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Los hijos (XII)

Los hijos (XII) ... Con relativos esfuerzos, entre juergas y libertades, inopinadas en épocas anteriores recientes. Tras algún tropiezo mas o menos importante en los estudios, llegan a esa etapa de barrera que supone la criba de la selectividad. La selectividad, orientada y consensuada por padres y profesores y contando, claro, con la opinión del ‘actor’, debería establecer si es preciso, por obligación, ser ‘universitario’ ¿o es orgullo paternal? Directriz, ¡qué mi hijo no sea menos...!
Dentro de los malos planes de estudio que se suceden al pairo de las conveniencias políticas, existen unos estudios de menor renombre, pero cuantas veces más prácticos y productivos. Salvo una auténtica vocación no se debería ‘obligar’ al paso universitario. Esas formaciones profesionales, aparte de necesarias para la sociedad, son en muchas ocasiones, de mejor salida. Aquí el padre si tratará de intervenir con su autoridad ¡qué diría sino luego en el trabajo a sus compañeros! ¿Cómo justificaría este ‘tropiezo’. Aquí la madre, a estas alturas, ya comparte bastante menos, por no decir con ningún ardor las ideas del macho, ni otra muchas cosas, se pinchó el globo, sin embargo, en este caso se une a la autoridad marital. ¿Qué diría a las amigas, en la peluquería, a las vecinas...? De estos envanecimientos paternales saca producto el ‘actor’, se le avecinan algunos años de algún esfuerzo pero dotados de gran dosis de beneficios. (Siempre estas partes rotundas y negativas, las achaco a esa juventud, que se dicen rebeldes, el clásico Viva la Virgen).
Esa selectividad criba y distribuye a los ‘chicos’ a las diferentes llamadas ‘salidas’ y muchas veces los colocan donde menos se lo esperan, de ahí tantos fracasos...
(Imagen: examen de selectividad)
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