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Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLIII)

...Tras ese aseo hecho a regañadientes, no conocíamos otra comodidad, pero resultaba un deficiente sistema, llegaba el momento de los deberes del colegio, hasta la hora de la cena. En casa, mi madre muy ordenada, aunque no controlaba bien el sistema de cuentas, con su paupérrima pensión y el modesto salario de mi hermana, distribuía, como si de una contable se tratara y hacía varios apartados del dinero para los pagos regulares mensuales, alquiler de piso, luego fueron los gastos de comunidad, electricidad, gastos en comestibles, productos de limpieza para el hogar, carbón o petróleo, dependiendo del momento, para la cocina y hornillo, pues, esas cuentas le salían a la perfección. Si había para algún filetillo de vaca, en casa, se comía tanto a primero de mes, como al final, se llegaba con lo justo, pero con ese orden y compaginando con otros alimentos mas económicos, se cumplían objetivos que no ocurría igual en todos los hogares, estaba muy arraigado el hecho de comprar al fiado. En tiendas de ultramarinos, llamadas con posterioridad mantequerías, donde se adquirían legumbres al peso, harinas, patatas, conservas, etc, era muy frecuente que, el llamado tendero (despachador de la tienda), llevara una libreta, donde anotaba, lo dejado a deber, por buena parte de la clientela. En muchos casos, se cobraba por semanas y entonces se liquidaban esas deudas y vuelta a empezar. Estas tiendas llamadas de ultramarinos, su nombre provenía de cuando España había tenido colonias en América, y claro se vendían productos traídos de ultramar. Ya en este momento, se vendían solo productos nacionales.
Durante la cena oíamos programas de radio, bien noticias, los llamados ‘partes’, por extensión de la cercana pasada guerra civil, donde se decían los ‘partes de guerra’, luego, popularmente, se quedó con ese nombre para cualquier noticia de diverso índole. Continuando con programas a la orden del día, por las mañanas había, en Radio Madrid, hoy en día la cadena del Gobierno socialista, la SER, concursos de cante, principalmente, copla de tonadilleras, personas aficionadas emulaban a las folklóricas. Abanderado de estos programas fue ‘Conozca a sus vecinos’, patrocinado por la marca comercial Cola Cao. Un presentador hacía la interviú personal de la participante, normalmente, eran mujeres, preguntando edad, aficiones y demás cosas, luego cantaba la canción escogida por ella y, generalmente, había una expresión que nunca fallaba “”¿la puedo dedicar?””, el locutor asentía y la persona se la brindaba a marido, novio, hijos, amistades con la coletilla “”se la dedico a... que me estará escuchando””. Acabado este programa que era matinal y duraba alrededor de media hora. Por los patios de vecindad, las mujeres emulaban a las que había actuado y se organizaba un guirigay de cánticos, era como si unas aves canoras contestaran unas a otra con sus trinos mas o menos desafinados. En la tarde, las reinas de la programación, eran las novelas. Un autor conocido de esos dramones fue Guillermo Sautier Casaseca. Locutores de voz adecuada a los papeles, leían sus papeles, llevando adelante la trama de la novela. Muy famosos fueron Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Matilde Vilariño, Juana Ginzo, Yelena Samarina, Fernando Forner en Radio Intercontinental, otra radio era Radio España y como oficial Radio Nacional de España, Otros muchos locutores que ahora siento no poder recordar. Eran desconocidos para el público, solo sus voces hacían idealizar a cada cual, como pudiera ser su aspecto o presencia. Con el tiempo cuando fueron saliendo sus rostros en alguna revista, hubo muchas desencantos, porque aquellas timbradas voces provenían de personas de aspecto corriente sin más pretensiones. La TV luego exigió voz y presencia, pero la radio era oculta en cuanto a los físicos.
Entre novelas que arrasaron podemos citar a ‘Ama Rosa’, ‘Lo que nunca muere’. En temas de género policíaco, ‘Taxi Key’, en Radio Barcelona, ‘El criminal nunca gana’, en Radio Madrid. El western, representado por ‘El Coyote’ y ‘Dos hombres buenos’, en excepcionales guiones del español José Mallorquí.
Hubo para chavales, después de la salida de los colegios una serie llamada ‘Diego Valor’ que arrasó. Se hicieron tebeos con historietas de un hipotético viaje de un equipo de la Tierra a Venus. Diego Valor, capitán de la expedición, Alberto Portolés, una mujer, Beatriz Fontana, llegan a Venus para combatir al tirano Mekong, maléfico dominador de una raza de color verde, grandes orejas y sin cabello, por el contrario están los pacíficos Artiles, casi parecidos a los terrícolas que pretenden no ser dominados por ese temible y opresivo personaje. Hasta se creo, ex profeso, un himno compuesto por el músico Rafael Trabuchelli y músicas de fondo del ruso Prokopiev, (afamado autor de ‘El amor de las tres naranjas’).
Diego Valor fue interpretado primero, por Eduardo Lacueva, siendo sustituido pronto por Joaquín Peláez. El papel de su amada Beatriz Fontana corrió a cargo de Juanita Ginzo, en un principio, seguida por Alicia Altabella y María Romero. Los restantes personajes fueron interpretados por Javier Dastis, Fernando y Daniel Dicenta, Encarnita Plana, María Jesús Cuadra, Rafael Fúster, Julio Montijano y Mario Moreno, entre otros actores del elenco de Radio Madrid.
Rematando comentario sobre esta serie de ficción, atípica en esos 50, estaba Kira, la guapa princesa hija de Ur-Toel, jefe de los pacíficos ‘artiles’ y que se enamora del segundo de la expedición Alberto Portolés.
Fue todo un éxito, tanto el relato radiofónico, como los tebeos.
Continuaré, ya metido en ello con programas de radio...

imagen: aparato radio antiguo

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLII)

... No seguiré un orden determinado de juegos, pero trataré de dejar la mejor explicación de sus desarrollos.
En el juego de fútbol, el más sencillo, dado que no revestía de inversión prácticamente, una pelota de goma o trapo como ya expliqué. Entonces, eso del balón de cuero que, por cierto, los existentes de la época llevaban una badana, cosida en diversos dibujos, muchas veces en pentágonos, en su interior una bolsa de goma esférica, esta se inflaba con una bomba consistente en una barra hueca y otra que entraba y salía, terminando en una punta mas fina, al ejercer esa presión de émbolo, se insuflaba aire, cuando se consideraba lleno, se taponaba y la badana, se cerraba con una correílla a modo de los cordones de un zapato, por ello, con estos pliegues el balón siendo esférico tenía sus deformaciones, en los profesionales, existía una mayor perfección en su acabado. Pues para seleccionar equipos de 4 o 5 jugadores, los recursos humanos no nos daban para más, dos de los considerados líderes, por saber jugar algo mejor, echaban a pies. Se ponían uno frente a otro como en un duelo y poniendo talón sobre puntera, alternativamente, cada uno se llegaban a juntar, el que conseguía introducir el último pie completo era el que elegía primero, entonces, de nuevo, turnando estas opciones se formaban los equipos. Generalmente, los partidos se programaban al que primero llegaba a 10 goles, las paredes de la calle, a veces te servían de compañero, porque tirabas la pelota en diagonal contra la pared y, claro te la devolvía, eludiendo al contrario. Jugábamos varios partidillos y terminábamos agotados, pero estábamos en nuestra salsa.
Salíamos del colegio a las 5 y cuando la luz del día lo permitía, dependiendo de la estación del año, estábamos hasta que casi no veíamos, previo habíamos bajado el modesto bocadillo de mortadela, por entonces algo bastante económico o el trozo de barra con una breve onza de chocolate que había que hacer diabluras estratégicas para llegar a un correcto final, las mas de las veces algo imposible, el chocolate, por lógica, se acababa antes, pero no se despreciaba el resto del ‘mendrugo’. Otras veces el relleno era con aceite y azúcar, o aceite y sal, al gusto de cada uno, y algo más lujoso cuando se untaba una mantequilla aderezada con algo de azúcar. Embutidos en general, ni verlos. Solo alguno que tuviera familiares de algún pueblo y, en ocasiones, en visitas familiares les traían algún chorizo o chacina de propia elaboración, también estaba el ‘foigrás’, como se decía vulgarmente, no había llegado el sonido francés a mis oídos como para pronunciar ‘fuagrás’ o ‘paté’, este, por supuesto era de cerdo, en latitas pequeñas, otras veces queso de bola, blando, amarillento por dentro y una llamativa costra, no comestible, de color rojo intenso, en fin cierta variedad aquilatada a las modestias hogareñas. De cosas así, podría extender algo mas, pero este es un ejemplo suficiente, eran las de diario. Bueno la limitación en el juego también estaba impuesta por los deberes a realizar, pero esto dependía de la responsabilidad de cada chaval, porque en las casas no se ocupaban demasiado, al no estar ellos tampoco en muy buena disponibilidad de cooperación, yo cuando me quedé sin padre, mis dudas me las tenía que solucionar como pudiera, mi madre, no estaba en disposición de poder colaborar y mi hermana trabajaba y ya ciertos conceptos del Bachiller se le escapaban, ella no lo había hecho. Había preparado prácticas para estar en oficina, escribiendo a máquina o tomando notas taquígrafas.
En esos partidos de fútbol, dependiendo de la época del año, siempre terminábamos sucios, en verano polvo y sandalias o alpargatas, en invierno embadurnados de barro y zapatos duros o botas de piel vuelta, se teñían dependiendo del tono del barro. Los más aseados, cepillábamos, con un duro cepillo de cerdas, previo mojado con agua e incluso con saliva. El aseo personal del cuerpo, al no haber duchas, se calentaban en los fogones cazuelas u ollas con agua y se vertían en un barreño de cinc. Un estropajo y un jabón verdoso o amarillento, eran los complementos del acicalamiento. Métodos a la última, como veréis y eso los que teníamos, ‘todos estas cosas’, otros muchos, ni eso...

imagen: bocadillo de actualidad, lo menos parecido a los descritos. Jajaja

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XLI)

... como dije y repetiré en mas de una ocasión, el tramo de nuestra calle, era breve y con solo dos casas de vecinos, un tostadero de café iniciaba la calle, según se entraba a mano izquierda, las dos casas de vecinos, una fundición de hierros en ruinas. Enfrente toda la fachada lateral de un cuartel de la Guardia Civil y como la calle no tenía salida, pues remataba el cierre, la trasera o muro de un viejo horno, en su parte frontal. Al existir solo dos casas de vecindad, no teníamos mucha concurrencia de chavales de una edad similar, entorno a los 8 u 12 años, los que éramos nos apañábamos para compaginar diversos juegos colectivos. En general no nos juntábamos con las chicas en esos juegos solo, esporádicamente, compartíamos algunos, pero ya nos fijábamos en ellas, teniendo cada uno su platonismo sobre alguna.
Citaré a algunos o casi mayoría de los que, sobre todo, cuando jugábamos al fútbol, con una pelota pequeña e incluso de trapo recosida por alguna de las madres, nos servía para esta práctica. Las porterías las acotábamos con unas cuantas piedras a modo simulado de los postes. Entre ellos estaba Valentín, ‘el Valen’, era muy normal utilizar el mal uso de ‘el’ o ‘la’ delante del nombre, diminutivo o apodo, ‘el Goyo’, Roberto’, Pablo, Antonio, Fernando, Toñín ‘el sardina’ (que era su apellido), ‘Genín’ (de Eugenio), el Olalla (apellido), el Maxi y claro falto yo, ‘el Fito’, diminutivo de Adolfo y recortado en su parte final, esto era algo que me ponía malo, con los años me llegó a traer sin cuidado, sobre todo cuando algún vecino me identificaba así. En las chicas, estaban Juani, Mari Juana, Mari Tere, María Elena, Caroli, Carmina, Angelita, Tere Taravilla (digamos mi primer y principal platonismo, recuerdo que cuando ya teníamos 14 o 15 años, ella era 2 años mayor, fuimos a dar algún paseo juntos, sin mas, no nos llegamos a tocar ni la mano. Mª Carmen Mozas. No creo que me deje a nadie muy relacionado. Cuando chicos o chicas pasaban de los 15 o 16 años, ya eran parte del primer grupo de los mayores y la mayoría ya trabajaban en algo. Los chicos fumaban, en su mayoría vestían de mono por oficios varios, durante la semana, los domingos se acicalaban y se ponía un traje con camisa y corbata, normalmente, el único que servía para varios años y se iban de bailes. Los de nuestra edad, los niños, era un mundo aparte.
En próximos relatos describiré juegos al uso...
imagn: pandilla de chicos dispuestos a jugar

¿ALGO DEL DÍA?

¿ALGO DEL DÍA?

Pues, últimamente, no soy nada habitual en ver, leer u oír noticias, pero es imposible librarse, los telediarios manipulados coinciden con horas de comida y cena. Escuchando radios como KissFM, especializada en música o Intereconomía, su nombre lo dice, cada media hora meten cuñas de noticias y una y otra vez durante el día destacan lo que creen que más procede. Como digo, sobre todo los telediarios, se cuecen en las cocinas de los partidos que dominan, el Partido Socialista tiene especialidad en el manejo mediático, desde que el expresidente González, concediera todo tipo de privilegios al Grupo Prisa, con su Presidente, Sr. Polanco y después de tanto criticar al Sr. Urdaci, como un derechista a ultranza, han colado en TV1 a todo su equipo y esas noticias se elaboran como trajes de alta costura, hechas a medida conveniente y manipuladora. Además, fuera de casa, en el bar donde gesto estos y otros modestos escritos, degustando una cerveza fresca y con un aire acondicionado no muy bien aplicado, escaso, dos pantallas de TV, con el tono inaudible, pero pantallas visibles, amén de recetas culinarias, tan de moda, ahora que cada vez se cocina menos en las casas; amarilleos y rosáceos programas, dignos del más vulgar voyeurismo, ese Gran Hermano de los ‘famosos’, nos ponen al corriente de sus azarosas y escabrosas vidas, con la atención de tantos videntes que les encantan esas aderezadas y ‘ejemplares’ biografías. Yo te dejo, tu me dejas, él o élla se dejan..., despliegue de verbo que puede ser antónimo de Yo me arrimo, tu me coges, él o élla se juntan... Todo un ejemplo a seguir, pero si nos vamos por el lado opuesto mucho mejor. Ahora le ha tocado un protagonismo, hipócrita como siempre, al Sr. Rodríguez, sin sonrisa (sin ella no es nadie), enlutado, con cara de circunstancias, se somete y nos abruma con un exceso de explicaciones y de actuaciones correctas. Y Bono, no el cantante de U2, precisamente, Bono el defraudador, el que trató de expulsar al ejército de sus prácticas en la Comunidad de Castilla La Mancha, en Cabañeros, cuando él era el señor feudal, ahí le tienen de Jefe Civil del Ejército, pasando revista a nuestras afamadas Fuerzas. ¿Qué pensaran estos profesionales, cuando un advenedizo, les pase revista militar?. ¡Que cosas tiene la política!. Pues ese tandem, Rodríguez-Bono, son las ‘estrellas’ de la tele, tratando de explicar lo inexplicable, les cuesta trabajo a ellos creerlo y nos endilgan sus historias a nosotros. Hacen distinción de muertos, los del triste Yakolev, con los de los trágicos helicópteros.
¡QUÉ CARA MAS DURA!

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XL)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XL)

... Un grupo de niñas y niños de varios colegios del entorno, íbamos en procesión con el mismo destino, allí, en aquella parroquia, recibimos la ‘primera ostia’, sagrada por supuesto, dicho con ironía, pero no con irreverencia. Bueno pues ese día ‘oficialmente feliz’, los niños y las niñas, procesionábamos camino del templo, dando un esplendor candoroso al ambiente callejero.
Aún en las mermadas situaciones de las economías hogareñas, en casa se hacía un esfuerzo excepcional para congregar y reunir a unos familiares y amistades. En mi caso, en un conocido hostal modesto de la zona, llamado Hostal Sancho, en el paseo de la Delicias, frente a la estación ferroviaria del mismo nombre ( hoy en día en desuso y destinada a Museo del Ferrocarril), se ofreció un desayuno, con chocolate a la taza, surtido de bollos y vasos de leche para ‘desatascar’. Con el tiempo esas celebraciones se han ido haciendo ostentosas, llegando a reunirse en almuerzos lujosos.
Cambiando de tercio y tema, el tramo de la calle de Ciudad Real, donde vivíamos (creo ya he descrito algo de ello) estaba sin asfaltar y sin luz eléctrica, en los veranos se provocaba un polvo desértico e insoportable, por el contrario en los inviernos había unos pastosos barrizales, pero como chavales, sin mayores exigencias, acostumbrados a eso, disfrutábamos de un espacio cómodo y si peligros para jugar. La calle además no tenía salida. Como solo había dos casas de vecindad, al final de la calle, le llamábamos ‘el rincón’ dada su cerrazón a otras salidas y allí teníamos mejores oportunidades de aislamiento. Al contar con los consabidos recursos materiales, teníamos que desarrollar la imaginación para encontrar alternativas variadas de entretenimiento. Aparte de la penuria económica, la técnica, poco evolucionada, hacía que compensáramos la escasez con la búsqueda de recursos diversos que nos proporcionaran entretenimiento y que dividíamos en estacionales...
(de ellos iré tratando y desarrollando)
imagen: calle Ciudad Real, el llamado 'rincón' hoy en día.

NUESTROS SOLDADOS - ¿Por qué diferentes puntos de vista, ahora?

NUESTROS SOLDADOS - ¿Por qué diferentes puntos de vista, ahora?

No quería tocar este asunto. Es delicado, Es doloroso. Pero no soy el único, ya sé ‘ocupan otros’, suficientemente de airearlo en ‘su beneficio’. Ésos que establecen diferencias y siempre les salen las cuentas a su favor. Les da lo mismo si estas cuentas son de muertos, ellos las traducen en votos. 17 hombres, 17 personas, 17 soldados fallecidos. ¿Un accidente?. Si es así, esto hubiera podido ocurrir en la provincia de Jaén, pongamos por ejemplo, pero ha ocurrido en Afganistán, ese lugar tan ‘pacífico’ y diferenciado de Irak ¿verdad, Sres. Rodríguez y Bono? No quiero ni pensar si llegar a ocurrir en Irak. ¡Dios mío! ¡Qué pequeña se hubiera quedado la Puerta del Sol!. La saga de los ‘Bardem’, el Almodóvar, la musa de la Comunidad de Madrid (1 millón de euros por publicitar esta zona, pagados por un gobierno de derechas), nuestra ínclita Ana Belén, su marido, el del abuelo picador de la mina asturiana y toda la intelectualidad que ¡cómo no! se tiñe de bermeja.
¿Sé puede ser intelectual no siendo ‘rogelio’?. De eso nada, ese don ese privilegio, no se tiene con el azul.
Problema añadido a la economía nacional es el aspecto comercial de la venta de telas y pinturas para fabricar y decorar las pancartas que acostumbraban, hace poco, a llevar constantemente, esos ‘toreros muertos’ a modo de capote, para exhibir su protagonismo.
¿Dónde están los colgajos y estandartes balconarios? “NO A LA GUERRA”; “NUNCA MAIS”. ¿Por qué esas diferenciaciones?. Murieron unos, han muerto y desgraciadamente morirán otros. ¿Son diferentes los de ahora a los de antes?. ¡DESCANSEN EN PAZ!, Pero Sr. Rodríguez, déjelos descansar, no los utilice. Sus ‘asesores’ le sacan partido a las tragedias nada más. Gobierne Vd., si es capaz, que lo dudo, a todos los españoles, como prometió. Pero un sabio antecesor suyo, el Sr. Tierno, dijo, jocosamente, que las promesas estaban para no cumplirlas. Quizá es lo único que ha aprendido Vd. bastante bien.

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXIX)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXIX)

(Después de mi estancia en el Hospital, retomaré poco a poco el rumbo de mi nave y continuar la ruta establecida)
... Llegados a Madrid, en ese mes de marzo de mediados los 50, me llevaron a un modestísimo colegio, sin nombre específico, se le llamaba popularmente el de D. Santiago, maestro que en 3 o 4 habitaciones de modesto tamaño montó unas clases. Era en la calle del Ferrocarril, 14, próxima y paralela a la mía, era en el segundo piso, casa ya muy antigua entonces y sigue existiendo, remozada, pero ya claro, el colegio desapareció. Las llamadas aulas, por decir algo, estaban bifurcadas, costumbre de la época, me refiero a que estaba la discriminación de los chicos y las chicas. En cada una de ellas, diversos niveles, dependiendo de las edades que oscilaban entre los 8 y los 12 o 13 años, utilizando un tipo de enciclopedia que abarcaba las diversas materias al uso. Gramática, Geografía, Historia de España y Universal, Historia Sagrada, Aritmética, Geometría, Urbanidad y algo en torno a la Política, con la influencia del régimen. A los chicos, el propio D. Santiago, como dije, director del centro, personaje orondo y apariencia bonachona, aunque no toleraba que nadie se le sublevara y con algún que otro tironcillo de orejas y, en ocasiones, muy aisladas, para desobediencias más extremas, algún palmetazo en la mano. Él se encargaba de instruirnos. De vez en cuando formaba equipos y a estilo concurso proponía retos mediante preguntas variadas.
En el aula contigua, una señorita, a mí en aquellos momentos me parecía muy guapa y que vivía en el cuartel de la Guardia Civil, por tanto hija de algún número del Cuerpo, regentaba la clase de las niñas. En una tercera aula, mas reducida, estaban los que se iniciaban para preparar el ingreso en el Bachillerato, hacia los 9 años y los que ya cursaban 1º, 2º,etc. Un joven, imagino que estudiante de nivel superior, apellidado Luengo, era el encargado de llevar esta clase. El Bachillerato Elemental, constaba de ingreso, cuatro cursos y una reválida que ‘remataba’ una demostración de lo realizado en esos años anteriores y otorgaba el diploma y título en el que se mencionaba el estudio cursado. El examen de ingreso se realizaba en Institutos, llamados de Enseñanza Media. A mí por sector me tocó hacerlo en el llamado ‘San Isidro’, situado en un viejo convento de la calle de Toledo, todavía sigue existiendo, intacto en su fachada y solo con alguna actualización interior, adaptada a los tiempos. Este Instituto estaba al lado de la Colegiata Catedral de Madrid de San Isidro, hasta que hace unos años se otorgó el título catedralicio a la, por fin acabada, Catedral de la Almudena, patrona de Madrid. Bueno ese examen de ingreso, lo superé sin demasiados agobios, con la preparación que llevaba de mi padre, era mas que suficiente.
Ese mismo año, como llegamos a Madrid al inicio de la primavera, llegué a tiempo de que, en el propio colegio, me prepararan para hacer la obligada primera comunión, que se concelebró en la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, en la actual calle de Rafael de Riego, antes Batalla de Brunete. Ahí un 26 de mayo, vestido, uniformado, con un traje gris, de pantalón largo, con solapas de raso, un librito-catecismo y un rosario, todo un lujo para la época. Otros formatos, eran los trajes blancos, llamados marineros, por ser similares a los uniformes de los marinos y otros en tono blanco hueso. Las niñas, vestidos largos, vaporosos, con manos o menos puntillas, blancos, diademas para el pelo e, igualmente, librito con tapas anacaradas y rosario...

imagen: una panorámica de una primera comuníón

Postoperatorio ( y III)

... como decía, la vara ya estaba torcida, difícil es enderezarla, sobre todo cuando la energía y la ilusión disminuyen. Pero al menos sería deseable una relación aparente, más acorde. No sé si esto llegará a ser posible. Entonces consecuencia de ello, la continuación de “”Mi bitácora. La nave de mi vida””, puede ir al pairo. Nadie va a perder mucho.
Entre mis pocas virtudes, escasea la constancia, ya amenacé, no sé a quien, que no era mi fuerte. Trataré de esforzarme, porque capítulos manuscritos tengo bastantes mas de los publicados pero, hay que transcribirlos.
No obstante, nadie sentirá demasiado ver que mi nave quede varada o encallada en cualquier parte de cualquier costa.
Como remate a todo esto, una curiosidad final, en mi estancia en el hospital desde los días 7 al 13 de agosto, he leído un libro, algo habitual en mí, pero hacía tiempo no lo practicaba, había tomado otros derroteros culturales. El libro se llama ‘’Los ojos del tuareg’’ de Alberto Vázquez Figueroa. Curiosamente, sin pretender elegir este tema, trata de la supervivencia ante las dificultades.
Bueno, nada prometo, pero continuaré algún capítulo. ¿A quién le interesa? Jajaja. ¡Qué presuntuoso!

Postperatorio (II)

.. Pero no hace falta ser muy sagaz para notar desapego emocional. Tengo espejo comparativo. Hace 8 años, cuando me operaron del corazón, para colocarme la válvula aórtica artificial, tras angina de pecho, su atención tuvo otros tintes, no me extenderé mas sobre ello, creo que poco le interesa a nadie. Además, un afamado escritor y columnista del diario ABC, Juan Manuel de Prada, emplea mucho una aparente modestia al decir que ‘las 3 o 4 lectoras que le soportan’; yo diría que las mías no son ni 3 ni 4 y por tanto no me tiene que soportar, las mías son invisibles, lo mío es como ‘predicar en desierto’. Es duro decir que, egoístamente, preciso de atención. Soy persona de poca consistencia y cimientos, acostumbrado a encontrarse todo hecho, me crié en régimen de matriarcado y ya es tarde para cambiar.
Si existe alguien que me estime y lea, podrían decir que estarían dispuestas a... pero, ya se sabe, cada uno tiene su vida y no la va a abandonar por mí.
Yo quisiera recuperar la confianza familiar. No es fácil. Esa situación, aún llegando, tampoco sería el ideal, porque los años no pasan en balde y si durante tiempo ya existió cierto desmoronamiento, algo habitual, en las relaciones largas y quien diga lo contrario es hipocresía, porque por ello, de una forma u otra, de pensamiento, palabra u obra, hay doble vida. Algo que nunca se piensa en ello, pero un día se descubre y algo renace, se descubren ilusiones, aunque no sean alcanzables. Pero se viven...
(Queda un cierre o último capítulo)

Postoperatorio (I)

Digamos que, a pesar de un proceso ‘normalizado’ no me encuentro nada radiante. No estoy en un buen momento. Me encuentro algo asustado, mejor dicho no algo, me encuentro agobiado. Quizá mi parte malhumorada y depresiva ha encontrado caldo de cultivo en mi endeble estructura psíquica. No pretendo presumir ser el mas infeliz o desdichado de los mortales pero, tampoco estoy haciendo comparaciones, me siento así y así lo explico.
El resultado provisional de la intervención que me realizaron el día 11 de agosto pasado, la extirpación de un pólipo en el colon, no ha tenido contratiempos palpables, deberé, no obstante, esperar al informe prometido conclusivo.
Sí he sufrido bastante en los preparativos. Yo, miedoso ante los pinchazos, me he visto asediado por las agujas buscando mis maltrechas venas para múltiples analíticas y, para remate, me ha provisto de jeringuillas, para un mínimo de 10 días, 2 diarias y ser, yo mismo, el practicante y el practicado. Mi aversión y mi temor a las agujas y objetos cortantes han sido siempre considerables. Nunca llegué a imaginar que yo sería autoinyectante.
Segunda parte, digamos la emocional, mi mujer, Maribel, ha estado en todo momento, día y noche conmigo. Me lo prometió, cuando me sintió agobiado, a pesar de mis infidelidades, solo virtuales, pero para ella suficientes. Me prometió su colaboración y asistencia y ha cumplido en ello...
(He dividido en 3 capítulos (mis servilletas de bar) esta narración. Ahora no me encuentro con ganas de seguir, las tengo escritas a mano, pero debo pasarlas a ‘nivel de escritura para publicación’.

Tema Sanidad Personal – (Servilleta Especial)

Tema Sanidad Personal – (Servilleta Especial)

No sé sin algún momento he llegado a mencionar, no me importa, en cualquier caso, reiterar, que mis artículos los garabateo en la ‘servilleta de un bar’, esas vulgares y simples, algo rugosas y endebles de textura y que llevan impreso un “Gracias pos su visita”. He tomado tal costumbre en ello que, como me encanta manuscribir, desarrollo mis ‘ocurrencias’, trasladando las que salen de mi cerebro a mi ‘compañero’ bolígrafo, con mas o menos fluidez, dependiendo del momento de inspiración. Luego lo escrito en este soporte lo traslado a un archivo de Words, al que llamo ‘Rincones’, nombre debido a que me encanta escribir en el rincón de la barra de un bar, donde por lo menos por un lado, nadie te puede agobiar. Al lado un vaso abombado y achatado contiene unos dedos de whisky Dyc (segoviano de crianza), unas piedras de hielo y hasta arriba con un complemento, bien de agua o de soda, hace de ‘tinta para mis ideas’, aunque no es que me sea necesaria esa colaboración, es una costumbre.
Bueno, como siempre hago, antecedo el tema propuesto a desarrollar, con un extenso prólogo. Hoy lo he titulado “SANIDAD PERSONAL” y viene al caso, porque mis lectores (jajaja, ¡qué jactancioso, no sé si alguien se atreverá) deberán abrir un paréntesis en su avidez por devorar mis narrativas. En este caso no es un “Cerrado por vacaciones”, es una citación médica para ingresar en el Clínica de la Concepción de Madrid, el próximo día 7, para la extirpación de un pólipo en el colon. Es tal el pánico en que me sumerge la citación que me tiembla hasta el pulso y eso que, ahí mismo, pasé, hace 8 años, por una operación de corazón extracorpórea para la implantación de la válvula aórtica metálica que llevo. Pero el presente es el que manda y la simple idea de recluirme en un hospital, encima en habitación compartida, con lo que representa para mí la privacidad. Este manojo de nervios me tiene condicionado, aterrado pero, sacando fuerzas de flaqueza, os amenazo, a mi regreso, con nuevas publicaciones incluso, si mi estado de ánimo lo permite, alguna se geste en esa residencia temporal, aunque el lugar no sea el más idóneo para desarrollar positivismos, ni el lugar ideal para inspirar alegrías.
Por tanto como digo, no desesperéis, es bueno descansar de tanta profundidad filosófica, además al hilo del mes vacacional por excelencia, es bueno y conveniente para vosotros un reposo de mis lecturas (jajaja, mis abuelitas tiempo ha, que fallecieron...)
La estancia en ese lugar será entorno a una semana, yo suelo decir 7 días que, aunque parezca lo mismo, no es lo mismo referirse a 1, como número que a 7 y con ello me creo que será mas tiempo que el que desearía estar que, lógicamente, sería “0”.
¡HASTA PRONTO! ¡ESPERO!.

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXVIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXVIII)

... Siguiendo con mi padre, fue autodidacta, pero muy instruido, la curiosidad grande que sentía por todo le hacía ampliar conocimientos constantemente. Modestia aparte, alguno de esos genes me transmitió, porque yo tuve mas formación académica, pero a mis años actuales, sigo investigando y rebuscando para actualizarme en cualquier novedad para conocer algo, aunque, tópicamente, diré como el ateniense Sócrates “solo sé que no sé nada”, pero sin ánimo de presunción, ni de pretender acercarme a él, solo un modesto epígono que pudiera mencionar ese texto.
Mientras vivió a mi hermana y a mí, como ya indiqué, nos llevó por la senda de aprender mas y mas, pero sin severidad, sin atosigamientos, tratando de hacer digerir los conocimientos, casi a modo de juego, pero incitando a la participación. Dejó una huella indeleble en nuestra formación. Mi hermana, 9 años mayor que yo, en algún momento solicitaba de mi madre, intercediera para liberarse de alguna de las tareas impuestas, pero mi madre no se prestó, consideró lo lógico que todo lo que se le ‘exigía’, era por su bien. Mil veces luego se agradecieron estas tareas, contribuyeron a un mayor conocimiento y aún mejor sentido de la responsabilidad.
A mí, personalmente, me aficionó a la ‘geografía’, llegué a conocer a los 9 años todas las capitales del mundo, no dudaba a que continente pertenecía cada país y con mucha aproximación en los mapas, localizaba de inmediato la situación. Yo tenía memoria, pero era el trabajo constante ‘impuesto’ el que reverdecía y ponía al corriente mi ‘mentecilla’, muy abierta a almacenar información. También hablábamos de historia, se practicaba lectura y escritura, aprendizaje de máquina de escribir, método ciego, en una vetusta máquina portátil de segunda mano que adquirió el año 35, pero que todavía estará almacenada en algún lugar de la casa de mi madre, también me introdujo en la filatelia, algo que él practicaba en plan económico y modesto, guardaba todo tipo de sellos que se encontraba en su camino, en aquellos tiempos la correspondencia por este medio era la utilizada y después adquiría las series de España que se iban tirando por la Fábrica Nacional de Moneda y timbre, a esto unía alguna adquisición de ejemplares, principalmente, ya usado, en el mercadillo dominical de la Plaza Real de Barcelona y, posteriormente, en la Plaza Mayor de Madrid. Los álbumes se los montaba el mismo, delineaba en folios, cuadrados o rectángulos, de pendiendo de las medidas de los sellos. Tenía unas pinzas pequeñas, para no poner las huellas sobre ellos, los nuevos y muchos de los usados, con papel celofán les hacía fundas, para evitar el deterioro de su superficie y dentado, una pequeña lupa a la que le hizo un soporte de madera, para la mejor observancia de detalles mínimo en la estampilla. Clasificaba las hojas por países ordenados por orden alfabético y un catálogo que renovaba de vez en cuando, para una mejor clasificación. En fin una modesta parafernalia para esta afición acompañada de su paciencia y constancia, de ambas mis genes no ha recuperado demasiado. Continuando con las ‘lecciones’ impartidas por tan preciado ‘maestro’, no fallaban las ciencias naturales y por supuesto la aritmética, prácticas diarias me hicieron ser un aventajado chaval en cálculo mental, nunca utilicé dedos para hacer cuentas, todo el mérito atribuible a tan peculiar maestro. Incluso ya en aquellos tiempos, me anticipó unos pequeños conocimientos de vocabulario en francés e inglés, siempre ignoré como él tenía en su ‘almacén’ tanta variedad de contenidos, era como una modesta pero, práctica enciclopedia andante y la podías abrir por cualquier página, siempre encontrabas algo instructivo.
Mi hermana se benefició de esos aprendizajes de manera que sin tener ninguna titulación académica oficial en los trabajos que desempeño como secretaria, primero, con 17 años en una gestoría y después del director general de una importante empresa de ascensores, hoy en día Zardoya-Otis, en aquellos tiempos era la suiza Jacobo Schneider, S.A., donde yo empecé a trabajar con 16 años, algunos meses antes. Pero ese será tema para su momento.
Con mis precisiones, me he saltado algo en el desarrollo de nuestro retorno a Madrid. Así que retrocedo para dar cuenta de ello.
Retornamos mediada la década de los 50, volvimos al piso de alquiler de la calle Ciudad Real, fue en el mes de marzo...

Mis temores como consumidor culinario

Mis temores como consumidor culinario

Siempre ha existido y existirá el melindre, el remilgado ante cualquier uso o consumo de diversos objetos y, muy especialmente, cuando el tema alimenticio ha estado por medio. Aún, pretendiendo no serlo o planteárselo, ¿quién no ha reparado en alguna ocasión? y, posiblemente, con toda la razón ante la entrada en unos servicios sanitarios públicos, bien de la calle o de establecimientos. Cientos de veces he visto en restaurantes personas que, previamente, utilizaban su servilleta para frotar los cubiertos y el borde de los vasos, como curiosidad comentaré que mi cuñado, lo hacía hasta en su casa, sabiendo la garantía que representaba su madre, exagerada, en limpiezas de todo tipo, escrupulosa y detallista pues él no iniciaba una comida sin dar un buen lustre a todo utillaje. Pero ya en lo tocante a la comida fuera de casa es mejor lanzarse al vacío sin paracaídas, sino no comerías nunca. No dudo de la profesionalidad de una gran parte de los manipuladores del medio, incluso hoy en día las autoridades exigen un carné de manipulación, pero estos formalismos desaparecen una vez que el ejecutor está en su medio. La teoría es una cosa, la práctica es otra. Una cosa es saberlo y otra llevarlo, correctamente, a cabo y no digamos si das con un irresponsable que ‘olvida’ las conductas mínimas exigidas. No llegué a ver, pero en estas últimas vacaciones, un advenedizo camarero de comedor, no de la plantilla habitual y ya entrado en añitos, aparte de otros graves problemas, le vieron algunos clientes, limpiarse su rostro sudado y su nariz con servilletas de tela que aunque ya había sido usadas por el comensal, según me contaron, no dejaba de ser una desfachatez y detrimento para la sala donde prestaba sus servicios, afortunadamente le prohibieron de inmediato la incorporación a su puesto.
Hice el servicio militar, se supone que en las cocinas de aquella época, la limpieza dejaba bastante que desear Por experiencia sé que en alguna ocasión que me tocó fregar platos después de la comida, emulando a los veteranos, cogíamos los platos de docena en docena y los sumergíamos en un pilón con agua algo enjabonada que, claro, para nada desaparecía la grasa. Luego un paño mugriento, servía para secar pilas y pilas de plato, con lo que cuando se sacaban para un nuevo servicio, así si que era necesario pasar la servilleta por todo el menaje. Llegué a tener alguna vez un compañero en la mesa que en el vaso de vino que nos daban se daba el gustazo de escupir, con lo cual se hacía el amo del contenido, pero algo que no era denunciable, hubiera estado mal visto.
Esta mañana, leyendo un recorte de periódico del día 30 de julio pasado, la articulista Rosa Belmonte, hacía comentario sobre un cocinero de restaurante de lujo que se jactaba que la primera ministra, cuando lo fue, Margaret Tatcher, cuando iba a esa lujoso restaurante, había degustado de su esperma como mínimo en cinco ocasiones, dice la articulista que al ser una política, podían existir indicios de cierta venganza, pero lo que no deja lugar a dudas es que el alardeo del asqueroso personaje era, como mínimo, para tenerle una semana, sino mas, ‘saboreando’, sus propias heces aliñadas con su propia orina.
¿Alguien opina que soy un juez muy duro?

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVII)

... Llegado el óbito, cuento como era el sistema en aquel momento, ante estas circunstancias y hechos. Lo llevaron a casa desde el sanatorio en una ambulancia, como si todavía viviera. Entonces no existía ni la idea del Tanatorio, el fallecido o lo hacía en casa o desde el hospital se le llevaba y allí se le velaba, durante el día y luego toda una noche. Familiares, vecinos, amistades, abarrotaban las pequeñas viviendas y ocupando hasta las escaleras, ya que no había lugar para tanta concentración. En la habitación del matrimonio, desmontaron el mobiliario y allí con una plataforma, esquinada por cuatro velones, situaron el cadáver. Se rezaban rosarios, se hablaba bajito, señoras de negro llorando, como las antiguas plañideras bíblicas, elogiando la figura desaparecida. Como dijo mi suegra en años posteriores referido a cuando alguien moría, comentando que ‘era el día de las alabanzas’, en ese momento, todo el mundo había sido bueno, poco a poco, salían a relucir los defectos, pero en ese momento puntual, únicamente se mencionaban las bondades. No sé quien tendría la infeliz idea de, esa tarde del 1 de octubre, con mis 12 años, un niño, antes éramos mas niños, me introdujo en la habitación como para enseñarme a mi padre muerto y despedirme de él. Durante mucho tiempo guardé en mi limpia mente aquella estampa y estuve aterrorizado una temporada. Demostrado está, además leí hace poco una explicación técnica, al poco de fallecer hay algunas células que perduran mas tiempo con vida que otras y, precisamente, las que tienen que ver con el cabello y las uñas, resisten algo más, entonces al encoger la piel algo debido a su función paralizada, hacen que el cabello y uñas como digo, crezcan algo y eso se destaca y, como digo, esa impresión que detecté inmediata, se me quedó grabada y me creó un miedo insoportable.
En aquel nuevo orden mi hermana pasó a dormir con mi madre y claro yo me quedé solo en la habitación, pero al detectar ese terror que me dominaba, hicieron milagros para introducir mi cama, que era de las llamadas guardadas y me sirvió para sentirme algo más protegido. Mi madre idolatraba a su marido. Debió ser persona muy especial porque toda la vecindad y conocidos le tenían respeto y gran estima, acudían a él en solicitud de cualquier asunto en busca de su consejo.
Tenía empaque, señorío, elegancia, respeto por el prójimo, dialogante. A su mujer, mi madre, muy inferior a él en términos culturales, le instruyó con paciencia y amor, en todo tipo de actitudes y comportamientos. Mi madre agradeció mucho esa colaboración y puso tanto empeño en superarse que hasta le solicitaba le pusiera deberes y ejercicios, tal como hacía con nosotros, para aprender.
Él, con cariño y siempre en privado, corregía alguna conducta errónea que ella, en su ignorancia, pudiera manifestar...
(imagen. estampa de funerales)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVI)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXVI)

...Bueno hoy inicio el tema haciendo un pequeño paréntesis para la actualidad, el motivo es que como estoy escribiendo el artículo un 19 de Junio pues tengo que decir que es mi cumpleaños, además de mi aniversario de boda, fecha que elegimos en su momento, porque como nos pensábamos casar en junio, entonces hicimos coincidir el evento.
Bien, pues aclarado este asunto, retorno a la continuación de mi derrotero.
Aunque sea triste, es la pura realidad. Mi padre fallece, como dije en el anterior capítulo, tras haberle operado para ver la posibilidad ínfima de salvarlo. Crudo pero auténtico un afamado doctor apellidado Tamames, en la clínica de Nª Sª de la Merced, en la calle de Ríos Rosas, le dice a mi madre, así, que solo hay dos opciones, ambas fatales o fallece, que será lo más normal, o tendría que ir a un manicomio, nombre de la época de los centros que albergaban a los ‘locos’, dejándose de eufemismo. Si esa era la cruda y real alternativa, bendita la hora en que falleció. En la operación obligaron a que un representante familiar estuviera presente. Esta severa labor la soportó mi tío Valentín, el marido de la hermana de mi madre. Como privilegio especial, yo, a mis pocos años me fue permitido entrar a verle, se ve que fue una prerrogativa a la ‘despedida prevista’ clínicamente. Justo en esa tarde un 30 de septiembre, pareció que una mejoría alumbraba esperanzas, hasta llegó él a decir que pronto retornaríamos a casa. En esa madrugada, como anunciaron los facultativos, falleció...
(imagen: aunque remozado, Sanatorio donde fue operado mi padre9

Historias para no dormir

Historias para no dormir

Me resulta hasta difícil iniciar este relato. Tengo la idea, pero vacilo sobre como redactarlo o proponerlo. Aunque es autobiográfico, a mí mismo, que soy el actor y autor, pues a mí mismo, recalco, me sorprende.
Precisamente es la sorpresa la que origina este intento de ensayo. La sorpresa se basa en la reacción producida por una seria de acontecimientos imprevistos no buscados. Es difícil escribir sin guión, sin esquema, sin una sinopsis que regule la trama, pero trataré de ir dándole forma.
Soy imprevisible, quizás lo haga a salto de mata, pero he ahí el quid de la sorpresa, la improvisación. Bien pues un ‘mozuelo’ de cincuenta y varios años, se incorpora al mundo de internet. Había tratado de contenerse. Algo sé conocía y sabía que le iba a ‘consumir’ mucho tiempo. Su inquietud de saber, rayana en el agobio, su intento de abarcar todo, como si fuera un humanista de la Edad Media, sabía que podía absorberlo, aglutinarlo. Desistió, en principio, pero pensó que los años vuelan y si no lo intentaba ahora ¿cuándo lo iba a hacer?.
La inmersión en ‘internet’ como se presumía y, además, con cierta lógica fue algo desbordante. La propia falta de programación, preparación, conocimiento del medio fue, en algunos casos, como un torrente incontrolado, sin ramblas donde desembocar, arrasante. En principio hubo problemas con la conexión, tras múltiples llamadas con Telefónica, empresa a la que conecté, e incluso hasta cambio de módem, la cosa se fue poniendo en marcha. Pero como pruebas de inexperiencias y precipitación abrí correos diversos, demasiados, de tal manera que como no son posibles las bajas, tuve que desistir del uso 2 o 3, divididos según temas que quisiera tratar. Me apuntaba ( sin peligros aparentes) a llevar y conocer temas económicos, de bolsa, deportes, idiomas, diccionarios, enciclopedias, ciencia, cultura, sorteos, meteorología, prensa en general, nacional, provincias y digital, en fin un sinfín inabordable al que no daba abasto y tuve que ir cediendo algo pero, a pesar de controlar mas, actualmente, me sigo abrumando con que quererlo abarcar todo. Soy insaciable en estas investigaciones, inquieto, ambicioso, pero ya sé sabe el refrán lo dice “el que mucho abarca poco aprieta”, bueno no es ese el caso, siempre queda algo de zumo, al exprimir tamaña fruta, pero se derrama también bastante y, falta la concentración necesaria para que el jugo sea intenso. Formas de ser, caracteres. Requiere de freno y organización para un mejor digerir pero, estas son disciplinas en las que no me contengo muy bien. Bueno al cabo de año y medio estoy algo mas fijado, pero vienen riadas incontenibles.
Otra cosa es el uso, pero de eso no voy a sentar cátedra. Puede ser cultural e informativo, su parte más racional, pero se pueden caer en errores y tentaciones. De eso sabe cualquiera que toque este asunto.
Titule “Historias para no dormir”, porque sería capaza de no dormir en mas de una ocasión con tal de seguir tocando temas, asuntos, visitando, observando, viendo, jugando, entrarían infinidad de gerundios en esta descripción. Vayamos a dormir de vez en cuando para repostar energías.

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXV)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXXV)

...Volviendo al hilo de mi niñez en Barcelona, pues ya pocos cabos sueltos hay, claro, que yo recuerde, he exprimido mi cacumen para relatar al máximo y si salieran serán como retrospectivas. (no me gusta utilizar el término sajón ‘flash back’ tan usado en temas cinematográficos).
Al cerrarse el cuerpo de la Fiscalía de Tasas, donde mi padre prestó sus servicios combatiendo el estraperlo posguerra, es posible que tuviera alguna oferta de quedarse a trabajar allí pero, entonces, la familia tiraba, vivían los padres de mis padres y además le dieron una indemnización que les debió de parecer suficiente para iniciar un nuevo arranque de vida en Madrid, quizá ciudad mas adaptada a su modo de vida, aunque la permanencia en Barcelona nunca fue denostada por ellos. Así que mediada la década de los 50, nos trasladamos a Madrid. Mi padre, sin empleo y difícil de conseguir, imagino que pasó malos momentos, un hombre cultivado pero autodidacta, encontró una representación de lejías y jabones de una empresa de cierta fama en aquel momento, llamada ‘Lejías Catarineu’. Por lo visto, después de patear la calle todo el día conseguía unas exiguas comisiones. Hasta con el tiempo supe que se sacó un carné para hacer de extra de cine como caballista ya que con su experiencia en la Guardia Civil, tenía alguna experiencia.
Le salió un buen empleo de tipo oficial como inspector y controlador del proceso de la fabricación de galletas existentes en España. Este al parecer se le presentó a través de un inquilino de la casa donde estuvo de portero mi abuelo Cipriano y que ya hice alusión a él . El decano de la Facultad de Derecho de Madrid, D. Manuel Torres López, por cierto haciendo una retrospectiva de esa casa, en la calle Serrano 21, otro de los inquilinos, me ha venido ahora a la mente, fue Adolfo Torrado, gallego, escritor y guionista de cine, su hermano Ramón Torrado, fue director de películas. Pues bien con ese trabajo de inspección tuvo que viajar para recorrer las principales fábricas de esos productos. Este trabajo que también fue provisional, duró alrededor de un año y le proporcionó un sueldo razonable, amén de dietas, le brindó la oportunidad de un buen trabajo. La importante firma vasca en la época y que creo hoy sigue existiendo “Galletas Ártica”, le nombró delegado de su sucursal en Madrid pero, la vida es dura, triste, cuando, posiblemente, encuentra el trabajo de su vida, su fijación definitiva, un maldito e inoportuno derrame pancreático, dio al traste con todo, se lo llevó por delante en cuatro días, él un hombre ordenado, no bebedor, poco fumador o casi nulo, con salud, aparente, de hierro, a los 49 años dejó este maldito sistema, donde tanto hijo de puta vive a perpetuidad. De ahí mi alejamiento de la creencia en un ser superior justo y equitativo, lo siento, pero así lo vi y lo veo...
(imagen: un producto de galletas Artiach)

La tristeza ( y II)

La tristeza ( y II)

... La tristeza invade al propenso. ¿Quién es el propenso?. Normalmente es propenso el que sopesa demasiado los pros y los contras de las situaciones, profundiza excesivamente y en su ‘batidora’ saca conclusiones que lo abisman a esa situación.
El origen de las causas es muy diverso, los escenarios que provocan este estado son múltiples, familiares, laborales, relacionales, noticias ‘non gratas’, recesos en la consecución de metas marcadas, etc. Serían inagotables los manantiales de aguas turbias que la generan. Hacerse ‘el sordo’, ‘el ciego’, ‘el tonto’, etc. No es la solución, el melancólico piensa y piensa. Como inicio de uno de los escritores universales, paradigma del buen describir, el italiano Dante Alighieri, en su inmortal obra ‘La Divina Comedia’ la inicia con esta expresión “Nel mezzo dil camin di nostra vita mi retrovai per una selva oscura...”. (Traduzco. “En el medio del camino de nuestra vida me encontré en una selva oscura...”. Pues en esa selva no hay machete que destruya tanta liana, que le abra camino al afligido. Antítesis, pero se da, la alegría del triste. Esa es encantadora. El amargado converso, en ese momento, supera en alegría al optimista. Ansía tanto un cambio de estado que estalla de júbilo ante esa inesperada pero deseada situación.

La tristeza (I)

La tristeza (I)

Siempre me gustaría iniciar un tema concreto definiendo el título que lo preside pero no soy un diccionario por mucho que haga uso y abuso de ellos. Entonces me sería muy cómodo acudir al DRAE, tomar el apunte de su descripción, diseñado por un consenso de eruditos lingüísticos, aunque tengan sus detractores, en ocasiones y no siempre les den todo el crédito, y con estos datos hacer un ‘pegado’ al estilo informático al encabezamiento de mi artículo. Pero yo prefiero desarrollar mi punto de vista, ¡ojo! mi punto de vista, insisto, sobre el tema propuesto mediante cierta muestra de situaciones que rodean mi vida o la de personas conocidas que me aportan indirectamente en el trato con ellas, ideas para los comentarios.
Siempre mi extenso preámbulo antes de entrar al desarrollo del tema propuesto. Pero intento, con ello, demostrar el sentido que pretendo darle. Tristeza, antónimo de alegría, es un estado del ser que deteriora su integridad, le encoge, le achica, se autocompadece, oscurece la visión de su entorno ¿Le lleva a ello el pesimismo?. Puede pero, las mas de las veces, es auténtico realismo. La tristeza hay que asumirla, comprenderla, estudiarla y a raíz de ahí, buscarle el antídoto. Corregirla, transformarla. Fácil resulta, casi siempre, la teoría, pero llega la dura realidad que es la aplicación de ella, la práctica y da al traste con el empeño.
El triste no quiere ser y estar triste, lucha y combate por salir de ese estado amorfo, pero si en su lucha no encuentra mas que obstáculos le llega a faltar fortaleza para batallar y aún cuando intenta con denuedo la superación, la iteración de contratiempos lo sumergen todavía mas en las profundidades abismales. Le llega la melancolía, una de las derivaciones de la tristeza...

¿Números en orden?

¿Números en orden?

Es curioso, me siento en el ‘rincón’ del bar. Una luz halógena directa ilumina la servilleta que acabo de coger. Nadia, la camarera marroquí, me ha servido mi whisky segoviano en un vaso bajo, ancho y abombado, unas piedras de hielo y un poco de agua mineral. Un platito de panchitos recién fritos con algún aditivo picantillo. Mis gafas de farmacia para leer y escribir, mi entrañable bolígrafo. Griterío molesto de la tele, retransmite At.Madrid-Mallorca, a pesar del ruido yo me abstraigo y me dispongo a escribir. Un problema, mi cabeza está ‘llena’ pero, a la vez, ‘vacía’. Nada se me ocurre sobre que escribir y, sin embargo, quiero escribir sobre ‘todo’. No estoy un momento óptimo, los últimos informes médicos, las limitaciones impuestas, me hacen replantear un giro costumbrista de mis maneras habituales. Sé que la vida no se soluciona con una copa, pero son de las pocas cosas en las que me salgo de los estrecho límites marcados. Mi próximo viaje también me excita, los viajes siempre alteran mis nervios, no lo puedo evitar, esta vez mas y eso que el viaje es vacacional y al sitio donde acudo habitualmente en la costa malagueña. Solo tratando de llevar mi mente hacia cosas positivas, que también las hay, afortunadamente, puedo distraer algo las preocupaciones.
Entonces, al poner la fecha de encabezamiento de la servilleta veo la curiosidad de unos números ordenados (03/04/05), consecutivos. Siempre me ha gustado jugar con los números. Les he buscado algún sentido, alguna curiosidad. Hoy por ejemplo se me ha ocurrido que la fecha y la hora del fallecimiento del PAPA, si se suman, por separado las dos dan el mismo resultado: la fecha (02/04/05) = 13, la hora (21:37) = 13, no hablo por lo del 13, no creo en supersticiones, me refiero a la coincidencia.
Pues la vida no debe circunscribirse a una situación de combinaciones o números ordenados, dejemos que ellos se alineen y conformen como si de un sorteo de lotería se tratara y, entonces, elijamos bien el número que queremos jugar, a ver si con un poco de suerte acertamos.