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Coletazos del año.

Coletazos del año.

Separamos ya mas que por estaciones por facetas de la vida. En otra ocasión ya hablé casi de que el punto de partida de cada etapa anual y vital de nuestra vida se iniciaba mas tras las llamadas vacaciones de verano que al inicio de cada Año Nuevo. En una palabra que casi el ritmo lo sigue casi el ciclo  escolar. Ese es el punto de partidas para pequeños, jóvenes y mayores. Proyectos que la mayoría son baldíos, quedan en agua de borrajas (que no debe de servir para nada porque siempre se utiliza con ese sentido despectivo). Se nos muestran ilusionados, pero quizá la caída de la hoja otoñal no colabora demasiado a un ambiente emprendedor, es como ir a la contra de la naturaleza, cuando la hoja pasa del verde al amarillo-amarronado, cuando las flores marchitan, nosotros queremos dar vida a nuevas ilusiones o propósitos.  Y eso que los quioscos de prensa y la publicidad machacona nos incitan, al coleccionismo de cualquier bobada que nunca necesitaremos para nada, nos muestran repetidas series de cursos de idiomas, labores que nadie practica, bolillos, punto de cruz, etc, bricolaje variado, año tras año nos provocan e incitan, se ve que con vender una serie de primeros fascículos les es suficiente para la campaña. No digamos de todo tipo de literatura, de las que se compran los 3 primeros volúmenes.

 Se hace muchos planes pero éstos pronto se convierten en ‘flanes’ se quedan tiritando, sin consistencia. La ilusión es buena, el boceto y planteamiento de un proyecto fantástico, otra cosa es la ejecución y el incumplimiento una y otra vez de estos propósitos va creando frustraciones al demostrarnos que no somos capaces de llevarlo adelante. Decimos a la próxima, pero el tiempo va pasando y nada.

Con la edad los sistemas van variando. Eso lo entienden mejor que nadie las madres de familia dedicadas al hogar.

En su primera fase son esenciales son la base del cursillo de la vida de sus vástagos y marido, todo está coordinado, todo funciona con orden. Siempre tiene todo a punto pero, hoy en día, todavía en la flor de su vida, ya no es capítulo tan necesario, no es tan imprescindible. Los maridos egoístas por naturaleza solo van a por su ‘bonus’, esa condición que cualquier forma de unión se establece como otorgamiento y premio. Amor al principio, luego usar a la carta, cuando a ellos les apetece. Ellas, al no tener independencia económica y sentirse desamparadas, se convierten en dependientes de las apetencias de sus ‘jefes’. Son casi comparables a violaciones asumidas por contrato.

Se me tachará de drástico pero muchas encuestas demuestran la veracidad de esta forma de verlo. La mujer otorga para no perder privilegios, pero con pocas ansias o deseos. Relación sexual solicitada y si se somete a ella todo parece va bien, sino el varón acusará que es la causante de que el se busque la vida y tenga que cometer infidelidades. Es igual, haría lo que quisiera de cualquier manera y eso contando con que no derive en mayores amenazas y peligros. Los hijos, otro capítulo, ellos con tener sus problemas resueltos, comida hecha, ropa limpia con sus marcas bien visibles, disponer de móvil, algo indispensable, dinero para tabaco y disfrute en discotecas con los ‘colegas’, para que dar mérito a una madre, ella les parió, sin ellos solicitarlo, encima en ese momento de ‘concebirlo’ se lo pasó ‘pipa’, así que ahora que se joda y asuma su responsabilidad. Lo que más me gusta es que algún día ellos pasarán por el mismo aro y ya no lo verán tan claro, cuando quieran rectificar y comprender ya han hecho todo el daño.

Y eso que ahora por lo menos muchas mujeres, al trabajar fuera del hogar, poseen otra independencia y en momento determinado puede mandar a tomar por culo a todo lo ingrato que le rodee. Irán ganando terreno y yo mientras viva lo disfrutaré con jolgorio.


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