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Siestas

Siestas En época veraniega, ante todo, al parecer, un invento español, pero que ha llegado a hacerse extensivo a visitantes foráneos, es la ‘siesta’. Algo tan simple como un reposo, una ‘dormida’ después del almuerzo o sobremesa, un sueño o ensueño, casi esto último, a veces, llega a ser gratificante.
Hoy, no sé si soñando, me he visto en un ensueño, alguien se me apareció. Alguien que creí maravilloso, quizá sea la necesidad de amor. Pero no me refiero ya al amor físico, me inclino por la necesidad de cariño. Me vi paseando, al borde de una playa, siempre pienso en el mar, ese que no falte en mis ensueños, dos manos se unían, entrelazaban dedos, con apretones suaves de vez en cuando, casi en silencio, bueno no, en silencio. Las miradas eran cómplices, descriptivas. Un renacer de ternura, algo que colmaba la necesidad de un alma inanimada. ¿Es tan difícil añadir ese óleo necesario para que dejen de chirriar los ejes de esa máquina desengrasada? ¡De ilusión también se vive!, título de un famoso filme, pero es necesario incentivar la llama. En ello y continuando con el ensueño de esa siesta, me vi, paradisíacamente, renaciendo de un espíritu adormilado.
Llegó a mi el renacimiento, casi barroco, pero con espíritu de sosiego. Había que digerir el ‘tiempo perdido’. Marcel Proust, genio francés de la literatura de finales del siglo XIX, dedicó su mejor obra ‘ A la busca del tiempo perdido’, en francés conocida, simplemente, como la ‘Recherche’ (la búsqueda).
Los ojos se fundían en sus miradas, todo estaba dicho.
Soy todo amor, solo espero correspondencia.
Espero que mis siestas sean mas reparativas que filosóficas. Pero no viene demás pensar en que el ‘amor también existe’. No me voy a explayar en mas detalles, en ocasiones, esas siestas son realidades amorosas activas, imaginarias, pero muy activas.
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