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Mi bitácora. La nave en el mar de mi vida. (II)

Ahora en el avanzado devenir de mi vida voy a intentarlo de nuevo.
No pretendo que mi nao ‘OFLODA’ y su capitán Adolfo, despierten en nadie un especial interés, pero alrededor de esta ruta del ‘OFLODA’, sin destino especial, sin puertos previstos para escala, pretende dejar alguna constancia de los momentos y circunstancias que le rodearon y los ojos inocentes, primarios, en su inicio, menos después, pero críticos, según el punto de vista, como yo los vi y comprendí. Haré de cronista de lugares y costumbrismos y situaciones que flanquearon el modesto entorno de mi vida, similar a la de tantos y tantos coetáneos. Situaciones vividas desde una posición sencilla y procurando evitar evocar situaciones políticas partidistas que siempre ladean a la nave a babor o estribor, dependiendo del lado subjetivo. Los historiadores profesionales lo tienen siempre más difícil, porque no puede evitar adoptar inclinarse a un bando u otro, a los aficionados, como yo, nos puede pasar lo mismo, pero al tener menos experiencia nos dejamos influir menos por el decurso de ciertos acontecimientos y mirarlo con una posición ecléctica que, aunque, siempre difícil, sea de una total imparcialidad, pero puede evitar el tratamiento riguroso de los rencores en ciertas pormenorizaciones. Lógicamente, siempre se verá algo el plumero, como vulgarmente se dice, siempre se adopta alguna postura, eso no quiere decir que sea la más correcta. Opiniones tiene que haber para todo y discrepancias bien entendidas son, hasta, razonables, sino estaría todo clonificado como en ‘Un mundo feliz’ de Aldous Houxley. No obstante, siempre hay personas, de cierta influencia, mediáticas, a las que les interesa y compensa implicarse en hacer de su vida un abanderamiento de postulados partidistas con lo que fomentan polémicas innecesarias y avivan los rencores como plantación y semilla de enfrentamientos.
Al referirme a estos últimos comentarios, y es tema que evitaré al máximo, quería significar las indelebles huellas que acontecimientos como la cruenta guerra civil del año 36 dejaron cicatrices que, parece mentira, después de 70 años, sigan suscitando y fomentando la división entre los moradores de una nación con mas de 500 años de unión, rica en variedades y costumbres, distinguida por las características de sus moradores que en grandes momentos compartieron éxitos y calamidades que parecen, por algunos, son, premeditadamente, olvidadas y pretenden un segregacionismo en momentos donde, a la vez, se quiere fomentar un espíritu de europeismo. Ese fatídico enfrentamiento entre radicalismos de orientación fascista y comunista fue, pírricamente, ganado, si así se le puede llamar, por los primeros. Impusieron sus criterios radicales, pero no hubiera mejorado mucho con el triunfo de los segundos, habrían cometido felonías similares, en este caso bajo el apadrinamiento de la orla soviética, no menos despreciable que la fascista. Ambas, polos opuestos, se atraen, como regla física. Además, la mayoría de los ciudadanos que vivieron esos momentos eran apolíticos y muchos analfabetos, esto último fomentó su manipulación, y ellos no pretendieron ser rojos ni azules, les tocó el color según el sitio de residencia y, claro, solo oían y aceptaban las proclamas de cada bando. Pero como digo y ya lo dejo, si mal lo hicieron los sublevados, mal lo hubieran hecho los soliviantadores que, en nombre de una denostada democracia, iniciaron torpes desmanes, lejos de las deseadas libertades y si hubieran sido los vencedores, ahí tenemos el ejemplo de cómo los países ‘dominados por la URSS’, han recobrado una necesaria democracia, el menos malo de los sistemas, siempre que deje ejercerse con libertad, cosa que no siempre ocurre, en España tenemos ejemplos evidentes, y eso países liberados han tenido que partir de unos escombros y restos dejados por los cabecillas que exprimieron a ‘sus trabajadores y camaradas’ en beneficio de sus terribles mafias y que les han proporcionada vidas opulentas y capitalismos ultras que tanto proclamaron como explotadores y aborrecibles, pero en sus jardines, ellos plantaron esas ‘maléficas semillas’ y que tan buenos frutos les proporcionaron a unos cuantos en detrimento de sus explotados ‘compañeros camaradas’.
Todos en nuestras familias antepasadas tuvimos víctimas en los dos bandos. ¿Por qué alguien se empeña en diferenciar que unos muertos fueron peor o mejor muertos que otros? ¿Por qué solo buscamos restos y osamentas de las sufridas víctimas de un bando? ¿Por qué aprovechamos esas tragedias, para llevarlas a las urnas? ¿Por qué fomentamos el odio radical?. Dicho todo esto, que sería interminable, procuraré virar mi nave para que no escolle en las aristas rocosas de políticas destructivas, aunque a veces serán inevitables rasguños que habrá que calafatear en buen puerto. Eso sí, deseo que nadie me ubique de antemano en babor o estribor, en un sotavento o barlovento, sin analizar previamente la carta de ruta. A veces iré al pairo, pero trataré de que el velamen se oriente por los vientos de la razón. Los buenos vientos, los favorables vientos.
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