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HOY ME TOCA A MÍ.

HOY ME TOCA A MÍ. Como veréis vengo renegando, en general, de las celebraciones y conmemoraciones por obligación. Me explico ya hablé en ocasión de conmemoraciones de hechos históricos o acontecimientos por aquello de cumplirse una etapa de determinados terminados en 0 o 5. Hasta en hechos como relaciones y matrimoniales u otras circunstancias se les ha adornado con acompañamientos de nombres de metales nobles como, plata, oro, platino, diamantes, según se hayan ido cumpliendo ciclos. El vivir y el devenir de los acontecimientos debieran de ser cotidianos, vivimos hablamos mucho de ‘carpe diem’, el vivir y ‘disfrutar a ser posible’ del día a día. Ignoro entonces porque que hay que apelar a anualidades, quinquenios y demás expresiones matemáticas para ciertas celebraciones.

 

Se pueden tener fechas como referencias pero, de ello a, hacer una exaltación de cada acontecimiento va un abismo. Expliqué en otros momentos unos casos muy concretos pero, uno de los que más me llaman la atención es el día de la madre. El día de la madre señoras y señores debiera de ser permanente, ella esta a diario pendiente de todo el sistema familiar, si está enferma, pongamos con un fuerte catarro, se mantiene en pie para que no ‘se alborote el gallinero’, los demás en la misma situación ¡hala! a la camita, bien arropaditos que mamá o esposa ya se ocupará de todos. Entonces inventamos un día de exaltación para premiarle, con eso beso especial, ramo de flores o frasco de colonia. De estos últimos detalles se ha ocupado el mundo comercial. El resto del año, muchos desplantes y exigencias. A tono con esta celebración y como, sobretodo, comercialmente salió bien, se inventó el día del padre, hoy en día el de los abuelos ‘los canguros humanos’ que colaboran a la mejora del nivel de vida de la sociedad, cuidando de los niños fabricados para la reposición y a quienes en muchas familias la labor de padres la ejercen los abuelos que van tirando como pueden pero que no están en edad de soportar las cabriolas infantiles.

 

Resumiendo, yo que difiero tanto de la reunión en banquete anual de compañeros de trabajo, precisamente, hoy y por 6º año consecutivo acudo a uno de ellos. Bien es verdad que cuando estaba en activo eludía varios mas, ahora en el descanso del guerrero te sirve un poco, no para recordar, que eso no me importa, sino por el encuentro con alguna persona con la que mantuviste alguna buena relación. En estos grupos hay de todo y no todos te caen al mismo nivel y viceversa pero, una vez más la hipocresía, mi palabra favorita, desgraciadamente la debo de usar en muchas ocasiones porque casi siempre está presente, favorece estos contactos y sonrisas poca francas se entrecruzan en saludos disimulados.

 

Pues eso, era en breve, la cuestión, que hoy me apuntaré a ese carro, donde se sueltan unas cuantas chorradas, alguien discursea alabando el objeto de la reunión y se brinda hasta una próxima ocasión, haciendo el recuerdo de algún ausente que, dependiendo de los años de los concelebrantes se van produciendo.

 

 

 

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