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MAYOR CALIDAD DE VIDA

MAYOR  CALIDAD DE  VIDA Me iba a referir, en especial a la mujer, pero creo quedaría incompleto mi comentario además de ser injusto. La visión que quiero plantear no es fácil de presentar. Pero como por algo me debo decantar, me inclinaré por temas alrededor de mi edad. Y tomo como modelo a mujeres y hombres de entorno a los 55 años. A ver como lo explico. En esta edad hace unos 60 años, empezando por la mujer, ya estaba caduca para todo lo gozoso, no para las obligaciones. Había concluido su ciclo fértil, algo que hoy en día también es normal, pero no solo se había ido y acabado en eso. Su propia fachada e imagen era ya de ‘abuela anticipada’ en total decaimiento corporal y presentable. Pelo e higiene si, limpieza, pero sus cabellos se reunían en moño mas o menos de recogida, atuendos y vestimentas de tonos oscuros más cerca del negro que de otro tono, caras lavadas con agua y jabón oleoso de aceites caseros. Un mandil o delantal, símbolo de su dedicación culinaria, manos descarnadas por el frote de las ropas contra la tabla sinuosa de madera de lavar, para restregar la ropa contra esos pliegues, escobas rudimentarias, rodillas enrojecidas por el arrastre de las mismas a través de los suelos de la casa, con un cubo con agua y lejía y una bayeta que una y otra vez recorría los suelos. Planchas de hierro calentadas en fogones, el mullido de colchones de lana para suavizar la dureza de la lana apelmazada. Cosidos y zurcidos de cualquier agujero, algo normal, en aquellas ropas desgastadas de toda la familia y si a esa ‘modesta labor’ le restaba algo de tiempo se utilizaba éste para tejer jerséis con aguja y lana comprada al peso o se hacían puntillas a ganchillo o a bolillos para remates  de ropa interior o tapetes de mesa. Esas tareas las hacía los lunes pero el ejemplo cundía hasta el domingo inclusive.
Capítulo diferente, el hombre trabajaba sí y bastantes horas, aportaba el jornal para rellenar modestamente las ollas y pucheros, pero al acabar su jornada, muchos paraban un rato en la taberna al chateo y conversaciones sobre trivialidades de escaso interés. El nivel cultural dejaba bastante que desear y los más cultos apuraban café y jarra de agua en grandes cafés donde con esa consumición pasaban sus horas rellenando papeles con la idea de publicar algo, con suerte, algo de gran dificultad, claro está. Cuando volvía al hogar, volvía a mesa puesta, apuraba la escudilla y terminaba en la cama, donde si le quedaba algún arresto, pero solo pensando en él, utilizaba a la ‘parienta’ de desahogo, sin otro objetivo que soltar lastre. Se colocaba encima y con tres empellones mal dados y sin otras caricias, descargaba sus testículos, en su caso huevos, y la sacrificada como aquello duraba un suspiro, solo sabía que le habían colocado algo en sus genitales y le habían derramado algo lechoso, no sé si se levantaría a lavarse o como lo haría, ella solo había soportado esos empellones de un cuerpo maloliente y sabía que hasta dentro de unos días no debería de soportar de nuevo la vejación. Como no sabía defenderse, nunca entendió que era un orgasmo ni lo supo, y claro una masturbación era insólita y desconocida.
Eso si el hombre a los 65 años se liberaba del yugo que llevaba puesto desde los 8 o 10 años. La mujer se liberaba de su tarea el día que la colocaban dentro de una caja de toscas tablas, la enterraban y le rezaba un responso.
Hombres y mujeres de 55 años en el año 2006, haced una comparación.
El hombre ha mejorado bastante, pero sigue sumiso a unos trabajos que, aunque no tengan la dureza anterior, son dominantes, lo que pasa es que vivimos tan deprisa que todos nos agobiamos más.  Es más, en general, el hombre hoy en día se presta más a ir de compras de alimentos, colabora algo más, en general, y me refiero en estas edades, los más jóvenes al trabajar la pareja, sienten una mayor obligación de colaborar, aunque la mujer siga saliendo perdiendo en todo.
Pero ¡tate! , Llegamos, de lo cual lo celebro con satisfacción que la mujer actual, de la edad a la que nos referíamos, trabaja y bastante, pero parece un ingeniero a veces con tanto botón ante tanto artefacto toca botones a diestro y siniestro, dobla menos el espinazo, cocina más deprisa. Lavadoras programadas a diferentes niveles, microondas, congeladores, frigoríficos, planchas de vapor, hornos temporizadores, batidoras, licuadoras, tostadoras, planchas de cocina, aspiradoras, robots, colchones de solo estirar la sábana de arriba, la de abajo esta incrustada, etc. Sí, ellas se encargan de todo, como antes, pero la labor es, afortunadamente, bastante más cómoda con tanta colaboración técnica. Como han laborado suficiente la mañana, las tardes ya libres de hijos, claro, en algunos casos estos les complican la vida porque les vuelven a hacer ser madres de sus nietos en edades que ya no les corresponden, lo hacen con todo su amor, pero eso es salirse del guión a ella nadie les ayudó. Pero bueno tienen mas ratos libres, ven TV (no es lo ideal), pasean, leen, se reúnen con amigas y practican juegos de cartas o conversaciones de cuchicheo e incluso casi son dueñas, muchas, de pc’s con los que practican ciertas actividades, algo insólito hace pocos años. Van a clases alternativas, de deporte (puesta en forma), manualidades, artes, etc. Se culturizan. Y ya punto y aparte es la presencia física. Su propensión al acicalamiento, se mantiene un alto nivel de coquetería y presunción, sabe que sigue gustando y aprovecha la baza. Una mujer de este entorno, claro, se dirá, desde mi prisma de casi 59, pero en cualquier caso siguen manteniendo un alto nivel de figura y, además, la gran mayoría, sobre todo del pueblecito llano sin recurrir a ningún tipo de cirugía plástica, ni tácticas antinaturales. Ves unos cuerpos en ciudad y playeros que te sugieren, te incitan, te van diciendo  ¡aquí estoy yo!.
¡Viva esta calidad!. Como mínimo que se mantenga.
 
 
 

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