PARTIDA DE MUS HISTÓRICA (23/02/06)

Al vasco, al vizcaíno sobre todo (en este y otros terrenos), se le trata de fanfarrón, al madrileño de chulo y bocazas, pero creo que estos apelativos, referidos a este juego no deben tener connotaciones de confrontación, son de interpretación festiva.
Pues yo fui un advenedizo a la práctica del mus. En Madrid y ya con 32 años hice mis primeros escarceos o incursiones en juego ‘tan mentiroso’. Verbalmente todo está permitido, puedes decir, con la boca todas las mentiras que quieras, luego lo que si es estricto en que hay unas señas fijas, a base de guiños, labios, cejas y ojos, hasta los hombros puede participar, no así las manos, que estas son estrictas, si se hace una seña falsa se puede llegar hasta perder una partida, además de las discusiones que suscita, porque el que hizo el gesto falaz, tratará de demostrar que fue algo intuitivo, sin darle importancia y el que le vio realizarlo no se bajará de su burro y dirá que todas esas explicaciones son pamplinas. ¡Difícil llegar a un acuerdo!!. Mi puesto de directivo comercial bancario casi me obligaba a tener conocimiento sobre ello, ya que después de las famosas comidas, llamadas de negocios, era casi preceptiva la partida de mus.
Ya digo aquí había varios estilos el parlanchín que no paraba de ‘largar’ embustes embaucadores, estaba el más reservón, un poco al estilo póquer, el que ‘se tiraba a la piscina’ sin flotador y sin saber nadar y el que se lanzaba en paracaídas pero desde un muro de metro y medio, es decir un batí burrillo de interpretadores de unas reglas establecidas, pero que permitían, de momento ser mentiroso verbal.
Bien este prólogo casi normal en mí, con cierto retraso, pero viene a cuento de esa proposición de esa cadena de radio que quien no recuerda lo que hacía aquella tarde del 23 de febrero de 1981, pues yo estaba enganchado a una de esas partidas, entonces el dueño nos vino con la noticia y le tomamos a cachondeo, pero cuando nos puso la tv del salón y lo vimos, sobre la toma del Parlamento y el próximo toque de queda salimos todos echando leches. El resto de la noche pues ya sé sabe pendientes del televisor. Afortunadamente y sobre todo por las consecuencias que hubiera podido ocasionar de enfrentamientos otra vez entre el pueblo, todo, gracias a nuestro Rey, por muchos que no le den la importancia necesaria se quedó en agua de borrajas. Libertad, si mucha libertad, pero bien administrada, no sea que se salga el agua de la cocción, para eso tienen que haber políticos consecuentes que estén pendientes de la olla y no echan demasiada madera al fuego. Los españoles somos impulsivos y tenemos un punto de cocción delicado.
0 comentarios