Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (LXIV)-64º
... En las ventanas que daban a ese patio común, vivían una familia, Matrimonio, Enrique, creo que albañil que, es como se llamaban antes a los trabajadores de la construcción y Carmen, sus labores, y alguna asistencia en hogares. Tenían dos hijos Mª Carmen, le llamaban la mudita, porque tenía cierto defecto de dicción y tartamudeaba un poco, sería unos 2 años menor que yo y el Quiqui, el pequeño, ya comenté la normalidad en la colocación de apodos, a ello sumado una hermana de la tal Carmen. Encima estos pisos, tenían una habitación menos con lo que las dimensiones totales serían de unos 30 m2. Encima de ella, ya enfrente de nosotros, al principio conocí a los mencionados que tenían un puesto de venta de prensa, luego ya, al poco tiempo, una familia de Extremadura. El sr. Francisco, jardinero en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Sra. Paca, sus labores, tuvieron tres hijos varones, Francisco el mayo, y luego Antonio y Joaquín. Como gente muy de pueblo en aquellas épocas, tenían su particular modo y acento al hablar que a veces se hacía ininteligible, lógico en la formación que los mayores recibían, ya los hijos, tomaron otros derroteros, el mayor entró en un Seminario, pero la idea no era la de profesar, según la madre, era para conseguir formación gratuita. Luego, con el tiempo, fue sindicalista en un banco. El segundo entró de botones en un hotel, del tercero ya nada sé era todavía pequeño y con los años, aunque la Sra. Paca sigue viviendo allí, el marido en una residencia de ancianos, pues les perdí la pista. En fin quizá alguien piense no ser muy interesantes estas descripciones vecinales pero, mi minuciosidad descriptiva necesita de detallar, ya que parte del objetivo es detallar profesiones y oficios de la época, entonces estos detalles tratan de enriquecer vivencias.En el segundo piso y siguiendo con los del patio, encima de los extremeños, moraban un matrimonio, el marido Ángel Mozas, albañil, pero encontró, como se diría un enchufe, trabajo algo menos duro, guarda de noche en los inicios de unos grandes almacenes que un indiano (llamados así a los que habían ido a América y habían hecho fortuna), procedente de Cuba, natural de Grado (Asturias), llamado Pepín Fernández, estos almacenes fueron Galerías Preciados. Abrió su primer establecimiento en Madrid el año 1943. Este empresario se formó en unos Almacenes de La Habana en Cuba, llamados El Encanto, de donde salió también Ramón Areces, asturiano y mediante la adquisición de una pequeña sastrería con ese nombre fue el fundador del todo poderoso El Corte Inglés. Bueno pues continuando con los vecinos, la mujer de nombre Pauli, sus labores, éste empleo común a todas las mujeres, de la vecindad, alternando también con labores de asistencia doméstica, lavandería, planchadora, oficios varios, vamos. Tenían dos hijas, Mª Carmen, dos años mayor que yo modosita y aunque nunca hubo nada pero sé que en nuestro interior nos mirábamos mas de la cuenta, incluso en alguna ocasión fuimos juntos al cine, pero eran otros tiempos, nada de nada, me explico ¿no?. La pequeña, Gloria, era un infierno, valga el juego de palabras, siendo muy pequeña ya empezó a beber lo que encontraba por la casa, fuera anís, vino o cualquier cosa, en mas de una ocasión hubo que llevarle a urgencias, por ello. Pareció, al hacerse mas mayor, sentar la cabeza, pero se casó, vivieron debajo de mi madre y tuvieron una niña, un día tras bronca diaria, se les encontraron al matrimonio, ensangrentados y muertos, no llegué a saber si a consecuencia de pelea o suicidio, ya en esa época que les ocurrió, se habían convertido en drogadictos, cosa que en mis años mozos, el pueblo llano hasta ignoraba esos temas de estupefacientes. Algo solo practicado por personajes del la dolce vita y cierta capacidad económica...
imagen: Pepín Fernández (fundador Galerias Preciados)null
... Bien, antes de seguir con la última habitación, la del matrimonio y como hay cambio de patio, hablaré algo del vecindario que daba a ese patio mencionado al que daba las ventanas de las piezas descritas. La curiosidad de estos patios angostos en esta época es que entre los vecinos más próximos se establecían comentarios, incluso haciendo las faenas de la casa, daba lugar a levantando algo el tono de voz establecer comunicaciones entre varias mujeres a la vez, digo mujeres, porque son las que estaban en el hogar, en su dura misión. También era muy normal oír cánticos, sobre todo coplas españolas que estaban muy promocionadas por las emisoras de radio. En el bajo, justo el inferior al nuestro, vivía la comadrona, esta vivienda tenía derecho al usufructo del suelo del patio, esta comadrona, Dª Felisa Celorrio, asistió a mi madre en sus partos, bueno y a los de toda la casa. No sé como se contrataría el servicio, pues por entonces el tema de la Seguridad Social no creo que estuviera muy al corriente. La gente nacíamos en los hogares. Quizá me repita al hablar de la comadrona, pero Dª Felisa, pero merece la pena hablar algo sobre ella. En aquellos tiempos donde todo llamaba la atención, ésta era una curiosa mujer. Como de 1,70, complexión fuerte, como para poder tirar bien para que los niños salieran al mundo, llevaba una cabellera rubia o mejor dicho de un gris plateado, bastante rizada, parecía una peluca, vestía con cierta excentricidad, batas de tipo raso y algo más característico todavía era el famoso puro que, normalmente, llevaba entre sus dedos y al que le daba buenos chupetones. Se anticipó en el tiempo a la, luego conocida estampa, de Sara Montiel. Tenía una asistenta muy cateta, bruta pero noble, laboriosa, de un pueblo de la provincia de Toledo llamado Gerindote, de nombre Marta, con los años cuando la comadrona falleció, ella se casó y compró un piso en la misma casa, hoy en día vive en la misma planta que mi madre...
... en el pasillo que distribuía a las diversas piezas de la casa se hicieron también dos obras de mampostería, bueno eso de diversas es algo extenso, estaban la cocina, el váter y las dos habitaciones. Pues esas obras al nivel, por encima, del marco de las puertas, de recia construcción y buen soporte, sirvieron para el desahogo de esas cosas que tantas veces se guardan en las casas sin mucha necesidad, pero siempre por si acaso, todo podía valer en algún momento y mas cuando no sobra. Ahora cambiamos de platos y vasos, por ejemplo, de esos que utilizamos a diario porque nos hemos cansado ya de utilizarlos y estamos hartos de ver siempre lo mismo. Entonces un vaso o un plato, aunque estuviera algo desportillado, seguía sirviendo, hasta que llegaba a la rotura total y si significaba peligro. Yo siempre tuve curiosidad, me refiero, siendo pequeño, de saber que se guardaban en esos altos y, a veces, cuando me encontraba solo, trepaba con una escalera de madera que había para limpiar las partes superiores y para alcanzar a estas cámaras, para tratar de observar, cosas que hubiera allí, procurando no revolver mucho y tratar de dejarlo como estaba, porque mi madre era muy perspicaz y enseguida notaba si había estado el ratón (yo, claro está) buscando. No me increpaba, pero recuerdo que siempre me decía ¿qué es lo que piensas que habrá?, pues nada importante, cosas que pueden ser útiles y las pocas prendas de cambio de temporada, para liberar en parte los armarios.. Yo siempre pensé que podía haber tesoros. Recuerdo que había una espada-sable, mi padre como había estado en Caballería en la Guardia Civil, tenían este complemento de uniforme que ellos mismos se tenían que comprar, por tanto cuando dejó de ejercer quedó en casa, al final con el tiempo mi madre se lo regaló a su hermano que como seguía en la Guardia Civil, le hacía ilusión mantener aquel recuerdo. Allí estaban también las maletas de las que solo hacíamos uso para nuestros traslados de Barcelona a Madrid, en esos meses de septiembre para ver a la familia, luego ya, quedaron aparcadas y rellenas de lo que fuera, servían de contenedores de la ropa fuera de temporada y demás telas de las que mi madre siempre le gustaba mantener cierto stock, como toallas, sabanas, etc. Para mí siempre fue un poco ese cuartito secreto, jajajaja. En el final de este pasillo y contigua a la puerta del mencionado servicio había una habitación de unos 8 m2 que también tenía ventana al mismo patio que salón, cocina, servicio. En esta se instalaron dos camas de las llamadas guardadas. Un carpintero de la casa que, aunque decían algo carero, trabajaba muy bien y utilizaba buenas maderas, hizo dos muebles alargados tipo aparador en tono marrón avellana y dentro se contenían dos somieres que se bajaban frontalmente y sin doblez alguno la cama quedaba ya preparada. Unos tirantes elásticos y cruzados sostenían el colchón y la cama hecha, para que no se deslizara al subir y bajar, quedaban dos somieres, ya digo, al fondo de la habitación, enfrente de la ventana y en el hueco que dejaban las camas, un armario, para ropas y calzados, completaba el mobiliario. Detrás de las puertas de las habitaciones, se colocaban percheros de pared y en la misma puerta, también por detrás uno o dos ganchos servían para colgar algo al uso, además de colocar, la tabla de la plancha y la escalera necesaria para los altos...
... como ya digo sobre el tema de la higiene personal, es que era complicado, porque al fin y al cabo una casa como la mía, modesta, disponía de agua corriente, pero multitud de viviendas no, con lo cual el problema se agravaba considerablemente con medios tan exiguos y restringidos. Hay que imaginarse esas galerías de las que hablé, llamadas corralas, donde entre 8 y 12 ínfimas viviendas en espacio y en todo, solo disponían de un servicio en la galería común para todos, pero además no es que fuera un aseo era, simplemente un servicio, un retrete. Entonces los aseos mas primarios, los de la cara, cabeza, axilas y pecho, se solían hacer en palanganas, recipientes de porcelana o loza, donde se echaba agua mediante un jarrón que solía acompañar al conjunto de aseo. De cintura para abajo, en barreños de cinc, claro, todo este montaje, llevaba a una pereza en su realización, además de falta de intimidad, porque no había sitio adecuado ni para eso al ser las viviendas tan reducidas y, por entonces, no sé practicaba el nudismo familiar, tan común hoy en día por lo que oigo, madres y padres que se bañan desnudos junto con sus hijos, da lo mismo la edad, dicen que con eso se gana en confianza en desenvoltura, en evitar antiguos tabúes, yo debo ser mi mayor, pero no me parece lógico, exhibir cuerpos entre padres e hijos, solo por puro esnobismo, seré un retrógrado, pero no comparto que un chico o una chica vean la vagina de su madre o el pene de su padre, ¿sé les invita también a los coitos? para que tomen nota y no tengan problemas en su futuro. Pues tanta demostración está dando pie a tergiversaciones de personalidad y confusiones de lo que toda la vida ha sido un apartado normalizado. Se puede hablar, se debe hablar del tema, pero las demostraciones directas no son el medio idóneo. Se me tachará de puritano, pues no, no lo soy. Por entonces, la madre, que es ya lo único que yo tenía, se mostraba en camisón cerrado y como excepción unas enaguas de tirantes en verano, esto era ya casi descarado. El padre donde lo había, el mío murió pronto, en burdo pijama o ropa interior larga y cerrada. Entonces como digo era complicado mantener un ejemplar nivel de higiene...
... Le toca el turno al váter, retrete, inodoro y cuantos apelativos se nos ocurra. Un angosto aparente pasillo, al fondo la taza, con una tabla de madera, para adecuar mejor el asiento. Una cisterna de loza también blanca como la taza, en la que se recogía agua, para mediante una fina cadena de eslabones con un mango, sirviera para vaciar su contenido y asear el servicio. Un gancho a modo de pincho para sujetar unos cuadrados de papel, que se cogían bien de periódico, vamos, que te ilustrabas el trasero, o material que se encontrara para la prestación, el papel higiénico existiría, pero era todo un lujo por el momento. La celulosa se escatimaba mas para estos menesteres. Una ventanita pequeña prolongación de la de la cocina daba luz a ese pequeño espacio de unos dos metros o algo mas por unos 85 cms de ancho. Encima de la puerta se hizo un tipo de estantería de madera para desahogo de guardar cosillas del hogar, había que aprovechar cualquier hueco. Con respecto al aseo íntimo de mujeres, como en aquellos tiempos el tema era tabú, ignoro cual sería el medio utilizado pero supongo que cada cual trataría de cumplir lo mejor posible. Ya digo había que poner bastante voluntad para mantener una higiene adecuada en tales condiciones. Hoy en día todos presumimos mucho de una o varias duchas diarias, son las ventajas de los adelantos técnicos, yo no voy a ir contra el progreso, solo justifico, en parte, que aquello no era el ideal para mantener unos mínimos de higiene y desenvolvimiento. Épocas anteriores habrán sido peores por supuesto, pero claro lo cuentas a los jóvenes y lo encuentran como batallitas, historias para no dormir. Todos en algún momento de la vida deberíamos vivir alguna privación, para después poder valorar mejor las cosas...
... Siguiendo con esa minúscula cocina, a determinada altura, en las paredes derecha y la del frente el fogón habían unos vasares de mampostería, para almacenar ahí, los platos al uso y demás menaje, a la vez que paquetes en bolsas de papel, de azúcar( de esta había un más barata que le llamaban, morena, por su tono amarillento, era menos refinada), harina, legumbres, café o achicoria o malta que eran subproductos del café, también mas económicos. En fin esa era su utilidad, en mi casa hicieron un gran armario de madera pintando en blanco que sustituyó a estos anaqueles y así estaban las provisiones y el exiguo menaje mas reservado de curiosidades. Con el tiempo una mesita de cocina en tosca madera con cajoncillo, donde se guardaban los cubiertos al uso y un taburete que, mas que para sentarse, servía para auparse a los estantes altos del mencionado armario de cocina, pues aras al modernismo se sustituyó por una de las llamadas de libro, por abrirse y duplicar su tamaño, de un material llamado formica, que eran virutas de madera prensada y rematada a modo de tapas por una lámina abrillantada, como de tipo plastificado y era de un color verde y blanco jaspeado, a juego se puso el taburete, éste ya con patas de tubo de acero inoxidable, como las de la mesa y remates de goma en las puntas de las patas, para evitar mayores chirridos y rallamientos en las baldosas del suelo que eran de una loseta rojiza más bien poco pulida. Añadiendo algo a la estructura completa de la cocina una bombilla de unos 10 o 15 watios de luminosidad y una tulipa que le hacían proyectar la luz mas recogida hacia el suelo, porque en estas casas la altura de los techos estaba sobre 2,75 metros. Ya expliqué los cables y llaves de luz iban todos exteriores, no era decorativo precisamente...
... como ya comenté la casa, entre tuberías de agua y cables de luz, exteriores, sin empotramientos, estaba recorrida por una serie de líneas que recorrían las habitaciones, como enredaderas, trepando hacia el techo para luego llegar a caer a altura adecuada y desde un casquillo de loza y metal donde se enroscaba la bombilla, iluminar bueno, a duras penas, las estancias. Las llamadas llaves, interruptores de apagado y encendido, ya dije que era un saliente, de loza rematando una especie de pieza en forma de lazo alargado que girándola valía para esa función. A la entrada de la casa en esa pieza más amplia que era sala de estar y comedor, había un aparato de baquelita en negro que era el contador del consumo. Mensualmente, personal de la compañía de luz, venían a tomar nota para luego facturar. Por cierto, los recibos que emitían también tenían cobradores que iban de puerta en puerta, recaudando, con el tiempo las domiciliaciones bancarias, acabaron con esa profesión de cobradores de diversas compañías de servicios. Ni que decir tiene que mi casa aún siendo de las habituales modestas, reunía la independencia de tener agua corriente y váter interior e individual. Multitud de viviendas en Madrid, no digamos ya en pueblos, no disponían ni de servicios, ni agua corriente, ni electricidad. Había viviendas en Madrid, con galerías a patios, denominadas corralas que tenían un servicio, un váter, para toda la planta, fueran las viviendas que fueran. Siguiendo el hilo de nuestra vivienda, en la cocina se me olvidó comentar un pequeño detalle, en el alféizar o repisa de la angosta ventana, muchos vecinos colocaban una especie de armazones de madera con unas mallas tupidas metálicas, a modo de jaulas, que servían para tener ahí determinados productos de alimentación, verduras, frutas, se llamaban fresqueras...
02/08/05***
... Para ir documentando sobre los mínimos y escasos artilugios y útiles de la época con los que nos desenvolvíamos y, además, con cierta soltura, porque al no conocer otras comodidades, nos parecía lo normal, me adentraré en una cocina como la nuestra de aquellas modestas habituales y eso hablando en las ciudades, porque en pueblos, la cosa era muy inferior, en cuanto a elementos. Nuestra cocina, en un piso total de 38 m2, era un minúsculo habitáculo que así, grosso modo, tendría unos 4 m2, seguro que ni siquiera llegaba. El frontal con una ventana estrecha a un patio interior y que te separaba del vecino de enfrente unos 4 metros, en ese frontal un pilón de unos 90 cms de frente por una profundidad de unos 30 cms y anchura de unos 45 cms, todo ello aproximado claro, era de un material de piedra jaspeada, en tonos verdosos y blanquecinos. Ahí lo mismo servía que, para eso principalmente estaba destinado, para fregar los cacharros pero, también era la pileta de aseo, donde te lavabas las manos, la cara. Un grifo de latón a modo de caño con una pieza superior que mediante giro servía para abrir y cerrar o regular el chorro. Las tuberías de plomo gris y gruesas que suministraban el agua iban exteriores, bueno al igual que todos los cables de la luz, que eran un trenzado de dos coberturas de tejido aislante y que adornaban toda la casa, desde unas llaves de porcelana blanca, con una especie de pinza que girando encendía y apagaba unas bombillas de 15 watios o 20 o 25, máximo, había que restringir el consumo al máximo, para que la factura de la luz no sé incrementara y eso que solo teníamos bombillas y el aparato de radio.
26/07/05*** blogia 03/09/05
... rematando el tema de la ropa, ya digo que esta debía de ser duradera, no se convertía en harapos porque las madres zurcían, cosían, remendaban, ponían parches, coderas, rodilleras, todo lo que en tiempos actuales de economías satisfechas se hace con los vaqueros, queriéndolos desgastados, rotos, ajados, maltratados, descoloridos, ocurría entonces pero por el uso, el uso prolongado, interminable. La costura en la mujer era asignatura obligatoria dadas las circunstancias y sus profesoras habían sido sus madres; ya digo era indispensable para el ama de casa casi la única profesión que para la mujer existía. Siempre incomprendida, ardua y gratuita. Pero claro casi su única misión era casarse.
... se que me dejo muchos en el tintero, en este caso, en el bolígrafo, pero quizás he hablado de los mas comunes o corrientes en el entorno de mi vida de aquella época, ahora me trasladaré un poco a las vestimentas. Éstas eran de lo mas modesto, bueno como todo, los chicos, hasta los 12 o 13 años íbamos con pantalón corto o bombacho (este era largo hasta el tobillo y ahí se ceñía a éste con una goma), llevaban bragueta de botones, la cremallera no se había aplicado a este cerramiento. Calzoncillos y camiseta, blancos de tela, tela de tipo sabana el calzoncillo con una abertura en el lugar procedente para facilitar la salida de la colita para hacer pis, y la camiseta, bien de tirantes, yo es la que siempre llevé hasta que hacia los 20 años dejé de utilizar, que era como de un tejido acanalado o liso pero se ajustaba al cuerpo o la de manga corta o larga, mas propicias al invierno, de esas nunca usé. Los zapatos o sandalias, en casos, zapatillas, eran fuertes, suelas de goma, y piel fuerte y duradera. En Madrid existía una popular zapatería Segarra, de origen castellonense, un pueblo llamado Vall dUxó, era el lugar de su fábrica. Esta tienda curiosamente situada en la céntrica plaza del El Callao, en esquina crucial con la Gran Vía, tenía un surtido muy económico, donde buena parte de los chavales nos llevaban ahí para comprar aguerridos zapatos que resistieran al máximo las agresiones a que eran sometidos y además perduraran. De una prolongada duración se ocupaba luego el zapatero remendón, oficio muy extendido entonces, donde colocaba medias suelas, tacones, reforzaba punteras, cosía descosidos, etc., todo artesano, todo manual. En esa mencionada tienda, encima tenían una promoción especial publicitaria para la chiquillería, por la compra de un par de calzado, te regalaban un globo de gas con el nombre del establecimiento. En la parte superior del cuerpo, camisillas finas, jerséis de lana tejidos a mano. En mi casa mi hermana era buena especialista. Existían muchas tiendas que vendían madejas de lana, bien por madejas o al peso. En la Plaza Mayor de Madrid, estaba la mas famosa, se llamaba El Gato Negro que, por cierto, todavía existe, ha resistido los embates del comercio moderno. Hoy ya no se estila, ni casi se sabe hacer punto. Además sale mas caro. Solo conjuntos para bebés, por la delicadeza de la labor sigue siendo algo artesano. Para estas épocas de mayor necesidad e abrigo existían los tabardos, tipo de chaquetones de paño grueso y burdo, de tamaño tres cuartos que se decía, no completaba como el abrigo, y en muchos casos dos jerséis de punto gruesos y una tosca bufanda. Unas medías de lana hasta la rodilla, cubrían las piernas. Las chicas, algo similar pero claro versión blusa, falda o vestidillo, y de abrigo lo mismo, tejidos de punto. El pantalón era algo todavía prohibido en aquella sociedad y calcetines hasta los 14 o 16 años. En el invierno se veían muchas caras y piernas moradas, el frío era mas intenso que el actual, la atmósfera mas limpia daba paso a los aires serranos. En las casas para calentar algo se utilizaba el brasero, artilugio de chapa o hierro, donde se echaba carbón, ahí también había sus categorías en orden al precio...
... existían variaciones de este juego, con cierta similitud, pero menos practicadas. Muchos de los juegos que he ido mencionando se practicaban dependiendo de la estación del año. Algo de ello ya he mencionado.
... Entramos en la parte de actividades dinámicas, físicas, mas activas, mas participativas. Ya hablado del fútbol, pasamos a competiciones de atletismo que organizábamos por nuestra cuenta y a nuestra manera. Saltos de longitud, saltos de altura, aquí sujetando dos una cuerda y claro sin medidas bien establecidas, carreras de velocidad o resistencia. Lo que ocurría con esto era que el que estaba mejor dotado siempre ganaba. Yo que era alto y delgada, una gacela, bueno macho, estas pruebas me iban, en general, bien y, normalmente, era el ganador, pero tampoco esto lo hacíamos a menudo, prevalecía el fútbol.
... Nuevo juego, ahora hablaré de la taba. La taba es un juego de origen griego. La taba es un hueso de la pata de los animales, con un lado cóncavo y el otro plano. El llamado más técnicamente astrágalo. Lo solíamos obtener de la pata del cordero o carnero, cuando en casa, en raras ocasiones entraba alguna de esas carnes, pero bueno sino a través de los carniceros, cuando las madres iban al mercado, le solicitaban, este huesecillo. De unas medidas de unos 2,5 cms de largo por 1,5 de alto, tenía . la cara cóncava, llamada tripa, la cara convexa que creo era carnes y luego claro las dos laterales.. Nos sentábamos en corrillo en el suelto y se lanzaba el huesecillo a una altura prudencial, en la caída quedaba en una de las cuatro posiciones posibles. Dependiendo de las posiciones se metían o sacaban cromos de los puestos por cada jugador, objeto de la apuesta. También en posición de sentados en corrillo, se jugaban con 5 piedrecillas, normalmente, marmóreas, pequeñas de unos 2 o 3 cms de diámetro aunque irregulares, se lanzaban empezando por 1 hacia arriba, había que dar una palmada en el suelo y cogerla con la misma mano con la que se había lanzado, luego se lanzaban la de la mano y otra de las posicionadas en el suelo, y se recogían, así sucesivamente, hasta llegar a recoger las 5, claro cada vez esto exigía mayor rapidez. Otro juego de corrillo era con una baraja española jugar a las 31, se repartían 3 cartas a cada jugador, y habían una serie de reglas, por las que se iban consiguiendo puntos o cromos apostados. Esto a través de 4 fases del juego, aunque ahora ya no recuerdo muy bien. Con esto se puede decir que he concluido con los juegos, llamados tranquilos, de poca actividad física...
... Continuando con el peón, a esta pieza cónica inversa se le enrollaba desde la punta un cordel hasta llegar próximo a la base ancha. El final del cordel solía tener un tope a modo de chapa que servía para sujetar entre los dedos índice y corazón, para mantener la cuerda una vez que con fuerza se lanzaba contra el suelo el peón, al irse desenrollando tomaba una energía que le servía para bailar, girar sobre su punta con rapidez, en base del impulso dado. Un torneo podía ser que lanzando varios jugadores a la vez, cual de ellos aguantaba más bailando. Otra modalidad, era trazar un círculo como de 2 o 3 metros de diámetro. Se lanzaba el peón y no debía de rebasar la línea que delimitaba el círculo, además se incluían, monedas, chapas, etc. Y se trataba de sacarlas del círculo, bien con el roce del peón o también se podía hacerlo subir en su baile a la palma de la mano e ir impulsando, los objetos que se pretendían sacar. La subida del trompo, nombre que también se le aplicaba, a la palma de la mano se hacía con ésta mirando hacia el cielo y con movimiento rápido en el intersticio entre dos dedos se le hacía proyectar a la superficie de la palma. Un jugador contrario también podía tirar contra otros peones que estuvieran bailando para tratar de echarlos del recinto. Lo peor de esto es que si había la mala fortuna de que con la punta impactara directo en otro peón, éste se podía partir y claro era una fatalidad, porque en esas economías precarias cualquier pérdida de objetos suponía un problema de reposición.
26/06/05***
... Las apuestas en los juegos de competición, la mayoría de las veces se limitaba a la honrilla o galardón inmaterial de haber ganado, en ocasiones, las menos, mediaban unas perras chicas, monedas alumínicas de 5 céntimos, esto poco, porque no solíamos disponer de ellas, estábamos a dos velas, en ocasiones ganabas la bola del cazado si se había pactado así, también de cromos, donde si establecía si éstos debían ser nuevos o algo ajados por manipulación, en fin, según las condiciones impuestas previamente.
...En esta descripción de los diversos juegos interactivos, nunca mejor dicho, puesto que participábamos en cuerpo, artesanía primero, participación después, y alma, porque estaba nuestro orgullo en juego de ser los vencedores y casi como digo, artesanos, porque con cualquier modesto objeto le conseguíamos sacar partido y aplicación. Ahora le toca el turno a las bolas, más especialmente, llamadas canicas. Hasta aquí, había que diferenciar la categoría. Voy a mencionar las cuatro clases al uso y en orden de importancia. El diámetro medio de estas esferitas debía estar en torno a 1 cm. Estaban las de acero, las de cristal irisado, las llamadas de china, de tipo marmóreo y las de barro cocido. Normalmente se adquirían en los puestos callejeros, casetas de madera, desvencijados, regentados, normalmente, por señoras muy mayores, para nosotros abuelitas, que vendían éstas y otras muchas cosas. Los juegos principales que practicábamos con estas esferitas, eran el guá. Se practicaba un agujero en la tierra de unos 5 o 7 centímetros y una profundidad de otros 5 o 6 cms. El número de participantes era un mínimo de 2 y sin límite de actuantes. Cada cual tenía su bola, normalmente, se jugaba con la marmórea. Se establecía un orden de salida, tratando, desde una distancia convenida, de introducir la bola en el guá, el saliente lanzaba su bola a una distancia apetecida, no demasiado lejos. El siguiente, con una posición de puño cerrado cara arriba, situaba la bola en la base del dedo índice y con el pulgar haciendo presión sobre el dedo corazón, se impulsaba la bola que trataría de ir a dar en la del contrario, así, sucesivamente, cada jugador. Cuando un participante impactaba en la bola de un contrario, este tenía, con esa misma posición de puño, conseguir llegar al guá antes que el cazado, si lo conseguía el cazado quedaba eliminado, sino éste quedaba liberado y seguía participando en su turno. Unas veces se jugaba de puntos y otras apostando cromos o las propias bolas...
22/06/05*** - blogia 22/08/05