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Anormalidades depresivas

Anormalidades depresivas. 26/10/05

No sé porque pensé que unos días, apartado de cierta rutina sedentaria aunque sea de mi agrado, hago cosas que me gustan hacer me iban a propiciar un nuevo y renovado optimismo del que siento de vez en cuando necesidad. Una imaginativa ilusión, una iniciativa intensa en mi forma de expresión. He visto que no. Claramente observo que mi hábitat natural, donde me muevo, es el medio más idóneo para poder manifestar mis divagaciones diversas, mas o menos constructivas o edificantes.

Esperaba que esa ansiada contemplación del mar que, en ocasiones, me deja absorto y que tanto me cautiva y embelesa diera cierta humidificación a mis inspiraciones. No digo que no hayan dejado su impronta. Esa espuma blanca y el vaivén de unas olas que parecen atraerme hacia ellas algo habrán influido y mi danza de ideales y sino seguro que han sido como una recarga de emotividad aunque casi deseara retornar a mi rincón. Si, indudablemente, han sosegado, en parte, mis revueltas inquietudes, no todas del cariz deseado, no ha sido tampoco como un bálsamo en extremo suavizador, aunque hayan sido sosiego de enervamiento y espíritu agitado y poco controlado.

Mi trémula imaginación, cual ave migratoria desorientada, no es capaz de encontrar el lugar adecuado para el anidamiento de alegrías y esquivar mis decaimientos.

Sí, me siento preocupado ante tanta fragilidad. Nunca fue mi fuerte la entereza interior, en otros aspectos de la vida tuve firmeza, en el laboral por ejemplo, en el de un continuo esfuerzo de instrucción y aprendizaje, pero muy vulnerable ante las contrariedades que la vida siempre depara.

En el momento actual creo rozar un estado depresivo, sin explicaciones propias, los peores, porque al desconocer el origen son mas difíciles de encontrar los antídotos necesarios. Estoy temeroso, tembloroso, irritable, poca energía vital, mucho hastío. Veo las situaciones a través de mi cristal ahumado; se nublan mis pensamientos, noto incapacidad de expresión, cuando ésta es una de mis pocas y modestas cualidades. Trato de imaginar, de soñar algo alegre y mi ofuscación inexorable hace naufragar la pretendida ilusión.

Estas balbucientes líneas las inicié hace unos días, estando mirando mi estaque azulado, mi mar, al fondo, no fui capaz de continuar y ahora a mi regreso a Madrid, aunque algo recuperado, en mi mesa del bar, releo el inicio de mi ‘servilleta’ y veo que la situación no ha variado demasiado en cuanto a lo que sentía.

¿Seré capaz de avivar algún positivismo?. Me siento acomplejado y como en un círculo vicioso o laberinto intrincado. Mis reacciones no colaboran para desarrollar mejores opciones.

Siento, lo siento de verás, si alguien lee estas líneas tendrá una sensación que me desagrada transmitir a través de este maremoto de melancolía.

Curiosamente, en el hotel donde hago mis escapadas y, por tanto, tengo varios conocimientos nacionales y extranjeros, en mi forma de mostrarme, con cierto desparpajo simpatía excesiva, según mi mujer, doy un reflejo y estampa que confunde lo escrito anteriormente, pues como mi modesta ‘defensa’ en varias lenguas y mis comentarios de apariencia optimista provocan una imagen personal que no da la apariencia de ese abatimiento que interiormente noto.

Trataré de superar ese negativismo que me embarga y amarga y procuraré que se puede reactivar y superar este mal trance.

Sé que ello me supondrá una búsqueda de brío que, a veces, contradictoriamente, colabora mas a hurgar en las heridas del espíritu.

Prometo intentarlo.

 
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