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Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIII)

Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (XXIII) ... a través de aquella radio de la época, hoy sería bonita como antigüedad, conocí al inconfundible y a su espléndida voz de un maestro de locutores, competente y supremo narrador de retransmisiones, deportivas, taurinas, siempre bien documentadas, ‘vestidas con el atuendo de la cultura’ de D. Matías Prats, de apellido catalán pero cordobés de nacimiento. Voz clara, diáfana, contundente pero reposada, alteración de tonos solo para dar énfasis y emoción a los comentarios que lo merecían. Su espléndida descripción te hacía ‘visualizar’ la situación de los jugadores en el terreno de juego. Luego con los años, fui conociendo mucho mas de la amplia faceta de este maestro del medio. En Barcelona como segundo equipo, estaba el Español que jugaba en el campo de Sarriá. En categorías inferiores, dentro de la ciudad, estaban el España Industrial, que luego se llamó Condal y fue como un filial del Barcelona, el San Andrés, etc. En pueblos periféricos estaban el Sabadell, Manresa, Mataró, etc, los que representaban a los grandes pueblos industriales de los alrededores.
Cataluña era la región abanderada del deporte nacional. Solo en fútbol, el Real Madrid era capaz de superar el historial en ocasiones. Pero en secciones o deportes como baloncesto, balonmano, hockey sobre hierba y patines sobre todo, natación, atletismo, etc, copaban los calendarios. Quizá por el privilegio de contar con muchas instalaciones por el nivel económico dentro de la penuria nacional, era región favorecida en inversiones y otras cosas.
No llegué a dominar catalán, dado que fui al colegio allí poco tiempo y además en las clases, estaba prohibido, error del franquismo, solo en los recreos se chapurreaba algo. Perdí esa oportunidad que me hubiera enriquecido culturalmente.
En esos años de estancia y residencia barcelonesa, mi padre cogía vacaciones el mes de septiembre y lo aprovechaban para venir a Madrid; el piso de la calle Ciudad Real, se mantenía, dado que algún día habría que volver, una vez acabara el cometido que tenía allí. Además el ver a las familias, mis abuelos por ambas partes, paternos y maternos y otros varios familiares, tíos, residían también en Madrid y el mes servía como época de reuniones familiares.
De la estación de Francia en Barcelona, un tren denominado ‘rápido’, cubría los 625 kms hasta la estación de Atocha en Madrid., oficialmente en unas 12 horas, pero lo normal eran retrasos de unas 2 horas, por lo menos. Hasta en una ocasión en viaje de retorno de Madrid a Barcelona, llegamos a tardar 36 horas, debido a incidentes varios, algo sospechosos. Hablaron de corrimiento de tierras, pero bien pudieron ser atentados de los revolucionarios que quedaban por los campos y que tardaron en desaparecer. Por supuesto íbamos en 3ª clase, en departamentos de 10 personas, 5 frente a 5. Curiosos viajes, vistos desde la perspectiva actual...

(Imagen: Locomotora vapor con su columna de humo arrastrando los vagones de viajeros)
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