la labor de manipulación y él representaba algo así como el comerciante encargado de los pedidos únicamente..
Un amplio portal de mármol blanco, tras unas grandes puertas de entrada, con aldabones dorados, conducía hasta otras puertas mas interiores acristaladas que daban acceso al ascensor.
La vecindad, toda adinerada o bien posicionada tenían un mínimo de 3 sirvientas uniformadas. Recuerdo a un tal D. Manuel Torres López, que era el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, ‘los Frías’ una potentada familia con fincas en Salamanca, un tal Octavio Rozas, un matrimonio canario de bastante edad y una tal Dª África, de estos últimos mencionados tengo menos referencias memorísticas. Conocí algunos pisos por dentro ya que los inquilinos disfrutaban de extensas vacaciones estivales, de aquellas de 3 meses, frecuente en las personas de elevada posición, entonces mi abuelo era el depositario de todas las llaves y encargado de la custodia y mantenimiento, por ello tuve la oportunidad expresada de conocer esas viviendas. Eran pisos lujosos, muebles ostentosos, vitrinas con cristalería y plata. Mi abuelo era muy servicial, era muy apreciado y considerado por estos moradores. Siguiendo con la descripción familiar, mi abuela materna, Mª Cruz, contrastaba con su baja estatura, con la envergadura del abuelo. Se dedicaba a la atención del hogar, la misión de llevar la portería era obligada para el abuelo, con mono de trabajo en las primeras horas de la mañana, desde que encendía la calefacción de carbón central y limpiaba a fondo las dependencias del portal. Todo ello cuidado al máximo.
Bueno pues las casas de los abuelos, los domingos se reúnen mis tíos en tertulia con el objetivo de ir a ver a los abuelos y se intercambian los comentarios sobre sus vidas, aunque están bastante al corriente, debido a que las visitas son, prácticamente, semanales. De noticias nuestras tampoco estaban carentes, porque aunque el teléfono todavía no era de tipo doméstico, mi padre muy detallista y buen descriptor en sus cartas les actualizaba de nuestra modesta existencia.
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(imagen c/Serrano, 21) de Madrid

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXVIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXVIII) ... en esa estación, diversos mozos, todos con gorra de plato y algún distintivo del lugar bien de pensión u hotel, ofertaban habitaciones, luego los llamados mozos de cuerda, llevaban equipajes hasta los taxis a cambio de una pequeña estipulación concertada. Nosotros, una vez aquí, nos dirigíamos a nuestro pequeño piso de alquiler distante de la estación a unos 20 minutos andando. No llego a recordar si íbamos a pie o en taxi, siempre digo que como los tiempos no estaban para emplear en dispendios, se hacían siempre esfuerzos para evitar gastos. Aquí ya pasábamos nuestras ‘vacaciones’, familiares. El tema consistía en frecuentes visitas a abuelos paternos y maternos y de paso encuentros con tíos y primos. Siguiendo un orden, mis abuelos paternos, Emilio (1877) y Jacinta (1886). Él era natural de Madrid, y después de dejar la Guardia Civil, imagino que por cumplir la edad reglamentaria y acabada la guerra entro como Conserje en un emblemático edificio de Madrid, situado en la Plaza del Callao, en pleno cogollo de la Gran Vía madrileña, es la Asociación de la Prensa. El edificio hoy en día no ha cambiado, tiene un diseño precioso. Ahí en la planta 13ª le tenían destinada una vivienda. Mi abuela de Granada, Colomera por mas señas. Curiosamente, después de residir en Madrid casi toda su vida, falleció a los 88 años con su acento granaíno, pelo ondulado y moreno, limpio de canas.
Mis abuelos maternos, Cipriano y Mª Cruz, ambos de la provincia de Valladolid, él de Íscar, ella de Alcazarén, pueblo donde luego nacieron mis tíos y mi madre. Nazario, Teófila (mi madre) y Esperanza, a cada uno y como era irrompible costumbre, les cayó el santo del día Mi abuelo ya retirado de la Guardia Civil, ejercía de portero en una lujosa finca del elegante barrio Salamanca de Madrid, en la calle Serrano nº 21. Vivienda con amplios, y señoriales pisos de 6 plantas y dos plantas por piso y, lógicamente, ya en esa época y tipo de vivienda con ascensor. La casera, propietaria de la finca era una tal Paulina Alfaro que fue suegra de la vedette de revista mas conocida de la época, la argentina Celia Gámez. En la primera planta, vivía la tal Dª Paulina y había un estudio fotográfico llamado ‘Amer’, que tenía el privilegio de fotografiar a toda la alta sociedad madrileña, la llamada ‘crema’...
(Imagen : edificio Asociación de la Prensa de Madrid)