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PASIÓN POR LA LIBERTAD - XL SEMAMAL1019 DEL 6 AL 12 DE MAYO

PASIÓN POR LA LIBERTAD - XL SEMAMAL1019 DEL 6 AL 12 DE MAYO Inicio como en otras ocasiones exponiendo el artículo del periodista para una mejor comprensión posterior a mis comentarios:“”””Qué difícil es arreglar las cañerías teniendo que mantener el grifo abierto», sentenció Adolfo Suárez en el Congreso de los Diputados una tarde en la que discursaba acerca de la construcción de la casa común española. El entonces presidente se refería al complicado proceso mediante el cual hubo de cambiarse un régimen, su legislación, su sistema de relaciones entre Gobierno y ciudadanos, la propia estructura del Estado y otras nimiedades, tareas todas ellas hercúleas para un hombre solo, pero necesitadas de un hombre que, en soledad, asumiera el difícil liderazgo del desafío histórico del momento. Suárez comprendía que, hasta ese momento, la sociedad española había vivido sometida a una especie de determinismo histórico y que era necesario inculcarle un concepto moral de libertad; para ello había que eliminar el determinante y granítico obstáculo de la confrontación y garantizar un ansiado sueño de muchos, la reconciliación. Ése, a grandes rasgos, fue el trabajo milagroso de Suárez, que venía de las entrañas de la Administración anterior y podía desmontar, ladrillo a ladrillo, el edificio vetusto de un régimen agotado. Cuenta Federico Quevedo en su interesante libro Pasión por la libertad (Ed. Áltera) que el primer presidente de la democracia siempre consideró que la única manera de lograr la libertad era teniendo el valor de no buscar culpables del pasado, de no plantear la historia de España como un drama entre buenos y malos, de no remover cenizas antiguas, sino de colocar los cimientos del futuro. Ésa fue la trascendencia de la Transición, más allá de los elementales cambios en el Código Penal o en el ordenamiento estructural del nuevo Estado de las Autonomías. Queda todo ello claro en este libro confeccionado a partir de los documentos públicos de Suárez, del que Adolfo Suárez Illana, el hijo de nuestro hombre, ha aclarado que no se trata de unas memorias, sino de los planteamientos que guiaron su acción política en el Ejecutivo y en la UCD. Me consta que a Suárez le ofrecieron un auténtico cheque en blanco para que escribiese un relato memorizado de su etapa al frente del Gobierno, pero éste siempre se negó. Como sabemos, desgraciadamente ya no está en condiciones para recordar y elaborar un análisis intelectual de aquellos años de tránsito y arrebatos: la salud del hombre que creyó en el consenso como único camino para salvar la carrera de obstáculos de los años que siguieron a la muerte de Franco es hoy una salud absolutamente resquebrajada.

La enseñanza de la época –aunque él mismo dejara claro que las circunstancias y los pasos que se dieron no son trasladables a cualquier otro lugar y tiempo– no ha servido para crear una tradición política en España. Hoy, lamentablemente, se pervierte a diario la esencia misma de la democracia, esa que el profesor Sosa Wagner centra en la soberanía popular, la que se ha transformado en un sistema partidario en el que los ciudadanos sólo tienen voz cada cuatro años. Y el consenso en aspectos trascendentales brilla por su ausencia. Y no digamos la moderación en la que aquel primer gobierno basó su ingente obra revolucionaria. Hoy, la política española padece de una incontenida rabia que, aun bien de no traspasar todos los filtros que separan sociedad y esfera política, sí está dejando caer algunas gotas de ácido en las relaciones de los ciudadanos entre sí. Es eso que se ha venido en llamar «la crispación». ¿Existió crispación en las presidencias de Suárez? Indudablemente la oposición que le hizo González fue dura, durísima, injusta en muchas ocasiones, y la que le hizo su propio partido también, pero en lo referente a las cosas de comer sobrevoló un aire de consenso que hizo posibles, por ejemplo, los Pactos de la Moncloa y, con ellos, el inicio de una prosperidad de la que hoy gozamos. Deberíamos resucitar el espíritu de Adolfo Suárez, ya que, desgraciadamente, no podemos resucitarlo políticamente. Resucitar su pasión por los equilibrios, el entendimiento y resucitar la enorme audacia política que demostró poniéndose de acuerdo con el adversario del lugar hacia donde debíamos ir.

Pasión por la libertad. Pasión por España.
“”””Ustedes, prensa prestigiosa del grupo Vocento, maestros del cuarto poder ¿no podrían enviar directamente al Sr. Rodríguez o su Jefe de Prensa, por si en su momento no se enteraron un ejemplar de este ‘articulazo’?.El artículo es de primeros de mayo. Acostumbro a recortar y leer temas cuando me apetece y comento sobre ellos si continúan teniendo vigencia, éste, particularmente, no solo la tiene sino que se acrecienta con el tiempo como los buenos caldos de las vides. El artículo es almíbar de política actual, un amigo indeseable y malvado del Sr. Alzheimer, el conocido y poco reconocido Sr. Suárez, mostró siempre todo el señorío que le caracterizó y esto lo dice un votante del PP al que el Sr. Rodríguez, en su discurso de toma de posesión de un mal ganado gobierno (lleno de argucias y mentiras) prometió que le acogería, como a todos los españoles, (mentira manifiesta y demostrada), nos ha dejado fuera de su ‘mando’ a 10 millones o más de españoles. Por no gobernar, no gobierna ni a gran parte de sus votantes, solo a los abrazafarolas, entonces sino gobierna ni a gran parte de los suyos como va a ejercer para mí que le mira con total desconfianza.

Creo que si tomara como credo muchas de las aptitudes del Sr. Suárez algo saldría ganando este pueblo. Por eso les solicito que, a ser posible, se lo recuerden.

 

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