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Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXVIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida (XXXVIII) ... Siguiendo con mi padre, fue autodidacta, pero muy instruido, la curiosidad grande que sentía por todo le hacía ampliar conocimientos constantemente. Modestia aparte, alguno de esos genes me transmitió, porque yo tuve mas formación académica, pero a mis años actuales, sigo investigando y rebuscando para actualizarme en cualquier novedad para conocer algo, aunque, tópicamente, diré como el ateniense Sócrates “solo sé que no sé nada”, pero sin ánimo de presunción, ni de pretender acercarme a él, solo un modesto epígono que pudiera mencionar ese texto.
Mientras vivió a mi hermana y a mí, como ya indiqué, nos llevó por la senda de aprender mas y mas, pero sin severidad, sin atosigamientos, tratando de hacer digerir los conocimientos, casi a modo de juego, pero incitando a la participación. Dejó una huella indeleble en nuestra formación. Mi hermana, 9 años mayor que yo, en algún momento solicitaba de mi madre, intercediera para liberarse de alguna de las tareas impuestas, pero mi madre no se prestó, consideró lo lógico que todo lo que se le ‘exigía’, era por su bien. Mil veces luego se agradecieron estas tareas, contribuyeron a un mayor conocimiento y aún mejor sentido de la responsabilidad.
A mí, personalmente, me aficionó a la ‘geografía’, llegué a conocer a los 9 años todas las capitales del mundo, no dudaba a que continente pertenecía cada país y con mucha aproximación en los mapas, localizaba de inmediato la situación. Yo tenía memoria, pero era el trabajo constante ‘impuesto’ el que reverdecía y ponía al corriente mi ‘mentecilla’, muy abierta a almacenar información. También hablábamos de historia, se practicaba lectura y escritura, aprendizaje de máquina de escribir, método ciego, en una vetusta máquina portátil de segunda mano que adquirió el año 35, pero que todavía estará almacenada en algún lugar de la casa de mi madre, también me introdujo en la filatelia, algo que él practicaba en plan económico y modesto, guardaba todo tipo de sellos que se encontraba en su camino, en aquellos tiempos la correspondencia por este medio era la utilizada y después adquiría las series de España que se iban tirando por la Fábrica Nacional de Moneda y timbre, a esto unía alguna adquisición de ejemplares, principalmente, ya usado, en el mercadillo dominical de la Plaza Real de Barcelona y, posteriormente, en la Plaza Mayor de Madrid. Los álbumes se los montaba el mismo, delineaba en folios, cuadrados o rectángulos, de pendiendo de las medidas de los sellos. Tenía unas pinzas pequeñas, para no poner las huellas sobre ellos, los nuevos y muchos de los usados, con papel celofán les hacía fundas, para evitar el deterioro de su superficie y dentado, una pequeña lupa a la que le hizo un soporte de madera, para la mejor observancia de detalles mínimo en la estampilla. Clasificaba las hojas por países ordenados por orden alfabético y un catálogo que renovaba de vez en cuando, para una mejor clasificación. En fin una modesta parafernalia para esta afición acompañada de su paciencia y constancia, de ambas mis genes no ha recuperado demasiado. Continuando con las ‘lecciones’ impartidas por tan preciado ‘maestro’, no fallaban las ciencias naturales y por supuesto la aritmética, prácticas diarias me hicieron ser un aventajado chaval en cálculo mental, nunca utilicé dedos para hacer cuentas, todo el mérito atribuible a tan peculiar maestro. Incluso ya en aquellos tiempos, me anticipó unos pequeños conocimientos de vocabulario en francés e inglés, siempre ignoré como él tenía en su ‘almacén’ tanta variedad de contenidos, era como una modesta pero, práctica enciclopedia andante y la podías abrir por cualquier página, siempre encontrabas algo instructivo.
Mi hermana se benefició de esos aprendizajes de manera que sin tener ninguna titulación académica oficial en los trabajos que desempeño como secretaria, primero, con 17 años en una gestoría y después del director general de una importante empresa de ascensores, hoy en día Zardoya-Otis, en aquellos tiempos era la suiza Jacobo Schneider, S.A., donde yo empecé a trabajar con 16 años, algunos meses antes. Pero ese será tema para su momento.
Con mis precisiones, me he saltado algo en el desarrollo de nuestro retorno a Madrid. Así que retrocedo para dar cuenta de ello.
Retornamos mediada la década de los 50, volvimos al piso de alquiler de la calle Ciudad Real, fue en el mes de marzo...
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