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Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (LII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (LII) ... se que me dejo muchos en el tintero, en este caso, en el bolígrafo, pero quizás he hablado de los mas comunes o corrientes en el entorno de mi vida de aquella época, ahora me trasladaré un poco a las vestimentas. Éstas eran de lo mas modesto, bueno como todo, los chicos, hasta los 12 o 13 años íbamos con pantalón corto o bombacho (este era largo hasta el tobillo y ahí se ceñía a éste con una goma), llevaban bragueta de botones, la cremallera no se había aplicado a este cerramiento. Calzoncillos y camiseta, blancos de tela, tela de tipo sabana el calzoncillo con una abertura en el lugar procedente para facilitar la salida de la ‘colita’ para hacer pis, y la camiseta, bien de tirantes, yo es la que siempre llevé hasta que hacia los 20 años dejé de utilizar, que era como de un tejido acanalado o liso pero se ajustaba al cuerpo o la de manga corta o larga, mas propicias al invierno, de esas nunca usé. Los zapatos o sandalias, en casos, zapatillas, eran fuertes, suelas de goma, y piel fuerte y duradera. En Madrid existía una popular zapatería ‘Segarra’, de origen castellonense, un pueblo llamado Vall d’Uxó, era el lugar de su fábrica. Esta tienda curiosamente situada en la céntrica plaza del El Callao, en esquina crucial con la Gran Vía, tenía un surtido muy económico, donde buena parte de los chavales nos llevaban ahí para comprar ‘aguerridos zapatos’ que resistieran al máximo las agresiones a que eran sometidos y además perduraran. De una prolongada duración se ocupaba luego el zapatero remendón, oficio muy extendido entonces, donde colocaba medias suelas, tacones, reforzaba punteras, cosía descosidos, etc., todo artesano, todo manual. En esa mencionada tienda, encima tenían una promoción especial publicitaria para la chiquillería, por la compra de un par de calzado, te regalaban un globo de gas con el nombre del establecimiento. En la parte superior del cuerpo, camisillas finas, jerséis de lana tejidos a mano. En mi casa mi hermana era buena especialista. Existían muchas tiendas que vendían madejas de lana, bien por madejas o al peso. En la Plaza Mayor de Madrid, estaba la mas famosa, se llamaba ‘El Gato Negro’ que, por cierto, todavía existe, ha resistido los embates del comercio moderno. Hoy ya no se estila, ni casi se sabe hacer punto. Además sale mas caro. Solo conjuntos para bebés, por la delicadeza de la labor sigue siendo algo artesano. Para estas épocas de mayor necesidad e abrigo existían los tabardos, tipo de chaquetones de paño grueso y burdo, de tamaño tres cuartos que se decía, no completaba como el abrigo, y en muchos casos dos jerséis de punto gruesos y una tosca bufanda. Unas medías de lana hasta la rodilla, cubrían las piernas. Las chicas, algo similar pero claro versión blusa, falda o vestidillo, y de abrigo lo mismo, tejidos de punto. El pantalón era algo todavía ‘prohibido’ en aquella sociedad y calcetines hasta los 14 o 16 años. En el invierno se veían muchas caras y piernas moradas, el frío era mas intenso que el actual, la atmósfera mas limpia daba paso a los aires serranos. En las casas para calentar algo se utilizaba el brasero, artilugio de chapa o hierro, donde se echaba carbón, ahí también había sus categorías en orden al precio...
(haré extensivo este método)
imagen: tienda de lanas El Gato Negro - Pza. Mayor de Madrid
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1 comentario

Paco -

Hay que ver como tenías la cabeza.
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