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Cocinar

Cocinar El arte culinario, a esa categoría de arte han elevado a la, más o menos acertada, manipulación alimentaria para ser degustada y que ha generado en los últimos tiempos una profusión de amplio espectro mediático a su alrededor.
A saber: recetarios en cualquier periódico o revista, cuadernillos especializados por ingredientes o por medios de cocinar (horno microondas, por ejemplo), coleccionables, libros, programas en cualquier cadena de radio o televisión y ya no digamos en la red de redes, pulsas algo relacionado con el asunto en cualquier buscador y eso parece la traca final de unos fuegos artificiales. Cocineros diversos en TV se afanan en preparar platos de diferentes grados de simpleza o dificultad, eso sí luciendo las marcas de aceites, nombre de cocinas, hornos, aquí como en todo lo actual, la marca por encima de todo, cosechas un buen vino, no lo etiquetas y te lo bebes tú, eso sí, le bautizamos con un rimbombante nombre y hala alto precio en la carta de vinos de cualquier restaurante. Bueno pues todo esto ocurre justo, cuando una juventud cada vez menos interesada se atiborra de hamburguesas, pollo frito, patatas fritas y ketchup, costillas de ‘mamut’ (digo lo de mamut, porque a saber los años que tendrá la carne o los huesos dispuestos en paralelo de las costillas), agridulce, todas esas lindezas que provocan luego un acopio de grasas a diversas partes de sus cuerpos y luego claro se agravan los complejos, pero no comen unos garbanzos guisados porque eso debe de engordar. Entonces me pregunto ¿a quién instruyen estos guisanderos?. Las diversas categorías de Burger y Pans & Company, resuelven el problema de que los jóvenes se pongan manos y delantal a la obra.
Cualquier mujer de unos 45 años en adelante es capaz de ‘gestionar’ diversos platos. Aunque no sea una frontera fija, de esa edad para abajo ya empiezan los problemas para encontrar aficionados, excepciones confirman las reglas, al proceso gastronómico.
¡Ojo! y he dicho mujeres sin ningún tipo de obligación por sexo, es que era así, la sociedad imperante no dejaba mucho lugar para esos menesteres a hombres y solo aficionados, en mi familia, mi abuelo, al estilo rural cocinaba buenos platos con restringidos ingredientes, a las mujeres se les instruía para ello, había que llenar la andorga del sufrido marido y de la ávida prole y nadie le daba ningún mérito, coño, era su obligación. Curiosamente nunca se ha dado por destacar a ninguna cocinera de altas esferas copando el machito, una vez más, lo mejores lugares. Yo no me puedo creer que no haya mujeres que les falte capacidad para figurar en guías Michelin como jefas de cocina. Será porque no se lo propongan.
Por mi parte cualquier artículo sobre gastronomía que encuentro en mis lecturas lo degusto pero más como ampliación y documentación de conocimientos. Tampoco soy muy afanado al buen yantar, en cuanto veo un plato colmado, mi poca apetencia se disipa, ¿de dónde saldrán los 90 kilos que debo soportar?, dicen que con mi estatura es un peso casi normal, pero yo veo de perfil o el espejo me dice que pudiera estar de 4 o 5 meses si eso fuera posible, así que eso si que me gustaría ‘abortarlo’.
Entre mis pocas habilidades, desde luego, no figura la de fogonero. Mi crianza en régimen de matriarcado, obligada por el fallecimiento de mi padre, no consintió nunca que realizara la aventura de freír un simple huevo.
Yo, tampoco puse mucho empeño. Soy un pensador, un teórico, doy ideas, Vamos, un listillo. Jajaja. Estoy seguro que alguien se reirá.
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