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Momentos inesperados

Momentos inesperados Nunca la vida nos advierte de situaciones que se puedan dar. En general, y lógico, renegamos de que lo normal se interrumpa, no se cumpla, no tenga un seguimiento, claro está, el devenir habitual, si es de agrado, enerva cuando algo falla. Llegamos a pensar que el destino y el tiempo son nuestros y si hay interrupciones nos contrariamos. No digamos si estos recesos se van ampliando. Nuestra capacidad de comprensión se desvanece. Por ello, curiosamente, recurriendo de nuevo al refranero “No hay mal que 100 años dure”. Entonces surge el que al albur, el azar, hace que ‘suene la flauta’. ¡Bendito soplido emergente de los belfos del rucio.! “Y sonó la flauta, por casualidad” que dice la fábula y ahí nos sentimos como lo mas afortunados del mundo, tan dichosos que, casi, los sinsabores recolectados con anterioridad, se diluyen en la almibarada alegría de un encuentro fortuito, inesperado y bien aprovechado.
Estos momentos no se deben desperdiciar, hay que acariciarlos con suavidad, pero a la vez sujetarlos con firmeza para que no vuelen como mariposas que posan solo a libar el néctar de las flores y se escapan hasta una próxima vez. Si podemos prenderemos a esa mariposa y en sujeción firme, pero delicada, veremos la sutileza de las alas de la mariposa, sus colores, sus dibujos, nos regocijaremos y nos la aprenderemos, pero no le haremos ningún daño y cuando hayamos disfrutado suficientemente de ella, liberaremos sus alas y la esperaremos hasta el próximo momento en que vuelva a posarse.
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